Intervenciones liberadoras

Una intervención militar viola la soberanía de una nación cuando le impone una voluntad contraria a la voluntad y derechos de sus habitantes

No puede condenarse todo tipo de intervención. La izquierda marxista no lo hace. Si bien hoy denuncia las acciones contra Maduro como violatorias del sagrado principio de la soberanía, y como muestras de un injerencismo intolerable, ella nunca ha tenido reparos en practicar acciones similares cuando así lo dicta su ideología.

Bajo el principio del “internacionalismo proletario”, exaltado primero por Lenin, los comunistas latinoamericanos han considerado una exigencia de la solidaridad revolucionaria apoyar los movimientos de “liberación” que luchan contra los gobiernos derechistas o contrarios. Decía al respecto el Che Guevara —quien pereció entrometido en los asuntos internos de Bolivia— que “no hay fronteras en esta lucha a muerte, no podemos permanecer indiferentes frente a lo que ocurre en cualquier parte del mundo…” Así la Cuba de Castro intervino militarmente en Argelia, El Congo, Namibia, Etiopía y Siria. También armó guerrillas en Bolivia, Perú, Argentina y Nicaragua y hoy tiene, posiblemente, cuarenta mil militares en Venezuela. El gobierno sandinista, por su parte, facilitó en los ochenta armas y recursos a granel a la guerrilla salvadoreña.

Ahora se rasgan las vestiduras cuando las tímidas democracias tratan de no permanecer indiferentes ante el sufrimiento del pueblo venezolano en manos de un cártel de mafiosos disfrazados de revolucionarios. Reclaman el respeto a la soberanía desconociendo —cuando les conviene— que los soberanos son los pueblos y no los gobiernos. Ningún gobernante —llámese rey, presidente o primer ministro— que haya contrariado o violado la voluntad popular puede hablar como legítimo representante de su nación. De hecho, es un usurpador, porque ha pretendido despojar al pueblo de su poder soberano para usarlo en beneficio propio o de su camarilla.

Una intervención militar viola la soberanía de una nación cuando le impone una voluntad contraria a la voluntad y derechos de sus habitantes. Pero no si lo hace para devolverles su independencia y su poder soberano. Cuando las tropas aliadas invadieron Francia, durante la Segunda Guerra Mundial, no estaban violando la soberanía de este país sino devolviéndosela. Igual; una intervención en Venezuela, que devuelva a sus habitantes el derecho a elegir sus gobernantes, y a vivir en libertad, sin miedo y sin hambre, habrá que calificarla como una intervención liberadora; como un acto humanitario, solidario y noble.

Ojalá la experiencia de Venezuela saque a las democracias de su ancestral timidez y provoque una reivindicación del internacionalismo democrático; como hizo el expresidente costarricense Pepe Figueres, en 1947, al crear la “Legión del Caribe” para luchar contra las dictaduras de la región. Es tiempo que soplen nuevos aires de liberación; que un vendaval de libertad arrase con los tiranos.

El autor es sociólogo. Fue ministro de Educación.