Desprecian en Monimbó los “elogios” de Rosario Murillo

Para el sacerdote Edwin Román, que Rosario Murillo, invocara a los "espíritus grandes" de Monimbó, es una burla y ofensa para el pueblo que ha sufrido una masacre.

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Un grupo de antimotines quitó la bandera de Nicaragua en la placita Pedro Joaquín CHamorro y colocó la del FSLN en señal de dominio en Monimbó. LA PRENSA/ Cortesía.

La invocación a los “espíritus grandes” de Monimbó realizada por la vicepresidenta designada, Rosario Murillo, para que estos acompañaran el inicio del Diálogo Nacional, ha sido considerada “una ofensa” y “ una burla” por parte del sacerdote Edwin Román.

Murillo se refirió al tema el martes 26 de febrero, un día antes del segundo intento de diálogo. El primero fue suspendido en junio de 2018.

“Nuestros corazones, hermanados con las familias de esa gran comunidad indígena, originaria, recuerda a sus caídos e invoca a esos espíritus grandes a acompañar desde el cielo todos los esfuerzos que hacemos los nicaragüenses de buena voluntad, para que las conversaciones y encuentros que iniciamos mañana (el miércoles 27 de febrero) se desarrollen pensando en el bien de todos”, dijo Murillo.

No obstante, en su alocución, evadió la masacre que vivió ese barrio de Masaya, una de las más reprimidas por fuerzas policiales y paramilitares orteguistas.

El rechazo del pueblo de Masaya contra el binomio Ortega-Murillo se demostró en el hecho que estos tuvieran que someterse a realizar el acto del Repliegue en el interior de la estación policial de Masaya, bajo un resguardo de cientos de agentes de la Policía Orteguista con armamento de guerra.

Contrario a la ovación que recibían Ortega y Murillo, para la ocasión del Repliegue 2018 solo obtuvieron rechazo. Las barricadas se mantuvieron firmes y la convicción de la población para no dejarlo entrar a la Plaza de Monimbó, donde tradicionalmente se celebraba dicho acto, se mantuvo hasta el final.

Sin embargo, las trincheras cayeron el 17 de julio, cuando los paramilitares barrieron con la ciudad e hicieron correr la sangre del pueblo. Se estima que unas 36 personas se convirtieron en víctimas fatales de la represión.

El padre Román considera que Murillo practica su propia religión y que se tiene entendido que es una persona esotérica.

Con él coincide el padre César Augusto Gutiérrez, en el exilio. Aseguró que la expresión de Murillo es una falta de respeto a la memoria de los caídos en Monimbó.

“Con la masacre del año pasado y el asedio y persecución contra los monimboseños esto es casi una burla. Es algo sabido que los brujos, las brujas, recurren a la invocación de tener los muertos para, según ellos, tener poder sobre su destino”, aseguró.

Aunque la represión y el control por parte de la Policía Orteguista (PO) se mantiene en todo Masaya, en especial en la placita de Monimbó, el padre Román considera que Monimbó es un pueblo heroico y valiente, que sigue de pie y no está vencido.

No obstante, el régimen Ortega-Murillo ha hecho de todo para demostrar que en Masaya todo volvió a la normalidad. Una de las acciones que ha generado mayor crítica de los nicaragüenses es que la misma Alcaldía organizara su propia procesión de San Jerónimo, el patrón de Masaya, ante la decisión de la Iglesia de no desarrollar festividades en el 2018.

Masaya bajo la bota de la Policía Orteguista

Además de Managua, Masaya es una de las ciudades que vive bajo el asedio de la Policía Orteguista (PO). Todos los días, agentes de la PO patrullan las calles de la ciudad mostrando sus armas. También en el sector del Mercado de Artesanías, es notable la presencia de algún oficial.

Desde el 17 de julio, la PO junto con paramilitares se apoderaron a fuerza de plomo de la ciudad, que le plantó cara al régimen de Daniel Ortega y Rosario Murillo. Esta ciudad estableció murallas en su alrededor, con el objetivo de resguardarse de los diferentes ataques de las fuerzas policiales. Aunque el propósito original era frenar la ola de saqueos que acababa con el comercio en la zona central de la Capital del Folclor.

Por su parte, la población de Masaya aseguraba que quitaría sus barricadas hasta que Ortega dejara el poder; sin embargo, los planes de la dictadura eran otros: retomar el control de la ciudad a costo de dolor y sangre.

El último ataque aún retumba en la mente de la población que fue víctima de la violencia. Inició alrededor de las 6:00 de la mañana, cuando grupos de encapuchados empezaron a sitiar la ciudad desde diferentes puntos, mientras las campanas de la iglesia empezaron a sonar, ya que se había convertido en una señal de alerta, ante una posible embestida.

Lea además:  Protestas ciudadanas contra el Gobierno en Monimbó, Masaya

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