Monseñor Silvio Báez: «Sofocar una protesta cívica abre una herida irreparable en la sociedad»

La capital está tomada por policías armados y el obispo auxiliar de Managua considera que reprimir quebraría los fundamentos de la convivencia social.

Casi toda la carretera a Masaya se encuentra tomada por agentes. LA PRENSA/R. Fonseca

Para monseñor Silvio Báez, obispo auxiliar de la Arquidiócesis de Managua, la represión violenta a la manifestación pacífica golpea directamente los fundamentos que permiten la convivencia de una sociedad y causa daños irremediables.

«Sofocar una protesta cívica reprimiendo con violencia abre una herida irreparable en la sociedad y quiebra el fundamento del respeto, la libertad y la confianza que sostienen la convivencia social», manifestó el sacerdote esta mañana, en su cuenta de Twitter, horas antes de la marcha convocada por la Unidad Nacional Azul y Blanco (UNAB).

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Este sábado Managua amaneció tomada por policías armados, algo que tampoco pasó inadvertido para la Comisión Interamericana de Derechos Humanos. En su cuenta oficial de Twitter, la CIDH informó que ha tomado conocimiento de «un dispositivo policial y de civiles desplegados en Managua antes de la marcha para exigir la libertad de los presos políticos en Nicaragua».

La tarde de este viernes, en la víspera de la movilización azul y blanco, el organismo también urgió al Estado de Nicaragua «a respetar el derecho a la protesta social consagrado en el artículo 54 de la Constitución nicaragüense, que reconoce el derecho de concentración y manifestación pública».

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Policía desplegada este sábado en la ciudad de Managua. Foto/ La Prensa/ Roberto Fonseca

Respetar derechos

De igual manera, Paulo Abrao, secretario ejecutivo de la CIDH, se pronunció en su cuenta oficial de Twitter, donde publicó un video en el que aparecen nueve patrullas cargadas de policías armados recorriendo en fila una calle principal de Managua.

El «Estado debe resguardar la seguridad de los y las manifestantes y respetar el derecho a la libre protesta», escribió Abrao. Son derechos claramente establecidos por la Constitución Política de Nicaragua, pero constantemente violentados por el régimen de Daniel Ortega y Rosario Murillo.

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