Dos grandes retos de la unidad

Un acuerdo satisfactorio con el Gobierno, sobre el proceso electoral, abriría entonces la segunda etapa; la electoral. En ella el reto sería conseguir suficiente unidad opositora

La unidad de la oposición tiene en el horizonte dos etapas: la primera es la lucha por obtener elecciones libres y adelantadas. La segunda, lograda una vez esta, es llevar al poder candidatos capaces de construir un nuevo orden democrático. Ambas etapas requieren forjar unidades con agendas y liderazgos distintos.

La primera requiere que los grupos opositores lleguen a un consenso sobre las reformas necesarias para asegurar elecciones genuinas, y que deleguen, en un grupo muy reducido de representantes, la tarea de negociarlas.

Algunas de las reformas, sugeridas por algunos intelectuales y catedráticos, podrían ser: 1. Que las elecciones no sean solo para elegir autoridades ejecutivas sino también legislativas. 2. Que sean a la mayor brevedad posible, período que puede ser estimado por expertos electorales en consideración al tiempo mínimo que requiere implementar las reformas. 3. Que se reforme la Ley Electoral conforme los avances ya realizados por la OEA. 4. Que sean presididas por un nuevo poder electoral con personas honorables e independientes. 5. Que sean totalmente abiertas a la supervisión nacional e internacional, como lo fueron las elecciones de 1990. 6. Que deben ganarse por mayoría absoluta, con segunda vuelta si fuese necesario. 7. Que los diputados sean electos por circunscripción territorial y no por dedo.

Una vez que los liderazgos opositores logren acordar el paquete deseado, más otros temas considerados concomitantes, como la liberación de los presos políticos y la vigencia de los derechos fundamentales, deberán de elegir un mínimo de tres y un máximo de cinco delegados. Estos no tendrían que ser, necesariamente, los líderes políticos de la oposición, sino personas que, por su seriedad y habilidades, sean las consideradas más aptas para negociar las demandas electorales de la oposición. Estos los hay, y experimentados, en la actual Alianza Cívica.

Un acuerdo satisfactorio con el Gobierno, sobre el proceso electoral, abriría entonces la segunda etapa; la electoral. En ella el reto sería conseguir suficiente unidad opositora a fin de constituir una gran alianza —alrededor de un ideario democrático común— de la que surjan sus candidatos a presidente, vicepresidente y diputados. La primera tarea sería, pues, definir su plan de gobierno. La segunda sería elegir a sus representantes en procesos transparentes y abiertos, tipo primarias. Estos tendrían que ser ahora personas de liderazgo y arrastre probado. En el proceso es posible que se desgajen sectores con idearios o candidatos distintos. Es natural y no sería grave, siempre y cuando se logre consolidar un bloque capaz de vencer en las urnas al partido de la dictadura, como lo hizo la UNO (Unidad Nacional Opositora) en 1990. Son retos tremendos que probarán la madurez y patriotismo de la dirigencia opositora.

El autor es sociólogo. Fue ministro de Educación.

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