Diez meses

Creo que El Carmen sabe que su situación es insostenible políticamente, sobre todo por la situación de Maduro en Venezuela y la concertada presión internacional

Han pasado diez meses desde el estallido del levantamiento cívico y pacífico que ha sacudido a Nicaragua a raíz del rechazo popular a las mal llamadas reformas al Seguro Social. Las pérdidas humanas durante estos 300 días han sido enormes, sobre todo en relación con nuestra población. Por ejemplo, el número de nuestros muertos ha superado los fallecidos en la crisis venezolana. Por otro lado, los daños económicos también han sido inmensos. La contracción de nuestra economía en 2018 fue del orden del cinco por ciento. Y todo apunta a una contracción dos veces mayor en 2019.

De cara a esta situación, el Gobierno ha aceptado retomar el diálogo. Varios factores influenciaron esta decisión. Nuestra situación económica ha entrado en una fase crítica. Síntomas de su profundidad son un presupuesto de la república desfinanciado, la imposibilidad de cubrir el déficit emitiendo bonos por el colapso de confianza en el país, reservas internacionales que se están agotando y un sector financiero fuertemente debilitado. Se comprendió que si no se actuaba de inmediato para enderezar el rumbo económico, Nicaragua se desplomaría económicamente con consecuencias catastróficas y duraderas.

Por otro lado, creo que El Carmen sabe que su situación es insostenible políticamente, sobre todo por la situación de Maduro en Venezuela y la concertada presión internacional. Estas han puesto en duda su capacidad de “jinetear” a la actual situación.

Hay algunas voces que están condenando este nuevo diálogo. Dicen que El Carmen está jugando a ganar tiempo o que la negociación fracasará porque el Gobierno está aferrado a mantener el status quo al rechazar adelantar las elecciones y la liberación inmediata de los prisioneros de conciencia. ¿Existe este riesgo? Por supuesto que sí. Pero les ofrezco una lectura más positiva de lo que está ocurriendo. Para mí El Carmen podría estar “marcando su territorio”, estableciendo su posición de entrada, en lo que será una negociación en donde ninguno de los dos bandos logrará todo a lo que aspira. El desafío que enfrentarán los demócratas es capitalizar la actual situación y lograr justicia para los muertos, heridos, refugiados y encarcelados, y devolver Nicaragua al camino de la recuperación económica y de una democracia representativa con respeto a los derechos humanos, el estado de derecho y libertad de prensa.

Lograr estos objetivos requerirá de pragmatismo, realismo y visión de nación. Pero los negociadores no estarán solos. Cuentan con el apoyo de una formidable coalición que incluye la OEA, la Iglesia, los Estados Unidos y la Santa Sede. Gracias a esta correlación de fuerza, por primera vez en 300 días hay humo en el panorama nicaragüense.

Reconozco que es gris y no blanco. Pero al  menos ya no es negro. Por eso lo responsable es aprovechar esta oportunidad, no desperdiciarla. “Carpe diem” a como escribió Horacio, el poeta romano, hace dos mil años.

El autor fue canciller de Nicaragua.

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