Huérfanos del tiempo destruido: una memoria sobre las heridas abiertas de los niños de la guerra

Su autor Luis Enrique Duarte propone su lectura para “sobrepasar el duelo y el trauma” dejados por la guerra y postguerra en Nicaragua a toda una generación

Las miradas ingenuas, difusas y románticas de los niños que sobrevivieron a la guerra civil en los años ochenta y en sus años de juventud a la transición política de los noventa, forman parte del tejido dramático y controversial de la novela Huérfanos del tiempo destruido, del escritor y periodista Luis Enrique Duarte.

En su segunda edición publicada por la Editorial  UCR (Universidad de la Costa Rica) describe en sus páginas la vida de sus protagonistas en la casa, la escuela y la ciudad; así la guerra entre sandinistas y contras escenificadas en las montañas del norte de Nicaragua.

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Y no en el propio corazón de las ciudades y carreteras, a como lo sucedió en la reciente rebelión de abril del 2018 y sus meses posteriores, donde se vio hasta niños protestar y levantar sus pequeñas voces airadas contra el régimen dictatorial de Ortega.

En la novela de Duarte sus personajes infantiles, Toto, Rosi, Pituca o El Ñato, transitan su mundo urbano; mientras tanto solo perciben como telón de fondo los difusos “ecos de la guerra” y la retórica alienante de la Dirección Nacional del FSLN.

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Pero no todos tuvieron la misma suerte. Jóvenes como  El Triste, es reclutado y tiempo entregado muerto a sus familiares. El luto invade sus pequeñas memorias.

“Quizás nos ayude a entender esta infancia y esta adolescencia”, dice Duarte al referirse a los protagonistas de su libro Huérfanos del tiempo destruido, publicado por primera vez en 2014, por el Centro Nicaragüense de Escritores.

“No vivieron ni experimentaron la revolución”

Esta generación vivió dos momentos convulsos de la historia: Crecieron en la revolución “pero no vivieron ni experimentaron la revolución”; también crecieron en la transición “pero no tuvieron incidencia”, apunta Duarte

Razón por la cual — agrega Duarte — se les ha criticado como una generación “pasiva”, y de “poca injerencia en los asuntos nacionales”.

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Con relación a su estructura narrativa, Duarte dice está “basada en hechos históricos”, pero no es “una novela histórica” porque su mirada es través del relato de los niños enfocados «en descubrir su identidad, su verdadero yo” y buscar «vínculos entre los procesos nacionales que se estaban estableciendo”.

En ese sentido precisa, su novela resalta la “búsqueda de la identidad personal, humana, política y cultural”.

Y en cuando al desarrollo de los personajes de la revolución a la transición, dice Duarte, significó un  “descubrir que todo se estaba renombrando, poniendo en duda o cuestionando”.

Por lo que su lectura reflexiva en estos nuevos tiempos de estallido social y búsqueda de identidad generacional, puede contribuir a entender mejor a esta generación nacida y formada en los periodos de la guerra y la posguerra.

Novela “revive el trauma nacional»

A criterio de Duarte, su novela Huérfanos del tiempo perdido también “revive el trauma nacional, como el trauma familiar y trauma personal”, y puede verse como una memoria para sobrepasar el duelo y el trauma.

Asimismo trata de explicar el porqué del “silencio generacional”; y propone una alternativa para evitar revivir o repetir  los conflictos.

Al respecto Duarte razona: “No hablas del conflicto para no repetirlo y para no revivir el trauma, pero la herida se repite porque precisamente no está resuelto, y porque también no le están dando a la nueva generación las pautas para reconocer el conflicto y lograr solucionarlo”.

Soledad, desconexiones  y “mundos paralelos”

Otro tema esencial que aborda este libro es el de la soledad. Esta es vista por Duarte desde las relaciones de las convivencias interpersonales, la incapacidad para “conectarse mutuamente” y el de una vida de “mundos paralelos”, entre clase media y baja.

“Siempre está el otro, pero aunque esté cercano  es desconocido”, señala Duarte es lo que sucede ante la falta de comunicación entre las personas.

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“Queremos comprender a esa generación, su silencio, sus traumas, sus desencantos, sus agresiones; entonces vemos lo que ellos experimentaron para ser como son”, observa Duarte.

El contenido de Huérfanos del tiempo perdido está dirigido a maestros, alumnos y público en general. Y se encuentra disponible en las librerías de Literato e Hispamer, o bien se puede pedir en línea en la Universidad de Costa Rica.

LA PRENSA/Roberto Fonseca

El autor

Nacido en 1975 en Granada, Luis Enrique Duarte realizó estudios de comunicación en la Universidad Centroamericana UCA. Cuenta con una especialidad en periodismo latinoamericano, de la Universidad Libre de Berlín (2006). El año pasado concluyó su doctorado en historia.

Trabajó en La Prensa, edición Domingo y revista Magazine.  Ha publicado: Es un clamor que aclara (2009). Ha sido incluido en la antología Poesía de fin de siglo, Nicaragua-Costa Rica (Ediciones Perro Azul, Revista Frontera, Revista 400 Elefantes, 2001).