¿Un parteaguas?

Es difícil decir qué pretendía El Carmen lograr el sábado. Cualquiera que fuese su estrategia, sin embargo, perdió este pleito, ¡y por nocaut!

A casi once meses del levantamiento cívico de 2018, el sábado cientos de ciudadanos salieron a las calles de Managua para protestar en contra de la dictadura Ortega Murillo. Sus únicas armas eran su valentía y la bandera azul y blanca que El Carmen considera subversiva.

El gobierno estaba listo. Desde el viernes había desplegado a antimotines en lugares altamente visibles para advertirle a la población que no toleraría que ciudadanos ejerciesen su derecho constitucional a manifestar. Y esta advertencia se había oficializado en un comunicado de la Policía.

Superficialmente todo amaneció normal el sábado. Pero había tensión en el ambiente, más que en los últimos cinco meses de lucha. ¡Y a las 1:20 p.m. la tensión estalló! Los autoconvocados comenzaron a aparecer en la Carretera de Masaya y antimotines en sus detestadas camionetas de tina les cayeron encima con una fuerza desmesurada sembrando terror.

Los pocos medios independientes que quedan y corresponsales de medios internacionales comenzaron a darle cobertura a lo que estaba ocurriendo, a pesar de que también fueron blanco de las “fuerzas del desorden”.

A pesar de que era un fin de semana, la comunidad internacional entró en la justa. La Embajada estadounidense hizo un llamado a que el gobierno desistiese del uso de la “fuerza excesiva” en contra de los manifestantes y periodistas. Y desde Washington, Kimberly Breier —secretaria adjunta para el Hemisferio Occidental del Departamento de Estado— tuiteó que los ojos del mundo estaban puestos en Nicaragua y condenó las “tácticas brutas” del gobierno. Luis Almagro, secretario general de la OEA, declaró que ningún diálogo podría ser creíble con represión en la calle. José Miguel Vivanco, director para Latinoamérica de Human Rights Watch, hizo un llamado a que se aumentasen las sanciones en contra del gobierno y la Oficina del Alto Comisionado para Derechos Humanos de la ONU también condenó los eventos. Nayib Bukele, presidente electo de El Salvador, se solidarizó con los autoconvocados tuiteando: “Fuerza Nicaragua”. Gracias en gran medida a los buenos oficios del nuncio apostólico, monseñor Sommertag, y a la robusta reacción internacional, el gobierno liberó a los más de 160 de nuevos detenidos a las 10:00 p.m.

Es difícil decir qué pretendía El Carmen lograr el sábado. Cualquiera que fuese su estrategia, sin embargo, perdió este pleito, ¡y por nocaut! La pregunta es ¿será el 16 de marzo solo un capítulo más en la saga de la redemocratización de Nicaragua, o un parteaguas? Me inclino a la segunda lectura porque el sábado, en todo el país nicaragüenses estaban pegados a sus televisores, radios y celulares convirtiéndose en testigos de lo que estaba pasando. Y creo que en los corazones de muchos de estos, la llama de la indignación que se había encendido en abril pero que se había debilitado volvió a brillar fuertemente.

El autor fue canciller de Nicaragua.