¡Marchar! ¿No marchar?

A un nuevo gobierno compete la responsabilidad de interpretar el clamor del pueblo, y no a grupos cuyos miembros caben a duras penas en una caponera

marchar, protestas

Esta actividad mantiene paralizado el avance en el diálogo nacional que a todas luces es esencial a corto plazo para el futuro del país. El objeto de esta propuesta es ofrecer una plataforma manejable y cuantificable cumpliendo con las metas de toda negociación: “Ganar-ganar” y es aplicable, solo y solamente a esta acción concreta.

En efecto, los interesados a) los representantes designados por los manifestantes potenciales y b) la Policía Nacional, se pondrán de acuerdo en crear escuadrones de vigilancia al grupo que marcha. Objetivo: proteger a los participantes (marchantes) de amenazas exteriores e interiores, o de fuerzas que tienen como meta desbordar la actividad pacífica del grupo. Esta forma de “seguridad comunitaria temporal” parece inusual pero estamos en circunstancias muy sensibles e inusuales.

Las ventajas para las partes son evidentes; la oposición podrá regresar pacíficamente a las calles y demostrar su capacidad de convocatoria y unidad ante la problemática de Nicaragua; los grupos pro estatus quo (gobierno) también lograrán fortalecer sus unidades y la Policía Nacional demostrará que admite la existencia de la crítica dentro de un ambiente de libertad y de orden, esto naturalmente le dará a la institución, ya desprestigiada nacional e internacionalmente, un segundo aliento de confiabilidad ante la población. Dicho sea de paso, cada uno de los puntos de agenda en el diálogo nacional tienen solución “ganar-ganar”, incluyendo el camino crítico de implementación de los acuerdos.

Las fuerzas del infantilismo político; anarquistas, románticos, trotskistas, arribistas, inquisidores y trasnochados ideológicos dirán que la propuesta es una forma de colaboracionismo tipo Consejo Superior de la Empresa Privada (Cosep). ¡Falso! Este tipo de crítica se basa en la destrucción total de lo existente o hacer tabula rasa del pasado. ¿Desde cuándo se ha podido hacer borrón y cuenta nueva en el desarrollo de los pueblos?

Como soporte a mi propuesta diré que la pretensión de diálogo es para buscar consenso entre las partes que lleve a unas elecciones libres y supervisadas por locales y observadores internacionales, y así, al fin, aceptar la existencia de un gobierno legítimo que en principio traerá unidad nacional para luchar contra el verdadero enemigo, el subdesarrollo estructural en todos sus componentes.

Lo que impida el objetivo final tendrá que ser manejado y administrado como objeto de negociación circunstancial, por ejemplo, ¿qué sentido tiene hablar de justicia y compensación económica al momento actual si no hay estructuras que garanticen la aplicación de las decisiones tomadas? ¿Llamar a la OEA como garante? ¡Absurdo!

A un nuevo gobierno compete la responsabilidad de interpretar el clamor del pueblo, y no a grupos cuyos miembros caben a duras penas en una caponera.

El autor es sicólogo clínico e industrial con capacitación en Desarrollo de Proyectos.

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