La agitada historia de la «Corporancia»: una radio contra dos dictaduras

Al inicio nadie daba un centavo por Radio Corporación; pero la hemos visto dar un candidato a presidente y sobrevivir a dos dictaduras. Asonadas. Ataques. Cierres. Censura. La “Corporancia” resiste.

La noticia tenía cuatro párrafos y apareció en una página interna del diario LA PRENSA, arrinconada en una esquina, encima de un anuncio de filtros de agua Katadyn. “Salió ya al aire Radio Corporación”, informaba la notita. “Ya se encuentra en funciones la nueva emisora, fruto del esfuerzo de cuatro destacados elementos de la radiodifusión nacional”. Era la edición del 6 de mayo de 1965 y para entonces la pequeña emisora ya llevaba casi dos meses al aire, pero en ese tiempo nadie más que sus fundadores creía que ese proyecto iba a cuajar.

“Nadie creía en ella”, dice don Fabio Gadea Mantilla, hoy de 87 años. Era una radio “pequeñita, chiquitita, insignificante”, ubicada en la Calle Candelaria de la vieja Managua. Tenía un alcance tan corto y una frecuencia tan crítica que lo más natural era que nadie diera un centavo por el proyecto de unos muchachos soñadores.

Frecuencia 540 AM… “¡Nadie estaba ahí! Costaba que un radio llegara hasta ahí”, recuerda don Fabio, el creador de Pancho Madrigal. “Pero nosotros teníamos una fuerza tremenda. Llegábamos donde los clientes y les decíamos: ‘Vamos a hacer de esta radio la primera de Nicaragua!’”. Y lo prometían a sabiendas de que se enfrentaban a un verdadero monstruo: la Radio Mundial. Una emisora que tenía tanta, tanta audiencia que caminando por la calle era posible escuchar un capítulo entero de la novela, pues la tenían sintonizada en todas las casas.

La Radio Corporación, en cambio, tenía una planta de medio kilovatio. Una potencia enormemente baja que les permitía llegar hasta Tipitapa, Managua. Sin embargo, el proyecto siguió en marcha. De no haber sido así, hoy no estaríamos contando esta historia.

Don Fabio Gadea Mantilla, fundador y gerente de Radio Corporación. Creador de Pancho Madrigal, Pinceladas Nicaragüenses y Cartas de Amor a Nicaragua. La Prensa/ Oscar Navarrete

Hoy día la emisora que “habla el lenguaje del pueblo” se encuentra viviendo un nuevo auge en materia de audiencia. La crisis que estalló en abril de 2018 llevó a la gente joven a sintonizar una radio que antes se consideraba “para viejitos” y campesinos. Como uno de los medios independientes más antiguos del país, la Corporación nuevamente se ha colocado a la vanguardia de la lucha contra un régimen.

Sufrió censura en tiempos de Somoza y también durante los años ochenta. Además, fue atacada por turbas en los años noventa y ahora, durante la dictadura de Daniel Ortega, muchos de sus periodistas han sufrido agresiones y amenazas. Pero la “Corporancia” no se calla. A las 3:55 de la mañana está lista para empezar a transmitir.


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El éxito de la Corporación

El edificio de la Radio Corporación es una especie de laberinto compuesto por muchos corredores angostos y numerosas habitaciones. Detrás de cada puerta está ocurriendo algo distinto. Los periodistas editan notas, los locutores presentan el noticiero, los muchachos de la versión en línea preparan un video, en un cuarto forrado con cajillas de huevo se graba un anuncio y en su oficina don Fabio escribe una nueva “pincelada nicaragüense”. Es otro mundo. El mundo de la radio independiente más grande del país.

Los periodistas trabajan haciendo transmisiones, grabando y editando audios, escribiendo titulares y también notas periodísticas. LA PRENSA/ OSCAR NAVARRETE

Como dijimos, para 1965 esta gran emisora era apenas una radito que funcionaba con una planta de medio kilovatio y quería competir con la Radio Mundial. Dos años más tarde sus fundadores lograron comprar una planta usada, de tres kilovatios, que les permitió ser escuchados en Estelí y tal vez en Rivas. Con ese nuevo alcance, Fabio Gadea Mantilla decidió que era tiempo de mudar de emisora a Pancho Madrigal, el programa de cuentos que creó cuando trabajaba como narrador de novelas en la Mundial.

El éxito fue rotundo y empezaron a llover cartas de personas que querían escuchar sus propios cuentos en la voz de Pancho Madrigal. Así fue que en la Corporación aprendieron que el nivel de audiencia no se mide con encuestas, menos en un país donde los ciudadanos no gozan de libertad para expresarse, sino a través de la interacción con los oyentes. Por eso saben que actualmente están viviendo un momento de gran popularidad.

Allá en sus inicios la audiencia de la emisora se agigantó tras el terremoto de 1972, porque la “Corporancia” empezó a realizar servicio social para que los nicaragüenses que se hallaban fuera de Managua pudieran comunicarse con sus parientes y amigos de la capital.

Por otro lado, en esa década se volvieron blanco de la censura somocista. Les ponían multas, los amonestaban y en 1979 finalmente les cerraron la radio; pero esta vez la noticia ocupó, en letras grandes, la portada del Diario LA PRENSA.

Esta antena de la Corporación fue derribada en tiempos del régimen de los Somoza.
LA PRENSA/ CORTESÍA DE RADIO CORPORACIÓN

“En una nueva escalada de brutal represión política contra los medios informativos independientes, el Jefe de Radio y Televisión, teniente coronel Alberto Luna, seguramente siguiendo instrucciones precisas de su jefe máximo, procedió hoy al cierre por tres meses de Radio Corporación, una de las emisoras más caracterizadas por decirle al pueblo la verdad de cuanto ocurre en nuestro desventurado país signado por una ola de violencia y muerte”, detalló el rotativo el 27 de marzo de 1979.

Como si el cierre de la emisora hubiese sido poco, el teniente coronel Luna decidió que también había que aplicar una multa de dos mil córdobas al noticiero 10 en punto. Así castiga al radioperiódico por haber transmitido entrevistas con las madres de las víctimas de la represión somocista, a quienes se les había rendido homenaje en el auditorio Juan XXIII de la Universidad Centroamericana (UCA).

Poco antes de eso ya había sido multado con una suma de tres mil córdobas el programa de Sucesos porque, lo mismo, a Luna no le había gustado una entrevista.

“Radio Corporación ha sido cerrada por hablar el lenguaje de su pueblo, el lenguaje del sufrido pueblo nicaragüense que está siendo aniquilado por la dictadura más despótica que haya padecido pueblo alguno por tanto tiempo”, dijo LA PRENSA en su edición del miércoles 28 de marzo.

Antes, igual que ahora, los medios independientes no se llevaban bien con la dictadura. Por eso don Fabio se alegró con la caída de Anastasio Somoza Debayle. Pensó que venía una nueva era para el periodismo, que al fin se había conquistado la libertad de prensa. Pero pronto supo que estaba muy equivocado.

 

El equipo que se usaba antiguamente en la «Corporancia». LA PRENSA/ ARCHIVO

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Década sandinista

El 20 de julio de 1979, recuerda don Fabio, viajó en avioneta de Honduras a Nicaragua, esa “Nicaragua libre” que todos celebraban. Llegó al hotel Camino Real y ahí le presentaron a un hombre bigotudo de gruesos anteojos llamado Daniel Ortega Saavedra. Se habló de un sistema sandinista de transmisión revolucionario y se puso a las radios en cadena.

Se suponía que sería algo temporal pero “a los dos, tres meses nos dimos cuenta de que, ¡ideay! la cadena seguía”, relata el fundador de la “Corporancia”. “Nos reunimos los radiodifusores y fuimos a hablar con Bayardo Arce, que era el supuesto jefe de esa cosa, nos dijo que en quince días iban a quitar la cadena y la quitaron, pero empezó una serie de censuras”.

Censuras más absurdas que las del régimen de los Somoza. Un montón de “babosadas”, en palabras de don Fabio. No se podía anunciar la pastilla Alka Seltzer, porque los sandinistas consideraban que su publicidad era engañosa porque “no servía para el estómago, sino que quitaba el dolor de cabeza”. Tampoco podía hablarse de tal producto, porque tenía “una fórmula mentirosa” y, el colmo de los colmos, también el pobre Pancho Madrigal fue censurado porque a veces se le ocurría hablar de temas espinosos.

Destrucción causada a la radio por turbas sandinistas en noviembre de 1991. LA PRENSA/ ARCHIVO

“Comenzamos a hacer el noticiero y aquello era la repetición de Somoza o peor. Nos llamaban para decirnos que cómo era posiiible que estuvieras haciendo eso en ese momento, cuando venía la invasión imperialista”, recuerda don Fabio.

La censora, relata, le decía:

—Ustedes me están faltando el respeto.

—¿Pero en qué? —preguntaba don Fabio.

—Es que no me hacen caso.
—Pero si la libertad es la libertad. ¿No hicimos revolución para ser libres?

—Sí, pero es que ahorita viene la invasión imperialista.

“Y esa jodienda era todos los días”, afirma el periodista. “Otro día mandaron a cerrar el noticiero 10 en punto tres días, porque dijo que le habían puesto una bomba en Costa Rica al Negro Chamorro”. Y cuando don Fabio se encontró a Bayardo Arce en una fiesta de las que ofrecía la embajada estadounidense, le dijo: “Vos estás como el coronel Luna, mandás a cerrar el noticiero porque dio una noticia, ¡si es cierto! ¿Cuál es el problema?”.

—Eso no es cierto. —Habría contestado Arce.

—Esa noticia la redactó tu amigo Alejandro Cordonero.

—Es que Cordonero tiene muchas limitaciones.

“Así fueron siendo peor y peor. Total que un día la Contra puso una bomba que no hizo nada en el puente del río Coco en Ocotal, y Daniel Ortega aprovechó y puso el estado de sitio. Era prohibido hacer noticieros y programas de opinión. Entonces dije, ‘¿qué voy a estar haciendo aquí?’. Me fui al exilio con mi familia y se quedaron aquí Carlos (Gadea Mantilla) y José Castillo, socios, viviendo de anuncios de pulpería y poniendo música. Aguantando las penurias de aquí. Yo me fui ocho años y volví en el noventa”, cuenta don Fabio.

En 1982 se fue para Costa Rica y allá se volvió el jefe de divulgación de la Contrarrevolución que peleaba contra el régimen de los sandinistas. Con el triunfo de doña Violeta Barrios de Chamorro, el empresario volvió a Nicaragua y se dedicó a levantar los números de Radio Corporación, que estaban por el suelo.

En el período de doña Violeta el país inició una transición de la guerra a la paz y del totalitarismo a la democracia; sin embargo, eso no significó que al fin los periodistas independientes podrían trabajar en paz. Daniel Ortega andaba por ahí, gobernando desde abajo, e igual que otros medios, la Corporación sufrió ataques de turbas sandinistas.

Locutores de antaño en un programa de Radio Corporación. LA PRENSA/ ARCHIVO

Fueron ocho ataques en total, asegura el gerente de la “Corporancia”. Unos en los años ochenta y otros en tiempos de doña Violeta, pero todos cometidos por el Frente Sandinista.

La popularidad de Fabio Gadea Mantilla lo llevó a competir por la Presidencia de Nicaragua en las elecciones de 2011, cuando existía una pequeña esperanza de que triunfara la voluntad del pueblo. Pero el resultado fue que Daniel Ortega se reeligió para un segundo periodo.

En la oficina de don Fabio en la Corporación hay una pared forrada con fotos de aquella campaña presidencial. Está seguro de que ganó la contienda. “Conseguí una montaña de votos que terminó en un enorme fraude”, declaró en 2016 cuando, a través de su programa radial Cartas de Amor a Nicaragua, rechazó la candidatura que le ofrecían porque no había habido ningún cambio en el Consejo Supremo Electoral.


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Actualidad

Los rótulos piden “silencio”, como si se tratara de un templo o una biblioteca. Es la Corporación, que está transmitiendo su noticiero de mediodía. A esta hora ya varios periodistas han regresado de su reporteo en las calles y comparten un diminuto cuarto lleno de computadoras.

Ahí trabaja Larry Sevilla, golpeado por la Policía en 2015, cuando transmitía en vivo una manifestación ciudadana en el sector de Metrocentro. Y también está Marisol Balladares, la periodista que en julio de 2018 recibió amenazas en su propia casa, cuando dos mujeres llegaron a decirle que dejara de “hablar en la radio” o se “atenía a las consecuencias”. Nadie se amedrenta.

Todos los días se producen cinco o seis noticieros, de 4:00 de la mañana a 11:00 de la noche. Y hay programas de opinión, transmisiones en vivo, Cartas de amor a Nicaragua, Pinceladas nicaragüenses y el infaltable Pancho Madrigal. Es otro mundo. Así ha crecido la pequeña radio de la 540.

Acá se graban las viñetas radiales y la publicidad, así como las Cartas de Amor a Nicaragua y las Pinceladas Nicaragüenses de don Fabio Gadea Mantilla. LA PRENSA/ OSCAR NAVARRETE

Periodistas asediados

Durante la crisis que atraviesa Nicaragua, el edificio de Radio Corporación no ha sufrido ataques, pero sí sus periodistas.

En 2018 Yilber Idiáquez, periodista de la emisora, denunció que la persecución en su contra había llegado al extremo de a través de las redes sociales ofrecieron una recompensa de cinco mil dólares para quien lo entregara. Lo acusaban de “golpista” por su labor de informar lo que estaba ocurriendo en la ciudad de Masaya, donde la represión orteguista fue brutal.

El periodista de Radio Corporación y también dirigente de la Asociación de Periodistas de Nicaragua (APN), Gustavo Bermúdez, también señaló que igual habían sido amenazados los corresponsales de la emisora en Matagalpa, Rivas y Carazo.

En mayo de 2018 el periodista Ismael López, entonces encargado del noticiero estelar de la Corporación, también denunció al orteguismo por el asedio sufrido. Unos sujetos a bordo de una camioneta blanca advirtieron a trabajadores de Radio Corporación que se “atuvieran” a las consecuencias de lo que informaban, dijo López.

Según el periodista, a eso de las 11:00 de la noche los guardas de seguridad de la radio escucharon unos “murmullos” y salieron averiguar qué pasaba. Sin embargo, no pudieron identificar a los sujetos ni la placa del vehículo.

En esta sala se transmiten los noticieros y también los programas radiales de opinión y los que son campos pagados. Al fondo, el célebre Pancho Madrigal, icono de la radio. LA PRENSA/ OSCAR NAVARRETE

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