Efemérides

Tanto LA PRENSA como Radio Mundial, nunca perecieron el desvío de la línea recta con el fondo homogéneo de ser leales con el universo de la ética

Nunca es tarde para legitimar los “kilates” de las efemérides. No es necesario que tengan la visibilidad del oro. En este mes de marzo en la continuidad de las fechas —primero y dos— se celebran tres acontecimientos que tienen relación con las maravillas infinitas de la libertad en el caso concreto de la expresión. Primero de marzo, Día del Periodista en homenaje a Rigoberto Cabezas. En la misma fecha pero en un mil novecientos cuarenta y ocho, nace Radio Mundial, fundada por Manuel Arana Valle. Al día siguiente pero en un mil novecientos veintiséis abre sus páginas el diario LA PRENSA, del que poco tiempo después su mentor sería el doctor Pedro Joaquín Chamorro Zelaya.

Esos días el cielo de la libertad amaneció nublado. El estado anímico en inevitable opacidad no vislumbró la recepción festiva. Se oyeron voces concomitantes con la deducción de que “no había nada que celebrar”, de duelo la diversidad temática del pensamiento. Tanto LA PRENSA como Radio Mundial, nunca perecieron el desvío de la línea recta con el fondo homogéneo de ser leales con el universo de la ética. Heroínas tanto en la tinta perdurable como en la magia sonora de la voz. Pedro Joaquín Chamorro Cardenal sostenía que “sin libertad de prensa no hay libertad”.

Hago la síntesis histórica de los dos medios: El día que Manuel Arana Valle subió a la empinada torre, nunca imaginó que inauguraba a la “decana de la radiodifusión”, dirigida ahora por Alma Rosa Arana Hartig. Excepción hecha de las innovaciones técnicas, digna de reconocerse es la posición valiente que mantuvo en tiempos de la dictadura somocista y de la que siguió en el temperamento de la dureza “revolucionaria”. A partir de 1956 el panorama comenzó a sufrir terribles pinchazos contra la belleza intangible de la paz hasta que cayó el último Somoza en 1979.

Proliferaron las acciones contra los noticieros y las mesas redondas que también eran culturales, razón por la cual se le llamó “la Catedral del arte”. Menudearon las excesivas multas hasta de veinticinco mil córdobas por una sola infracción, cierres hasta por tres meses consecutivos. La Asamblea Nacional Constituyente la acusó de haber calumniado el honor de la República como si esta tuviese el equivalente del apellido dictatorial.

Lo mismo ocurrió con LA PRENSA: sobrevivió a la censura, a los bombardeos, a los cataclismos terráqueos y políticos, a la parálisis de su circulación ahora amenazada por el asedio aduanero. Y lo peor en la escala de los dramas, el asesinato contra el doctor Pedro Joaquín Chamorro Cardenal. LA PRENSA sigue vigente bajo la dirección del ingeniero Jaime Chamorro Cardenal. Vale recordar a estos aniversarios sin presentir que el coincidente enlace iba a ser tan fecundo y perdurable.

El autor es periodista.

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