De una vida tranquila al sufrimiento por el asesinato de su hijo: Los padres de Ángel Gahona cuentan su historia desde el exilio

“Dios no va a permitir que nuestras canas bajen al sepulcro sin saber la verdad”, dicen los padres del periodista asesinado en pasado abril, Ángel Gahona.

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Cuando Ángel Gahona y Amanda López regresaron a Nicaragua, en abril de 2018, luego de haber estado unos días en Costa Rica, se toparon con dos noticias que cambiaron para siempre sus vidas: una crisis sociopolítica no vista en años en el país y su hijo que había sido asesinado.

Habían salido de Nicaragua el 17 de abril para participar en un seminario religioso. Al día siguiente, estalló la crisis en el país y tres días después mataron a su hijo. En ese momento, no sabían que dos meses después volverían a Costa Rica y ya no solo por unos días, sino indefinidamente, para proteger sus vidas.

Ángel Eduardo Gahona, el hijo de ambos, era un periodista independiente que cubría las protestas contra el régimen de Daniel Ortega en Bluefields. Fue asesinado la noche del 21 de abril mientras realizaba una transmisión en vivo por Facebook. Ese día, las personas asesinadas no pasaban de 30. Hoy, casi un año después, son entre 300 y 500, según organismos de derechos humanos.

Dos días faltaban para que Gahona cumpliera el segundo mes de muerto cuando, el 19 de junio, los padres del periodista decidieron abandonar el país porque eran asediados. Camionetas Hilux se estacionaban cerca a su casa y les tomaban fotografías. Primero se fueron a dos casas de seguridad y luego del país. Se llevaron con ellos a Ángel Gahona, el hijo mayor del reportero. Su nuera, Migueliuth Sandoval, había salido de Nicaragua tres días antes junto a Amanda Migueliut Gahona Sandoval, la hija menor de Ángel Gahona.

Ángel y Amanda son hipertensos, tienen 70 y 64 años, respectivamente. Ella tiene una maestría en educación pero no puede trabajar en Costa Rica porque aún no tienen papeles y apenas están en proceso para solicitar refugio en ese país. Para sobrevivir, ellos venden utensilios de cocina casa por casa en San José.

Este es el segundo exilio que vive el matrimonio. El primero fue en l981, cuando huyeron a Venezuela de la guerra que asomaba en Nicaragua. En ese entonces su hijo Ángel era un niño. Hoy solo esperan conocer la verdad sobre su muerte.

“Creemos en la justicia divina, creemos que Dios no va a permitir que nuestras canas bajen al sepulcro sin saber la verdad de todo esto”, dice don Ángel, operado de tiroides.

Su rutina en el país vecino se basa en salir a vender los utensilios de cocina tres veces a la semana y los otros días cumplen sus compromisos religiosos: son pastores evangélicos. De lo que ganan tiene que pagar el alquiler de la casa, los recibos de los servicios básicos y su comida. Actualmente reciben ayuda de una organización que le brinda la mano a los nicaragüenses exiliados.

“Nadie puede trabajar hasta que tenga papeles (en Costa Rica) y la cita de solicitante de refugio está para julio del 2020. Lo que tenemos ahora solo es una carta que dice que somos solicitantes de refugio”, cuenta Amanda, quien en Nicaragua llevaba una vida tranquila junto a su esposo.

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La realidad que viven los padres de Ángel Gahona también la viven miles de nicaragüenses. De acuerdo a la Dirección de Migración y Extranjería de Costa Rica, solo en 2018 unos 23,138 nicaragüenses solicitaron refugio y en los primeros dos meses del 2019 la cifra llegó a 4,368. Todos huyendo de la violencia en Nicaragua.

Sobre la muerte de su hijo

Tras el entierro de Ángel, los padres de este iniciaron el camino para pedir justicia. En varias ocasiones se les vio participando en las marchas azul y blanco alzando la voz, la misma que a su hijo le habían apagado.

Ángel Gahona
En las fotografías aparece Ángel Gahona, ya sin vida. Sus padres las conservan y cuando las ven, lloran. LAPRENSA/J.FLORES

Ante la presión de los familiares, la Policía Orteguista presentó a los jóvenes Brandon Lovo y Glen Slate como los responsables del asesinato, pero desde el principio, los familiares del periodista coincidieron en que los jóvenes solo eran “chivos expiatorios” y que por alguna razón, se protegía al autor material e intelectual.

Los padres de Gahona aseguran que a él lo querían matar desde meses atrás. Él mismo se los dijo en varias ocasiones pero ellos siempre le respondían que no, que nada le iba a pasar porque era popular y todos en el municipio lo conocían. Ahora están convencidos de que el inicio de la crisis sociopolítica fue el momento para ejecutar el plan contra su hijo.

Desde el exilio, don Ángel revela que luego de presentar a Lovo y Slate como los autores del asesinato, él y su esposa le propusieron al Ministerio Público y la Policía Orteguista realizar un peritaje independiente, pero que esto fue rechazado. “Eso marca toda la duda y toda la desconfianza de nosotros como familiares. Lo único que queríamos era la verdad”.

Lovo y Slate fueron sentenciados a 23 años y medio, y 12 años y seis meses de cárcel, respectivamente y cumplen condena en la cárcel La Modelo, en Managua. La familia de Gahona sigue sosteniendo que ellos son inocentes.

Los días de este matrimonio son duros ahora en el exilio y sin su hijo. Ambos viven cada día como si fuera el primero en que ya tienen a su hijo con ellos. Él llora al recordar la tragedia y no le parece que ya casi pasó un año. Ella, no pasa un día sin recordarlo y no deja de ver sus fotos.

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