El urgente consenso

¿Qué nos queda? Más presión para el Diálogo Nacional y la unidad opositora. Son las únicas salidas, por ahora.

Circula, en pantallas de teléfonos, una encuesta “de dedo” que alguien escribió con nombres como los designados para formar una junta de transición que gobierne transitoriamente el país. Tal iniciativa lesiona el orden de las necesidades nacionales y de inmediato circulé que tal survey es prematuro, porque creo en la prioridad en un consenso de presiones conjuntas para obtener que Ortega ceda y participe en un Diálogo Nacional con tres temas únicos de agenda opositora: casa por cárcel para presos políticos, reformas electorales y elecciones anticipadas.

La dictadura —en la avalancha de su incontenible fracaso—, no puede evitar su proceso de desgaste integral iniciado desde mayo pasado y no encontrará ninguna fórmula financiera que solucione este caos, si antes no resuelve el problema político. La oposición no puede perder más tiempo; debe encontrar un común mecanismo que lleve al consenso sobre la agenda del diálogo. La dictadura le teme a la unidad de sus enemigos, pues existe el antecedente de la UNO en 1990. Por eso es imperativo esta unidad, y que no seamos nosotros quienes la llevemos al fracaso.

Enseña el estratega chino Sun Tzu, en su libro El Arte de la Guerra que el enemigo tiembla ante la unidad de sus enemigos; que conspirará para evitarlo; que la guerra se gana con el engaño o la mentira y que la mejor guerra es la que no existe.

Desde hace meses debió existir la cohesión opositora. Porque hay grupos y grupos, movimientos y movimientos de opositores que se reúnen semanalmente en restaurantes, oficinas y hoteles para organizarse; lamentablemente en algunos persiste el protagonismo, la vanidad, el codazo, el vos sí, el aquel no, la exclusión, la prematura ambición presidencial.

Me enteré recientemente de un caballero que con la autorización de nadie llama por teléfono a opositores y les indica que es su favorito para ser actor en una junta de transición. Y también que la telefónica encuesta fue hecha en una conversación de interesados en el protagonismo de sus aliados. Procediendo así, es posible que lleguemos al próximo Abril sin que en la oposición hayamos encontrado ese mecanismo para lograr la cohesión; entretanto, la dictadura avanza en el pantano de su agonía, y nuestro pueblo en la zozobra del día siguiente. El país no soporta más este caos.
Uno de los objetivos de la dictadura al imponer más impuestos es enemistar al pueblo con el comercio. Al gravar bienes de la canasta básica, serán los productores quienes deban iniciar esa inevitable carrera alcista de precios, que finaliza en las mesas de alimentos del pueblo. Con estos impuestos la dictadura conseguiría los diez mil millones de córdobas y cubriría su déficit anual. Una jugada de búmeran.

¿Qué nos queda? Más presión para el Diálogo Nacional y la unidad opositora. Son las únicas salidas, por ahora.

El autor es abogado y notario.