La Alianza Cívica en el banquillo

Pero no se debería condenar a la Alianza Cívica antes de tiempo y menos linchar mediáticamente a sus negociadores, como se está haciendo y debilitando así su posición frente a la dictadura.

Una mala consejera, Nicaragua

La Alianza Cívica volvió ayer a la mesa de las negociaciones con la dictadura de Daniel Ortega, como resultado de un acuerdo promovido por el enviado especial de la Secretaría General de la OEA, Luis Ángel Rosadilla, y el nuncio apostólico en Nicaragua, monseñor Waldemar Sommertag.

El regreso de la Alianza al diálogo con el régimen ha sido a cambio de “la excarcelación de un núcleo apreciable de personas”, que serán liberadas hoy según el comunicado conjunto de ambas partes dado a conocer el miércoles 13 de marzo. En el comunicado no se reconoce como presos políticos a las personas que serán excarceladas, aunque tampoco se dice que son “presos en el contexto de hechos delictivos” —o sea delincuentes comunes—, como los calificó el régimen orteguista en su propuesta de agenda del diálogo publicada el sábado 9 de marzo.

En el comunicado del régimen y la Alianza Cívica no se dieron nombres ni cantidad de los presos políticos que serán excarcelados, pero se espera que la expresión “un núcleo apreciable” signifique una cantidad grande de presos políticos y que sean liberados algunos de los más representativos rehenes de la dictadura. Además, de manera confidencial se supo que la Alianza Cívica exigiría desde ayer mismo que se establezca un cronograma para la liberación de la totalidad de los presos políticos.

De todas maneras, como era de esperarse el acuerdo para el regreso de la Alianza Cívica a la mesa de negociación ha causado molestias en algunos sectores democráticos, ya que la representación opositora había sido categórica en su comunicado del domingo 10 de marzo, en el cual aseguró que solo volvería al diálogo cuando la dictadura diera “muestras contundentes para encontrar soluciones integrales a la crisis que vive el país y que contribuyan al ambiente de paz”.

La misma Alianza puntualizó que tales “muestras contundentes” debían ser: 1) libertad de los presos políticos; 2) cese de la represión y los secuestros; 3) plena observancia y respeto de estándares internacionales para el tratamiento de los presos políticos; y 4) cese del hostigamiento a los familiares de los detenidos. Sin embargo, aunque el régimen solo ha concedido parcialmente la primera de las cuatro condiciones la Alianza decidió regresar a la mesa del diálogo, por lo cual el sector estudiantil universitario ha decidido retirar su representación en las negociaciones, aunque no se separa de la Alianza.

Con este son tres los golpes sensibles recibidos en los últimos días por la Alianza Cívica, no de la dictadura sino del campo democrático y sus mismas filas. El primero fue la decisión de los obispos de no ser testigos de las negociaciones políticas, y el segundo, el conflicto interno del movimiento campesino que motivó el retiro de su representación en el diálogo con el orteguismo.

Pero no se debería condenar a la Alianza Cívica antes de tiempo y menos linchar mediáticamente a sus negociadores, como se está haciendo y debilitando así su posición frente a la dictadura.

Lo razonable es esperar y valorar los resultados del diálogo o negociación política con el régimen, porque solo ellos podrán demostrar si la Alianza cumplió o falló en su cometido.

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