Políticamente incorrectos

Para una nueva Nicaragua, debemos ser políticamente incorrectos. De esta manera, estoy convencido que la llamada unidad opositora es un mito o no pasaría de intento mediático infructuoso

Una definición de políticamente incorrectos es expresar opiniones sin aprensión por quienes piensen distinto o puedan incomodarse. Lo contrario, políticamente correctos, es silencio o disimular palabras por temor o conveniencia.

Para una nueva Nicaragua, debemos ser políticamente incorrectos. De esta manera, estoy convencido que la llamada unidad opositora es un mito o no pasaría de intento mediático infructuoso. La explicación que encuentro —aparte del formidable obstáculo de las mezquindades— es que las alianzas políticas con probabilidades de trascender son las que comparten principios y valores democráticos, éticos y morales, abrazando los intereses de la mayoría. Por eso, ante la realidad actual, es un error citar como modelo la Unidad Nacional Opositora (UNO) de 1989, pues si bien incluía catorce partidos, ninguno era refugio de personajes señalados por corrupción o cómplices de dictaduras, como tampoco ninguno pretendía atentar contra creencias y tradición religiosas.

De ahí no es de sorprender que en el presente, organizaciones promotoras de la ideología de género, matrimonios del mismo sexo y adopción de niños, aprobación del aborto, etc., que figuran como opositoras, no generen confianza sino rechazo. Abundantes comentarios en redes sociales ratifican la encuesta de CID Gallup en noviembre 2016: cerca del 90 por ciento de mujeres nicaragüenses rechaza el aborto. Respuesta similar reciben sandinistas que consintieron, por acción u omisión, la destrucción del país en la década de 1980 y años siguientes, algunos ahora en el Movimiento Renovador Sandinista (MRS) y grupos afines, a quienes ciertos periodistas y medios, sin conocimiento de historia, o a pesar de ello, les confieren inmerecido protagonismo como si fueran héroes nacionales o referencias democráticas. De esta manera lanzan sal sobre dolorosas heridas que pasan de generación en generación cientos de miles de nicaragüenses, sangrando cuarenta años por falta de justicia.

Por supuesto, políticos y partidos colaboracionistas tienen altísima responsabilidad por la instauración y continuidad de la dictadura. Entre ellos sobresale el Partido Liberal Constitucionalista (PLC), con militancia incapaz de sacudirse una cúpula que lo ancla junto a otros a la vergüenza y dádivas de El Carmen. En general, la clase política ha llegado al fondo, pero no lo acepta. Apuestan sobrevivir con Ortega-Murillo, aguardando mayor desesperación, hambre y cansancio de la población. Así el panorama, otros agotaron su momento o justifican negociar con los tiranos.

Después de la sangre derramada y el terror de cada día ¿quedará la ciudadanía atrapada entre sandinismo y exsocios? Dios no lo permita, porque Nicaragua merece vencer la dictadura sin regresar a ningún pasado, ni sombras que lo recuerden.

El autor es periodista.

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