Voto de confianza

Por improbable que parezca, el actual proceso negociador, con todo y sus dificultades, es la única esperanza para que Nicaragua alcance la paz y democratización que anhelamos

Desconfianza; el síndrome dominante en nuestra sociedad. Y por buenas razones. Hemos vivido tantas marrullas, tantas mentiras, tanta hipocresía.

El problema es cuando ese mecanismo de defensa nos lleva a sospechar de todo y de todos, sin darle el beneficio de la duda a nada ni a nadie. Esto puede ser tan dañino como injusto. Pues suele llevar a la parálisis y a meter en saco negro a quienes no lo merecen.

Esto pasa, en parte, con el diálogo nacional. Hay muchos que no sólo desconfían del gobierno, lo cual es más que entendible, sino también del equipo negociador salido de la Alianza. El resultado neto es un pesimismo que no abona las posibilidades de llegar a soluciones pacíficas y que resta apoyo moral a los representantes opositores.

Que es muy difícil que el diálogo llegue a feliz término es algo que nadie discute. El dúo Ortega Murillo ha dado muestras elocuentes de su capacidad de matar centenares e incluso de hundir el país, antes de comprometer su poder. Sabemos que manejan un discurso hipócrita, como las oraciones de la señora Murillo al amor, mientras sus prisioneros se pudren en celdas oscuras e inhumanas. Pero también sabemos que están con la soga al cuello y que, en 1988, ante diversas presiones, firmaron en Sapoá un tratado que trajo paz y elecciones.

Por improbable que parezca, el actual proceso negociador, con todo y sus dificultades, es la única esperanza para que Nicaragua alcance la paz y democratización que anhelamos.

Evidentemente, un acuerdo negociado siempre implicará concesiones recíprocas que difícilmente satisfará a todos. Pero las dos únicas alternativas, si fracasa, serían la pauperización del país o la guerra civil. O posiblemente ambas.

Que el equipo opositor no esté a la altura, eso sí que es una afirmación absurda. Juan Sebastián Chamorro y Mario Arana son PhD en economía y cuentan con mucha experiencia en negociaciones complejas. Lo mismo puede decirse del doctor Tünnermann, el abogado José Pallais y Chano Aguerri. Son personas fogueadas y muy capaces. El estudiante Max Jerez tiene buena reputación.

Todos fueron electos por la Alianza Cívica y no son ni tontos ni ingenuos. Saben con quién están negociando, saben cuáles son las aspiraciones del pueblo, y no se dejarán torcer el brazo. Tienen además excelentes asesores.

Ellos están allí sacrificando tiempo y esfuerzo y poniendo en juego su reputación. Todo por servir a Nicaragua.

En lugar de las críticas facilitonas de quienes ven los toros de largo, como la absurda pretensión de que haya representantes de todos los sectores, o la injusta acusación que son blandengues, el equipo opositor merece nuestro más decidido voto de confianza.

El autor es sociólogo. Fue ministro de Educación.

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