El valor agregado de la OEA

Si no se curan las múltiples fallas de la maquinaria electoral, no lograremos las elecciones justas y confiables que los nicaragüenses anhelamos para ponerle punto y final a la crisis que nuestro país atraviesa

El desempeño del “Diálogo en el Incae” ha sido mixto hasta la fecha. Sin embargo, uno de sus avances ha sido el retorno de la OEA al país. Digo esto porque una de las tareas más importantes que enfrentamos como nación es restablecer una democracia representativa creíble y robusta en Nicaragua. Y eso, a su vez, dependerá fundamentalmente de reformar nuestro inoperante sistema electoral en donde, en lugar de contar los votos, se asignan.

Son muchas las fallas del poder electoral. Incluyen desde magistrados que reciben sus instrucciones de El Carmen hasta los cuadros en las direcciones del Consejo que “operacionalizan” las asignaciones. Si no se curan las múltiples fallas de la maquinaria electoral, no lograremos las elecciones justas y confiables que los nicaragüenses anhelamos para ponerle punto y final a la crisis que nuestro país atraviesa.

Limpiar al poder electoral será un trabajo complejo, sobre todo porque estamos prácticamente comenzando desde cero. Recordemos que, desde las municipales de 2004, todos nuestros comicios han sido cuestionables. Y aunque existen nicaragüenses con la experiencia para ayudar a construir un poder electoral eficiente y confiable, requeriremos de apoyo externo para reinventar al poder electoral. Ahora bien, así como el Fondo Monetario, el Banco Mundial y el BID tendrán que ayudarnos a reactivar nuestra economía, la OEA es la institución internacional con la ventaja comparativa para ayudarnos a rescatar al poder electoral.

La OEA tiene una larga y exitosa experiencia hemisférica en temas electorales, incluyendo en Nicaragua. Ella —y los técnicos a que tiene acceso— sabe cómo montar sistemas electorales honestos.

También manejan las mejores prácticas electorales en las Américas y como trabajar armoniosamente con otros expertos como el Centro Carter, el Instituto Republicano Internacional (IRI), el Instituto Nacional Democrático (NDI) y la División Electoral de Naciones Unidas (UNEAD). Finalmente, cuentan con una herramienta poderosa para asegurar elecciones limpias: el conteo rápido.

Esto consiste en escoger un universo de centros de votaciones representativos de la nación y seguir de cerca el resultado en estos cantones el día de las elecciones. El conteo rápido, bien hecho, arroja resultados confiables que limitan la posibilidad de asignar votos. Lo sé porque como canciller me tocó trabajar estrechamente con el equipo de observación —no de acompañamiento— de la OEA en las elecciones de 2001. Y gracias al conteo rápido, la misma noche de las elecciones supe el resultado final de estas con un alto grado de confiabilidad.

Es conclusión, es el área de reforma electoral que la OEA podrá hacer su mayor aporte a la construcción de nuestra nueva república. Es en esta área crucial, no como garante del diálogo, que la OEA tiene su verdadero valor agregado.

El autor fue canciller de Nicaragua.