El gobernante más nefasto

Anastasio Somoza García expropió a los alemanes e italianos, reprimió y mandó a asesinar a enemigos políticos, comenzando por Sandino y sus acompañantes

tinieblas

Daniel Ortega será recordado como el gobernante más nefasto de Nicaragua, en vez de ayudar a construirlo, lo destruyó dos veces; dejando como resultado la desarticulación de la familia, el tejido social y económico, así como la pérdida del capital humano, superando en daños al filibustero William Walker; homologándose a Emiliano Chamorro en la venta de la soberanía; y a los dos Tacho Somoza, el padre y el hijo, en la ambición desmedida por permanecer en el poder a cualquier costo.

Anastasio Somoza García expropió a los alemanes e italianos, reprimió y mandó a asesinar a enemigos políticos, comenzando por Sandino y sus acompañantes; maniobró con el poder a como quiso, aunque por oposición de los gringos, no logró reelegirse en 1947, pero colocó a títeres en su lugar; hasta antes de su reintento de reelección en 1956, Somoza no violó la Constitución, algunos juristas dudan si lo hizo.

Ortega y su actual estructura de poder son señalados de haber cometido crímenes de lesa humanidad. En la década de los ochenta del siglo pasado sometió al país a la guerra civil, expropió a media Nicaragua y pareciera querer hacerlo nuevamente. Ha violado la Constitución Política de Nicaragua y demás normas jurídicas a su gusto y antojo, como no lo ha hecho ningún otro presidente nicaragüense desde 1857. El Estado de derecho es inexistente.

Luis Somoza, el segundo de la tríada familiar en el poder, aunque heredero de una dictadura dinástica, quiso hacer el tránsito hacia la democracia: no se reeligió, formuló leyes que fueron enviadas al Congreso para crear el Instituto Nacional de Seguridad Social, conceder la Autonomía Universitaria, elegir de por vida a los magistrados, hacer del Tribunal Electoral un poder del Estado; hasta donde pudo, trató de impedir que su hermano llegara a la Presidencia.

Ortega recibió un país en democracia y progreso económico; la primera la hizo añicos, construyó con su mujer una dictadura dinástica: concentró los poderes del Estado, quebró el Instituto Nicaragüense de Seguro Social, desbarató la Autonomía Universitaria, municipal y de la Costa Caribe y vamos camino a convertirnos en el país más pobre de América.

Ortega se asemeja a Anastasio Somoza Debayle, en crueldad, pero lo supera en la apropiación de la cooperación internacional, en este caso la venezolana, deuda a la que estaremos condenados a pagar, lo que significará menos salud y educación en un futuro cercano.

En su macabro legado, Ortega será acompañado por Rosario Murillo, juntos han cultivado la idolatría, perseguido a la Iglesia, violentado las creencias, sembrado el odio y el terror. Razones suficientes para que ocupen el lugar más destacado en la noche oscura y trágica de la historia patria. Y no habrá para ellos ni perdón ni olvido.

El autor es sociólogo.

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