Sapoá 1988: lecciones de una negociación

Sapoá 1988: lecciones de una negociación

En marzo de 1988 sandinistas y contras se sentaron frente a frente para buscar un acuerdo de paz en tres días tensos. ¿Cómo se jugaron las fichas? ¿Quién ganó y quién perdió? Reconstruimos con sus protagonistas las interioridades de esta negociación.

24/02/2019

23 de marzo de 1988, firma de los acuerdos de Sapoá, Firma el representante de la Contra Aristídes Sánchez, bajo la mirada de los testigos cardenal Miguel Obando y Bravo y Joao Baena Soares, secretario general de la OEA. La Prensa/Archivo

En marzo de 1988 el entonces Ejército Popular Sandinista ejecutó una de sus mayores y audaces ofensivas militares. Con apoyo de artillería y unos 13 helicópteros rusos MI-17 y MI-8, unos tres mil soldados entraron 18 kilómetros en territorio hondureño para atacar las bases contrarrevolucionarias establecidas ahí. La llamada “Operación Danto 88” comenzó el 3 de marzo y terminó el 20 de ese mismo mes, cuando aviones caza F5 entraron en defensa de la frontera de Honduras y Estados Unidos amenazó con enviar su temida 82 División aerotransportada al terreno.

Al día siguiente, el 21 de marzo, llegaron a Sapoá, poblado fronterizo con Costa Rica, por un lado, los altos jefes militares sandinistas en bulliciosa caravana y, por el otro, desde el país del sur militares y políticos de la Contra para hablar de paz.

“Ya acordado Sapoá, se da el esfuerzo militar más grande que hicimos, que fue meterse a Honduras con la Operación Danto para golpear fuertemente a la Contra, pero más que nada para llegar a sentarnos a Sapoá con una victoria en la mano”, explica el general en retiro Joaquín Cuadra, quien como jefe del estado mayor del ejército sandinista dirigió la operación desde un puesto de mando instalado cerca de la frontera hondureña. “No había tregua. Todavía nos estábamos dando madre. Era dar el último golpe, precisamente porque una vez que te sentés lo primero que se discute es el alto al fuego”.

General en retiro Joaquín Cuadra.

NEGOCIACIONES

Los acuerdos de Sapoá fueron el punto culminante de un largo proceso de negociación, que comenzó primero con iniciativas internacionales, como Contadora, Manzanillo y Esquipulas I y II entre otras, y luego con pláticas entre delegados contras y sandinistas fuera del país. Según Jaime Morales Carazo —uno de los negociadores contra—, para llegar al Acuerdo de Esquipulas II (agosto 1987), punto de partida del proceso de paz, se dieron 131 reuniones previas con la participación de más de 14 países”. Sapoá solo fue el remate. “Cuando hay un proceso previo de negociación, ya en la negociación final solo llegás a rematar, al penalti”, dice.

La posibilidad de que la paz llegara a través de una negociación, y no por el triunfo militar de una de las partes, comenzó a visualizarse en 1987 cuando tanto Estados Unidos como la Unión Soviética comenzaron a desmarcarse de sus apadrinados, la Contra y el gobierno sandinista, respectivamente.

“La Dirección Nacional (del Frente Sandinista) toma conciencia que hay que buscar una salida. Que por la vía militar no hay salida. Reagan toma conciencia que no es tan fácil derrotar la revolución. Le cuesta conseguir dinero del Congreso”, dice Víctor Hugo Tinoco, entonces vicecanciller del gobierno sandinista y parte de los negociadores. “Ya los rusos decían que se buscara una salida, y el tercer gran factor es que los países centroamericanos ya están cansados también”.

El general Cuadra coincide con Tinoco. El elemento “iniciador de la reflexión de la necesidad de negociar”, dice, fue ese cambio que se estaba dando en el mundo. “Estábamos claro que la Unión Soviética ya incluso había hablado con los gringos. Ya nos habían vendido, ya nos habían negociado. La venida de funcionarios, como Eduard Shevardnadze (canciller soviético), a comunicarnos que habíamos entrado en un arreglo mayor y éramos parte de eso, y que entendiéramos que las cosas estaban cambiando. Vamos a negociar. No había Sapoá todavía en el horizonte”.

Jaime Morales Carazo.

Jaime Morales Carazo, por su parte, se dio cuenta de que estaban desamparados en una reunión con agentes de la CIA en Miami en septiembre de 1987.

—¿Qué podemos esperar de nuestros aliados? —preguntó Morales Carazo al final de la reunión.
—Están abandonados a su suerte.

“Fue una respuesta fría y cruel. Ese mensaje era la espuela para buscar cómo entendernos”, dice.


Lea: La paz se alcanzó en Sapoá 


*Los acuerdos de Sapoá

Delegados del gobierno sandinista y la Contra, en las pláticas de Sapoá.

Los Acuerdos de Sapoá fueron firmados el 23 de marzo de 1988 con la presencia de los testigos el cardenal Miguel Obando y Bravo y el secretario general de la OEA, Joao Clemente Baena Soares. Los acuerdos principales eran los siguientes:

  • Cesar las operaciones militares ofensivas por un período de 60 días a partir del 1 de abril con vistas a un cese del fuego definitivo.
  • Establecer zonas de enclaves para los contras.
  • Amnistía General para los presos políticos, incluyendo guardias del ejército de Somoza
    Gestión de ayuda humanitaria para los contras.
  • Libertad de expresión irrestricta.
  • Diálogo Nacional. En el Diálogo Nacional se abordaría, entre otros temas, el Servicio Militar.
    Regreso de los exiliados políticos.
  • Iglesia y OEA establecerían una comisión verificadora para el cumplimiento de los acordado.

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RECELOS Y DESCONFIANZAS

No era tan fácil. La retórica sandinista había acuñado frases como aquella de Tomás Borge de que “primero se caen las estrellas del cielo antes que conversar con la Contra”; establecía que la conversación debía ser “con los dueños del circo” (EE. UU.) y no “con los payasos” (contras) e insistía en descalificar a los contras como “mercenarios” y “bestias”.

“Nosotros no les quitábamos nunca el calificativo de mercenarios”, dice Víctor Hugo Tinoco, aunque acepta que los propios acuerdos de Esquipulas implicaban el reconocimiento de fuerza beligerante para la Contra, al margen de lo que ellos pensaran.

En primer encuentro entre sandinistas y contras fue fallido por esas razones. Sucedió en diciembre de 1987 en Santo Domingo, República Dominicana. Los sandinistas no quisieron reunirse en ningún país centroamericano, y puestos en Santo Domingo, para no sentarse con los contras, delegaron en asesores extranjeros su representación. Los contras no aceptaron.

“El mandato que había era que entre nicaragüenses buscáramos una solución”, dice Luis Fley, comandante Johnson, uno de los jefes contras de la comisión negociadora. “El Frente Sandinista siempre rehuyó las pláticas con la Contra. No quisieron reunirse con la Contra en Centroamérica y el presidente Joaquín Balaguer ofreció su territorio y las condiciones para que se dieran las pláticas en el país. Los sandinistas siempre andaban buscando subterfugios para no llegar al fondo del asunto”.

Por fin se verían las caras funcionarios sandinistas con delegados contras, en enero del 88 en San José Costa Rica, y luego en febrero en Guatemala, para llegar a Sapoá, Nicaragua, en marzo de 1988. Por primera vez militares sandinistas como los generales Humberto Ortega, jefe del Ejército; Joaquín Cuadra y Javier Carrión se verían frente a frente con comandantes contras como Walter Calderón (Toño), Diógenes Hernández (Fernando), Luis Fley (Johnson) y Luis Moreno (Mike Lima), entre otros.


Lea: Treinta años de la operación Danto 88


*Danto 88

Lunes 14 de marzo de 1988. Tropas del Ejército Popular Sandinista (EPS) son helitransportadas en el playón de Río Coco durante la etapa final del operativo militar Danto 88. FOTO/ Oscar Navarrete

  • La operación militar Danto 88 fue la mayor ofensiva que ejecutó el Ejército Popular Sandinista en los años 80, en medio de la guerra que sostenía con la Contrarrevolución.
  • Se ejecutó del 3 al 20 de marzo de 1988 y tenía como principal propósito golpear a la Contra con vistas a llegar con una correlación de fuerzas más ventajosa a las próximas negociaciones de Sapoá. “Al principio, la negociación la hacíamos para apoyar la guerra, después la guerra la hacíamos para apoyar militarmente la negociación”, dice el general Joaquín Cuadra.
  • Para Luis Fley, uno de los jefes contras, Danto 88 fue “una operación publicitaria porque ellos (los sandinistas) querían presionar e internacionalizar el problema con Honduras. Lo que pasó es que Honduras no mordió el anzuelo y dejó que los contras sacaran a los sandinistas del territorio. No había gente en Honduras, solo estaban los lisiados, las mujeres, la seguridad del comando estratégico. Toda la gente estaba en Nicaragua”.
  • El lugar de la batalla fue unos 150 kilómetros cuadrados, entre Bonanza, Nicaragua y Honduras. Las tropas sandinistas entraron 18 kilómetros en territorio hondureño en busca de las bases militares de la Contra.
  • Por parte de los sandinistas participaron unos tres mil soldados y por la Contra entre 1,500 y 1,800.
    El Centro de Historia Militar del Ejército de Nicaragua registra que en esta operación murieron 92 contras y 36 soldados sandinistas. Los contras registraron entre 250 y 300 heridos y los sandinistas 140.

Además: Danto 88, la batalla final


GOLPES DE IMAGEN

La mañana del 21 de marzo de 1988 una extraña caravana recorrió los barrios de Managua y luego enrumbó por Carretera a Masaya hacia Sapoá. En los barrios y poblados se había dispuesto a simpatizantes sandinistas que saludaban y vitoreaban a su paso. En un jeep estilo “renegado” sin capota, iba el general Joaquín Cuadra, manejando, con el general Humberto Ortega a su lado, y atrás Lenín Cerna, jefe de la Seguridad del Estado.

“Nosotros fuimos en una marcha. ¡Ahí están las fotos! Nos parábamos y saludábamos. Como simbolizando la marcha de la victoria. Y llegás victorioso. Los otros llegaron metidos en un microbús de Costa Rica. Todo lo calculábamos políticamente. Además para moralizar a la gente, a todo el sandinismo, que vean esto como triunfo, la ganamos, ahí solo vamos a traerla”, dice Cuadra.
En la negociación los gestos son importantes.

El propósito principal del gobierno sandinista es que la Contra entregara las armas. La guerra era insostenible.

Luis Fley “comandante Johnson”, uno de los principales líderes de la Contrarrevolución en los años ochenta. FOTO/ Oscar Navarrete

Luis Fley analiza: “(Los sandinistas) tenían que la economía se había caído y ya no tenían muchos reclutas para llevarlos de carne de cañón, y necesitaban buscar una salida. La salida fue muy hábil: adelantar las elecciones, que fueran incuestionables. Lo que pasa es que no sabían los sentimientos de los nicaragüenses. Les pasaron la cuenta”.

“Con Danto (88) hicimos un esfuerzo enorme de reagrupar las fuerzas”, reconoce el general Cuadra. “Metías un batallón y tenías menos de la mitad de la tropa. Entonces agarramos los ripios, todo lo que teníamos, como un último esfuerzo, como un boxeador en el último round, metimos todo, todo, todo. Logramos hacer una agrupación bastante numerosa, como 2 mil combatientes con aviación. Hasta los marineros se bajaron de los botecitos para ir a combatir. No hubiéramos podido hacer un segundo Danto. Estaba agotado el reclutamiento, la economía hecha paste, en ruinas. Estábamos a punto de ser unos esqueletos con un AK en las manos”.

DESARME

El desarme de la Contra siempre entraba de una y otra manera en la agenda por insistencia de los sandinistas. Cedían en ampliar los santuarios donde se concentraban los contras, cedían en liberación de prisioneros políticos, pero insistían: ¿Y el desarme, cuándo? “En el momento en que estos acepten ¡va de viaje!”, dice Cuadra que pensaban.

Por su parte, la estrategia de la Contra, según Fley, “era cambiar las armas por elecciones libres, la libertad de los prisioneros y la libertad de prensa. Condición antes de sentarnos: libertad de todos los presos políticos”.

“Pareciera que la historia de hace 30 años ha regresado”, se dice a sí mismo. “Las exigencias que ahora tiene el pueblo nicaragüense son las mismas que nosotros exigíamos con un fusil en los años ochenta”.

Soldados de la Contrarrevolución.


Lea: Contras: “SMP fue carne de cañón”


*Comisión de la verdad

Una de las primeras demandas que llevaban los contras fue que se estableciera una Comisión de la Verdad para investigar los crímenes durante los años de guerra, según el general Joaquín Cuadra, uno de los negociadores sandinistas de Sapoá 88.

—¿Ustedes saben lo que es una comisión de la verdad? —dice Cuadra que le preguntó a militares contras una vez lograron separarlos de los políticos.

—Claro. Una comisión que determine todos los asesinatos.
—¿Pero los asesinatos de quién?
—Los de ustedes.
—No, los de todos —respondió Cuadra—. Eso quiere decir que van a ir a ver la operación que en el mes tal y la ofensiva que hicieron ustedes en el pueblo tal, donde hubo tantos milicianos muertos y esos se los van a echar a ustedes. Yo les propongo que no hay Comisión de la Verdad. Entierren y lloren a sus muertos y nosotros a los nuestros y veamos para adelante. Si no aquí nosotros somos los que vamos a terminar presos en el banquillo de los acusados y no los que están en el otro cuarto. Esos nunca van a terminar presos, son políticos, hombre. Los que nos matamos fuimos nosotros.

—Tenés razón.

“Al día siguiente los contras militares llegaron con que no había Comisión de la Verdad”, dice Cuadra.


Además: Óscar Arias y el reto pendiente de Esquipulas II


DIVIDE Y VENCERÁS

Una de las tácticas sandinistas en esas negociaciones fue dividir a los contras.
Cada cierto tiempo, las comisiones negociadoras se salían del salón y los participantes discutían entre ellos en salones privados. Sin embargo, los sandinistas habían colocado micrófonos escondidos en los salones y así se enteraban de las diferencias de opinión que había entre los contras, tal como lo reconoce el general Cuadra.

“Nosotros a cada rato salíamos a reunirnos. Y donde se reunían ellos nosotros teníamos micrófonos. Sabíamos lo que estaban hablando”, dice Cuadra. “Rápidamente nos dimos cuenta de que no había una cohesión entre el directorio político: el jefe Adolfo Calero Portocarrero, Alfredo César, Fernando Agüero, Roberto Urroz… ¡Qué jodía este Urroz! Yo avanzaba con los (contras) militares y en un día me deshacía una semana de trabajo. Y por otro lado estaban todos los mandos militares. ¡Ni se conocían! Supimos que ahí es donde debíamos meternos”.

Un ejemplo de esta táctica fue la forma en que botaron la pretensión contra de establecer una “Comisión de la Verdad”. Según Cuadra, una vez conocidas las diferencias, se propuso hacer reuniones entre militares sandinistas y militares contras, y por otro lado los políticos. Separarlos. A los militares contras se les convenció de que una Comisión de la Verdad también los investigaría a ellos y así, una vez de regreso al salón, los militares contras apoyaron el rechazo sandinista a una Comisión de la Verdad, relata Cuadra.

Jaime Morales Carazo recuerda que los sandinistas querían que se fueran aprobando paso a paso las cosas. “No, les dije, aquí se discute todo paso a paso, pero se aprueba todo el final”.
Ya sea por la estrategia sandinista o por las diferencias profundas que venían desde la montaña, Sapoá representó un divorcio total entre los militares contras y el directorio político. Nunca más volvieron a trabajar juntos.

“Lo que nos golpeó a nosotros de los Acuerdos de Sapoá fue que en el primer encuentro la delegación de la Contra acordó renunciar a la ayuda militar. Ese fue un golpe grande. La delegación no debió haber firmado esa renuncia”, lamenta Fley. “Teníamos 11 millones de dólares en municiones en Honduras para ser usadas. No se hizo consulta. Se debió haber pedido reciprocidad”.

Morales Carazo dice que todos los jefes contras estuvieron de acuerdo en todo lo que firmaron. Pero luego, “para parecer bravucones” le echaron la responsabilidad a los políticos. “Quisieron inculpar a chivos expiatorios, otros que se querían hacer los muy machitos y valientes, pero todos estuvieron de acuerdo. Después vinieron las bravuconadas: ‘que nos vendieron, nos entregaron’”.

Según Morales Carazo, años más tarde supo que incluso habría existido una orden del alto mando militar contra de matarlo a él por los resultados de esas negociaciones.


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*El Danto 88 de Daniel Ortega

Los presos políticos son “fichas” que Ortega puede negociar.

Para el general en retiro Joaquín Cuadra, los presos políticos actuales, las penas carcelarias exageradas, la reforma fiscal y otras acciones, son “el Danto 88” de Daniel Ortega con vistas a llegar a una negociación.

“Lo que está haciendo Ortega es echando fichas en su mochila que va a negociar. A él le vale pito los presos políticos, sacarlos de un día para otro, no tiene ningún problema, pero es una concesión que da. Puede aprobar las reformas fiscales sabiendo las consecuencias que va a tener en el país, pero igual va a decir: cambiémosla. Otra concesión. Él se está llenando de concesiones que dar para cuando llegue la negociación no comprometer el corazón de lo que él quiere, sino poner antes un montón de cosas que puede ceder. Daniel Ortega está en una operación Danto, sabiendo que va a negociar”, dice Cuadra.


Además: Presos políticos, un grito desde la cárcel


¿QUIÉN GANÓ? ¿QUIÉN PERDIÓ?

Luis Fley considera que Sapoá fue un empate para sandinistas y contras. Ambos perdieron y ambos ganaron. “El que salió ganando fue el pueblo nicaragüense porque fue a votar en unas elecciones libres que si no ha sido por la Contra no se hubiesen dado. En el campo militar para nosotros se nos terminó el argumento. Con elecciones libres, justas, no teníamos argumentos para seguir armados. ¿Contra quién ibas a pelear? ¿Contra el gobierno de doña Violeta?”

Joaquín Cuadra es rotundo: “Ganamos nosotros porque logramos que ellos se desarmaran y quedarnos nosotros como el ejército legítimo de la República”, dice. “La posibilidad de que la Contra se volviera partido político y llegara al poder nunca se dio. La Contra fue la gran perdedora. Por eso es que aparecen los rearmados. Por esa frustración. Imaginate: seis meses antes llegaste como jefe de tarea, súper equipado, abastecido de noche por un avión que les dejaba caer la comida y las municiones, etc. Y eras el dueño de ese territorio. Termina la guerra y llegás vos de nuevo con unas botas de hule, una muda y machete. ¿Para qué peleé? Algunos cuantos chiquitos agarraron una finca, pero la gran mayoría naaaada”.

Acepta, sin embargo, que el desarme se produjo hasta después de las elecciones y no antes como pretendían ellos. Y atribuye eso a la imposibilidad que tenían de imponer esa condición, a pesar que estaba establecida en los acuerdos de Esquipulas. “Si no tenés condiciones para imponer una condición, te la tenés que tragar”, dice.

Víctor Hugo Tinoco cree que Nicaragua ganó y perdió el Frente Sandinista. “Desde el punto de vista del interés de Nicaragua no tengo duda de que sí sirvió. Fue sumamente útil, fue el camino para ponerle fin a la guerra e iniciar una nueva etapa en Nicaragua. Desde el punto de vista del Frente Sandinista fue pérdida, sin duda, porque decidimos acelerar nosotros el proceso aunque no se cumpliera la simultaneidad que establecía Esquipulas, y se decidió adelantar las elecciones pensando que íbamos a ganar. Si se hubiera pensado que se iba a perder no veo forma que se hubieran adelantado las elecciones”.

El general Joaquín Cuadra informando a los periodistas durante las reuniones de Sapoá. Lo acompanan el general Javier Carrión (a la izquierda) y Víctor Hugo Tinoco, vicecanciller, (a la derecha). Abajo, Víctor Hugo Tinoco en la actualidad. La Prensa/Archivo.

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