La clave crítica de las negociaciones

Un fuerte golpe a la negociación ha sido la represión policial y el ataque a balazos de un pistolero orteguista contra las protestas cívicas del sábado pasado en Managua, un día después que los representantes del régimen firmaron un acuerdo para respetar el derecho de manifestación pacífica

Una mala consejera, Nicaragua

Las negociaciones políticas de la Alianza Cívica con la dictadura están en veremos y este miércoles de nuevo se podrían suspender.

Un fuerte golpe a la negociación ha sido la represión policial y el ataque a balazos de un pistolero orteguista contra las protestas cívicas del sábado pasado en Managua, un día después que los representantes del régimen firmaron un acuerdo para respetar el derecho de manifestación pacífica. Pero la mayor amenaza a la continuación de las negociaciones es la negativa de Daniel Ortega a aceptar a la OEA y la ONU como garantes de los acuerdos y, más grave todavía, el hecho de que la Alianza y el régimen no persiguen el mismo objetivo.

La represión en Metrocentro ha sido un hecho grave, pero no necesariamente es motivo para suspender las negociaciones. En toda negociación para resolver conflictos bélicos o políticos de suma gravedad ocurren violaciones ocasionales a los acuerdos que se van logrando. Pero en ningún caso la ocurrencia de un incidente de esa clase rompe la negociación.

En realidad, mucho más grave que la agresión oficialista contra los manifestantes, ocurrida el sábado anterior en Metrocentro y Galerías, es que el rechazo del régimen a la propuesta de la oposición para que la OEA y la ONU sean garantes de los acuerdos que se pudieran lograr, parece indicar que Ortega quiere dialogar y negociar, pero no llegar a acuerdos sustantivos.

Monseñor Silvio Báez declaró el domingo pasado, después de oficiar misa en una parroquia de Managua, que el diálogo no es un fin en sí mismo. El diálogo es un medio para “cambiar Nicaragua”, dijo el obispo Báez, una idea fundamental que ya la había expresado anteriormente, razonando que la cuestión no es dialogar por dialogar, sino para lograr los acuerdos que permitan a Nicaragua salir de la crisis.

El fin de la dictadura y el comienzo de la democratización del país es el objetivo declarado de la Alianza Cívica, representando así la aspiración de la gran mayoría de los nicaragüenses manifestada en las calles de todo el país después del estallido social de abril del año pasado. La restauración de la democracia en Nicaragua es también el propósito de la comunidad democrática internacional y la razón por la cual se han impuesto y se podrían imponer más sanciones a la dictadura orteguista.

Sin embargo, el objetivo de Ortega es opuesto al de la Alianza Cívica y la comunidad internacional. Ortega no quiere poner fin a la dictadura, sino preservarla a cambio algunas concesiones. De manera que la clave crítica de las negociaciones políticas del Incae radica en que las partes dialogantes persiguen fines no solo opuestos sino absolutamente incompatibles.

No obstante eso no significa que el diálogo y la negociación sean un camino a ninguna parte. Si la lucha armada está descartada para sacar a la dictadura del poder, como se sacó a la de Somoza en 1979, la vía del diálogo y la negociación política terminará dando el resultado que se quiere, se espera y se necesita, a pesar de la obtusa resistencia del dictador Daniel Ortega.

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