Kerstin Miranda, poeta exiliada en Costa Rica, dedica sus versos a las presas políticas en Nicaragua

Miranda también levanta su voz contra la violencia y el machismo; y elogia el misterio de la maternidad, el amor y ternura, en ocasión del Día Internacional de la Mujer

LA PRENSA/Istock

La joven poeta nicaragüense Kerstin Miranda exiliada en Costa Rica, dedica su poesía y narrativa a las prisioneras políticas del régimen orteguista encarceladas en la mal llamada cárcel  de mujeres «La Esperanza»; asimismo a las mujeres de Nicaragua y el mundo, en ocasión del Día Internacional de la Mujer, este 8 de marzo.

Kerstin, autora del libro Corazón Desnudo (2016) comparte los nuevos poemas: Para las presas políticas, versos dramáticos y de solidaridad humana; versos que denuncian las continuas violaciones de los derechos humanos del sistema judicial y carcelario en Nicaragua.

Lea: Consejos para la mujer fuerte. Poema de Gioconda Belli

Decálogo de mujer, es otro de sus poemas intensos que destaca la dignidad de la mujer.  Esta es una declaración poética  de emancipación, de critica sobre el origen machista de la «concepción de Eva», y de reivindicación de los  derechos de las mujeres.

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Kerstin Miranda, autora del libro Corazón Desnudo (2016).LA PRENSA/Archivo/ Oscar Navarrete

Así dos textos en prosa:   Otro más, un retrato del horror y violencia patriarcal y sexual que han sufrido las mujeres; y el poema Tierra,  texto donde concibe bellamente a la mujer-madre como la «alfarera» de la creación, y símbolo universal de la maternidad, la ternura, el amor y el misterio de la vida.

«No mira su propio ombligo, sino el ombligo de la criatura para la que aún está tejiendo su traje de piel», dice uno de sus hermosos versos.

Lea además: Nicaragua, donde reinan las poetas. Un homenaje en el Día Internacional de la mujer

Originaria de Masaya, Nicaragua (1999), estudiante universitaria. Poeta y cantautora se declara activista y una «abanderanda de las luchas sociales y la protección del medio ambiente». Sus recitales los acompaña el son de su guitarra.

En su primer poemario Corazón Desnudo despliega palabras temas como el amor y el erotismo,  así en las reivindicaciones sociales.

Miembro de Asociación Nicaragüense de Escritoras ANIDE.  Autora en Liberoamérica, plataforma literaria digital.

Textos suyos han sido publicados en revistas, antologías, festivales y suplementos literarios de Nicaragua y otros países.


La poeta Kerstin Miranda,  acompaña sus recitales al son de su guitarra.LA PRENSA/Cortesía

Para las presas políticas

A veces me quedo en silencio
mirando las piedras
los pequeños gránulos de las piedras
que me recuerdan los límites
de la pequeña fosa
a la que, cobardemente, le huí.

He soñado con ellas,
las muchachas que no ven la luz.
Porque cuando una sola pestaña
se les cae
o se les arranca
nos desgarra a todas.

He soñado que estaba con ellas,
entre muchachas sin ver la luz.
Tan culpables somos todas
de fruncir el ceño y avivar el grito.

A kilómetros lejos
un dolor que no culmina.
Muchos ojos que me miran,
un par de ojos que me miran.

Quiero saber qué te pasa, amiga,
por qué tu piel se parece más a la mía,
por qué siento que se me ahogan
los gritos de mi vientre cuando
te están abriendo a fuerzas las piernas,
por qué cuando te asfixiás yo siento
que no respiro y que no es verdad
que he logrado escaparme sin que antes
me reconocieras, y que no es verdad
que tengo la dicha de ver el sol
y de ver las piedras, las piedras duras
que te traen a mi pensamiento,
las mismas piedras bajo las que
reposarán
y no en paz
las exequias de quienes creyeron
que podían despatriarte
de tu libertad.
Porque tampoco es verdad
que algún día fuiste prisionera.

Perdóname, perdóname,
que me he tardado demasiado en volver,

y para cuando quiera hacerlo
se habrá erigido alrededor de mí
una cárcel con todas las piedras
que he visto,

una cárcel con todas las piedras
en las que nos hemos visto.


Miranda, vive exiliada en Costa Rica, se declara una activista sobre los derechos de la mujer y la protección del medio ambiente .LA PRENSA/Cortesía

Decálogo de mujer

Que mis pechos no sean tu asunto de discusión.
Que la forma de mis caderas no sea tu asunto de discusión.
Que si me corté o no el pelo no sea tu asunto de discusión.
Que la ropa que me pongo no sea tu asunto de discusión.
Que los amigos y amigas que elijo no sean tu asunto de discusión.
Que los novios y novias que elijo no sean tu asunto de discusión.
Que mi soltería no sea tu asunto de discusión.
Que mi maternidad no sea tu asunto de discusión.
Que mi “virginidad” o mi “honor” no sea tu asunto de discusión.
Que ni un sólo asunto de mi vida
sea tu asunto de discusión.
Este es mi decálogo de mujer,
las leyes con que rijo mi vida.
Si querés estar en ella,
habrás, con esto, de aceptar
que no vengo de una costilla.


Otro más

Camila se despierta de madrugada. Va a despertar a Jorgito, dispuesta a alistarlo para la escuela. “Ojalá sea un buen hombre”, piensa mientras lo baña.

Lo deja mudado y entalcado en el comedor, –que es más bien la vieja mesa de cuatro que tiene a la par de sus camas.

Calienta las tortillas con un par de tenedores en el quemador de la cocineta. “Esto también quema”, dice para sí.

Cuando despacha a Jorgito, le recuerda que vaya donde su abuela después de clases.

Aún está oscuro. El aire entra por las paredes de plástico que dan al patio. Con este aire refresca su cuerpo tan acostumbrado a la desnudez. Ahí, toma la manguera y se lava, de abajo hacia arriba.

En esa inspección, observa los moretones que tiene de semanas en las piernas y en los brazos. No fueron golpes (esta vez), sólo el desenfreno de un amor comprado.

Prepara las medias, el camisón y el blúmer, y baña todo, incluso a ella misma, con el perfume que le regaló la vecina, –la que vende productos por catálogo–.

Camila ya está lista, –o resignada–. Camila abre sus puertas hacia un nuevo día.


LA PRENSA/Instock

Tierra

Tiene clavadas las pestañas y la sonrisa en el surco que conduce hacia su ombligo. El perfil de su cuerpo confiesa con orgullo su condición. No mira su propio ombligo, sino el ombligo de la criatura para la que aún está tejiendo su traje de piel. El cabello rizado que cae de la media cola adorna como frescos ramilletes a su par de pechos profundos, inviolables, impacientes por florecer.

Sus ojos se cuelan en su vientre por ese túnel oscuro, y andando a tientas, percibe una paz incognoscible. Se siente como justo antes de desprenderse del acogimiento de otro útero. Así es como se le permite regresar a tu tiempo original, así es como puede poseer un pedacito del Edén en su propio cuerpo, encarnado en una ella o un él apenas en mera faena del taller; así es como puede re-saberse ella misma como alfarera.

Con sus manos de emperatriz, ayuda a esculpir la redondez de su barriga; tal cual vidente manipula las energías en una bola de cristal. Pero el poema estaba en sus ojos. Al alzar su barbilla, miróme fijamente, como dando fe definitiva de sus poderes místicos: Cual diosa eterna, felina, tenía los ojos negros, dilatados, infinitos; parecían destilar los secretos del tiempo, de la materia y de la vida.


 

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