Golpe de Estado

Hay, desde luego, otras semejanzas y diferencias. Una importante semejanza, que las oposiciones a las dos tiranías han insistido en protestar pacíficamente

Ortega, Silvio Baéz

En Venezuela como en Nicaragua, hay varios denominadores comunes, además de las dictaduras que enfrentamos. Entre ellos, tanto Ortega como Maduro, atribuyen las protestas que enfrentan a un “intento de golpe de Estado, con injerencia extranjera”.

Hay, desde luego, otras semejanzas y diferencias. Una importante semejanza, que las oposiciones a las dos tiranías han insistido en protestar pacíficamente. Y ambas protestas pacíficas, captadas en fotografías y videos además de pruebas testificales, han echado por los suelos el argumento gubernamental del golpe de Estado.

En Venezuela, la reactivación de la movilización en contra de la dictadura, ha tenido un mensaje adicional: el llamamiento a las fuerzas armadas para que ayuden a lo que sería un gobierno de transición, que haga efectiva la celebración de elecciones genuinamente democráticas. Para Maduro y sus voceros, esos llamamientos son a un golpe de Estado.

El problema no es simplemente gramatical. Es fundamentalmente político, porque la alternativa a la rebelión o protesta pacífica frente a la tiranía es la lucha armada y, lo que sería bastante peor, una intervención extranjera.

Hasta ahora, los llamamientos a las fuerzas armadas de Venezuela no han dado resultados por diversos factores, desde la presencia cubana en los servicios de inteligencia hasta los vínculos con el narcotráfico, pasando por una ideologización política que se contrapone con el profesionalismo y la institucionalidad. La próxima prueba de las fuerzas armadas —aunque allá, como aquí, debe distinguirse entre la policía y las fuerzas paramilitares, del ejército propiamente tal— serán los intentos de ingreso de la ayuda humanitaria. Lo fundamental, allá como aquí, es que se mantenga la lucha cívica y no lleguemos, como en el caso de Venezuela, a una situación económica catastrófica.

En Radio Corporación comenté y publiqué en LA PRENSA, hace dos semanas, un artículo sobre cómo evitar la degradación económica de Venezuela. Decía entonces que “el régimen dictatorial, en vez de ceder para iniciar la solución de la crisis política que está detrás del declive de la actividad económica, nos expone a las sanciones internacionales que están precipitando el desenlace de Venezuela…”.

Esta semana se conoció que la Secretaría General de la OEA había enviado una misión que, entre otras señales en la misma dirección, indicaría que podrían reiniciarse negociaciones para una solución pacífica de la crisis política. Que sea en serio esa disposición de Ortega, dependerá que todos los actores con incidencia en su voluntad actúen en consecuencia.

Hace algunos años en Venezuela se estableció un diálogo que Maduro ocupó para ganar tiempo, y ahora su país está peor. Ojalá no ocurra lo mismo en Nicaragua.

El autor fue candidato a la Presidencia de Nicaragua.

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