En respaldo del Nuncio Apostólico

El nuncio no es cualquier diplomático. Él representa los valores religiosos y morales de la Iglesia católica que están muy por encima de los intereses políticos

Una mala consejera, Nicaragua

En los últimos días el Nuncio Apostólico en Nicaragua, monseñor Waldemar Stanislaw Sommertag, quien actúa como testigo y facilitador en las negociaciones políticas de la Alianza Cívica con el régimen de Daniel Ortega, ha sido víctima de groseros ataques principalmente en las redes sociales.

En el ambiente político tan polarizado y excluyente que hay en Nicaragua actualmente, la crítica al nuncio ha derivado en ataques personales injustos, injuriosos y calumniosos, que ninguna persona los merece y menos el respetable religioso y diplomático que representa a la Santa Sede y al romano pontífice.

Siendo que el futuro de Nicaragua está en juego en las negociaciones del Incae, es legítimo y comprensible el interés público en conocer sus detalles, comentarlos y criticarlos. Pero el comentario y la crítica se deben hacer con respeto a las personas, en este caso a monseñor Sommertag, no para insultarlo y difamarlo.

Al nuncio solo lo anima la buena voluntad de procurar el bien para Nicaragua y todos los nicaragüenses, sin distinción política de ninguna clase. El nuncio no es un político partidista, es un diplomático de profesión y de principios éticos, cuya delicada función y misión le obliga a actuar con responsabilidad y prudencia, a hablar solo lo que sea indispensable mientras en las negociaciones no haya resultados que valga la pena comentar públicamente.

Pero además el nuncio no es cualquier diplomático. Él representa los valores religiosos y morales de la Iglesia católica que están muy por encima de los intereses políticos y las luchas por el poder, aunque se tenga que relacionar con ellos cuando es llamada a ser mediadora en la negociación de graves conflictos sociales y políticos, como el que agobia a Nicaragua actualmente.

Las funciones estrictamente diplomáticas del Nuncio Apostólico están definidas en el Código de Derecho Canónico y uno de sus objetivos principales es “procurar que se haga realidad la concordia entre los pueblos, así como la paz interior y el progreso de cada nación”.

En el desempeño de sus funciones, el nuncio actúa con la inspiración conciliadora de la Iglesia, que fue explicada por el papa Francisco en la visita que realizó a Cuba en septiembre de 2015. “Un país se destruye por la enemistad —señaló el Santo Padre— porque son incapaces de sentarse a hablar (y decir): bueno, negociemos. ¿Qué podemos hacer en común? ¿En qué cosas no vamos a ceder? Pero no matemos más gente”.

Eso es lo que ha hecho con la mejor voluntad de servir monseñor Sommertag, quien además con sus esfuerzos ha logrado la excarcelación de numerosos presos políticos y ha defendido con coraje al pueblo nicaragüense, a riesgo de su propia vida, como ocurrió en Diriamba el 10 de julio del año pasado cuando la represión de la dictadura estaba en su máximo furor.

Nosotros ofrecemos públicamente nuestras disculpas al nuncio por ofensas a él que se hayan publicado en LA PRENSA. Eso no ha respondido a nuestra voluntad y sentimientos. Al nuncio más bien le agradecemos lo que ha hecho y sigue haciendo por Nicaragua, por todos los nicaragüenses, en su rol de testigo y mediador del diálogo y la negociación política. Lo respaldamos y le expresamos nuestro aprecio y respeto.

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