Sin libertad de prensa no hay libertad

Este activismo cibernético del gobierno de Ortega es complemento de un sistema bélico de baja intensidad que se esmera en activar el odio entre sectores

Normalmente el primero de marzo nos convocamos para celebrar a los periodistas y revalorizar nuestro derecho a la Libertad de Expresión. Este año no podemos hablar de celebraciones. Nos reunimos con tres propósitos, partiendo del principio que sin “libertad de prensa, no hay libertad”.

Primero, seguir reclamando la libertad de todos los presos políticos. Ellos fueron arrestados por ejercer su derecho a expresarse libremente. Reclamamos también la devolución de los medios y oenegés confiscados, plenas garantías para el regreso de nuestros colegas exiliados y la liberación de materia prima al Diario LA PRENSA y El Nuevo Diario.

Segundo, nos reunimos para agradecer el trabajo de los periodistas que no han claudicado y que con su valentía y creatividad honran nuestro derecho a saber. Agradecemos su tenacidad en el ejercicio del periodismo desde el destierro y desde la asfixia económica que les ha decretado Ortega y Murillo.

En honor a todos ellos nuestro tercer propósito es reflexionar sobre la desinformación en la era digital y su impacto en la Libertad de Expresión. Se trata de tener claro las dos caras de las redes sociales evidenciadas en Nicaragua a partir de abril 2018. Por un lado denunciar el potencial de control con que las ha utilizado la dictadura y por otro tener conciencia de su potencial liberador, como ha sido el uso ciudadano de las redes sociales.

El mejor ejemplo de esto último es lo que dijo el GIEI. Su exhaustivo informe sobre las atrocidades y delitos de lesa humanidad cometidos por Ortega y Murillo, no hubiese sido posible sin 227,000 cuentas que emitieron tres millones de mensajes sobre la situación de Nicaragua, compartidas 7.3 millones de veces.

Sin embargo, el lado oscuro de las redes también se instaló con una descarada maquinaria gubernamental para promover noticias falsas. La más grande de estas es que la protesta cívica por las reformas a la seguridad social y la matanza de estudiantes por el gobierno, fue un golpe de Estado orquestado por los periodistas independientes y oenegés con financiamiento de Estados Unidos.

Lo grave es que el gobierno manipuló la verdad a niveles de criminalizar el ejercicio del periodismo, fabricar delitos penales contra Miguel Mora y Lucía Pineda, manteniendo en riesgo la integridad física de periodistas forzados a exiliarse , entre ellos Café con Voz, IV Poder, Canal 10 y 12, Radio Darío, mi hermano Carlos Fernando y más, quienes esperamos vuelvan pronto.

Este activismo cibernético del gobierno de Ortega es complemento de un sistema bélico de baja intensidad que se esmera en activar el odio entre sectores, sembrar desconfianza de unos contra otros, confundir al público entre la mentira y la verdad. En mantener una guerra de mensajes en la que siempre lleva ventaja quien no tiene controles éticos, democráticos, ni límites jurídicos a su poder.

Desde la Fundación Violeta Chamorro proponemos no dejar que la mentira se imponga y usar las redes buscando su potencial liberador. Según estudios, las “fake news” se abren paso porque “una parte del público quiere creer en ellas y las consume, aunque sospechen de su falsedad. Lo hacen porque desean ver que en la conciencia colectiva se confirme y propague sus propias ideologías o prejuicios”.

En otras palabras, nosotros tenemos la libertad de escoger la mentira o buscar la verdad ante tanta avalancha de información y desinformación. Frente al poder de la manipulación gubernamental, urge revalorizar el papel de los periodistas y sus medios, como referentes fiables para informarnos, fiscalizar los abusos del poder y denunciar la falsedad. Es cierto que nuestros medios han sido debilitados por el régimen pero el periodismo debe ver sus oportunidades en tiempos de crisis. Nunca antes los medios tradicionales habían tenido tanta audiencia y lectores. Hasta los jóvenes no han dejado de interesarse por la verdad de las cosas y menos cuando la comunicación es arma de la represión.

En el Día del Periodista tomemos conciencia que las “fake news” hacen más necesario que nunca un periodismo de calidad, honesto y respetuoso, como principal escudo de la desinformación con que se nutre el autoritarismo. Que una prensa libre e independiente sigue siendo indispensable para la sobrevivencia de la democracia. Como decía mi padre PJChC: “¡Sin Libertad de prensa no hay Libertad!”

La autora es periodista, directora ejecutiva de la Fundación Violeta Barrios de Chamorro.

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