Comprensión y misericordia

El tirar piedras no es nuevo. Parece que así como a los escribas y fariseos de ayer les encantaba tirar piedras a las mujeres adúlteras, a nosotros nos encanta tirarnos piedras los unos a los otros. Las naciones se tiran piedras las unas a las otras provocando las guerras en vez de unirse para sembrar […]

El tirar piedras no es nuevo. Parece que así como a los escribas y fariseos de ayer les encantaba tirar piedras a las mujeres adúlteras, a nosotros nos encanta tirarnos piedras los unos a los otros.

Las naciones se tiran piedras las unas a las otras provocando las guerras en vez de unirse para sembrar la paz. Los partidos políticos, los grupos sociales parece que no saben hacer otra cosa que tirarse piedras los unos a los otros, para ver quién hiere antes a quien y así alcanzar el poder. Asimismo, nosotros los cristianos, muchas veces nos tiramos piedras unos a otros y la gente termina siempre por condenar a los que acusa. Seguimos con la misma actitud de los escribas y fariseos ante la mujer adúltera: “¡Piedras con ella!” (Jn. 8, 5).

Los escribas y fariseos le llevan a Jesús una mujer sorprendida en adulterio. Según el libro del Deuteronomio: toda adúltera debía ser condenada a morir a pedradas. (Dt. 20, 20-24). Y le preguntan a Jesús con maldad, si está de acuerdo o no con esta ley del Deuteronomio (Jn. 8, 4-5). Él, sin embargo, aparenta ante ellos que no les ha escuchado y se pone a escribir en la tierra (Jn. 8, 6). Los escribas y fariseos le insisten en preguntarle (Jn. 8, 7). Pero Jesús, conociendo la maldad, de sus corazones de piedra y sus conciencias sucias, les dijo: “Aquel de vosotros que esté sin pecado, que le tire la primera piedra” (Jn. 8, 7). Para Jesús nadie tiene derecho a quitarle la vida a una persona y mucho menos a tildar de pecador o pecadora a nadie. Antes de condenar tenemos que condenarnos a nosotros mismos; por eso, Jesús dice a los escribas y fariseos: “El que no tenga pecado que le tire la primera piedra” (Jn. 8, 7).

La verdad es que el lenguaje de violencia tendría que desaparecer del mundo entero, pues la violencia es la realidad más baja que cualquier ser humano puede manifestar en su vida. Bien dice el refrán: “El que a hierro mata a hierro muere”. O “Quien con fuego juega, con fuego se quema”. Y es que ¡solo el amor perdona y salva! La violencia no es el remedio, tenemos que hacer frente al odio con el amor. Jesús, nos da una lección elemental para que sepamos vivir y convivir, no tirándonos piedras los unos a los otros, sino dándonos las manos para poder salvarnos todos.

Por lo tanto: menos enjuiciar condenando a los demás y más darnos las manos para hacer posible el mundo mejor que todos deseamos. Menos odios y violencia y más corazón en el trato mutuo. Más vale una mano amiga que se brinda para salvar, que miles de piedras que se tiran para condenar. Aprendemos la actitud de respeto de Jesús hacia aquella mujer, a quien no avergüenza, ni le reprocha su comportamiento. Ve en ella una persona humillada, débil, despreciada. Tiene una actitud de amor y misericordia hacia ella… que llegó hasta el perdón de corazón. Pidamos a Jesús tener la misma actitud que tuvo con los demás: respeto, misericordia, comprensión. Y no olvidemos que Él no condena al pecador… pero sí al pecado…

El autor es sacerdote católico.