Si no cumplen es por algo

La negociación ha sido asimétrica: del poder contra la razón, de la fuerza bruta contra la fuerza cívica y también en los fines: uno de los bandos tiene como objetivo permanecer en el poder a cualquier costo

cansancio, Nicaragua

El título podría sugerir al lector una defensa del régimen ante la firma de los acuerdos con la Alianza Cívica y su evidente negativa a restablecer los derechos constitucionales atropellados bajo el estado de sitio de hecho que padecemos, pero no lo es.

Es en efecto un reconocimiento tácito del régimen de que han perdido toda legitimidad y que también han perdido las calles. Por tanto, si permiten la protesta ciudadana y restablecen las garantías constitucionales, podrían perder el poder, que sustentan en la fuerza bruta, en la represión y no en la legitimidad derivada del voto popular incuestionable.

Por eso el más mínimo “aleteo” de protesta o inconformidad ciudadana, como lo fue la tarde del sábado pasado una regada sorpresiva de papelillo azul y blanco en la pista Jean Paul Genie, es enfrentada por una fuerza policial desproporcionada. Es una muestra que vemos a diario de su paranoia represiva. De igual manera, una liberación no a cuentagotas sino completa, de todos los prisioneros políticos, provocaría una euforia ciudadana que podría poner en aprietos a la dictadura con un efecto dominó espontáneo de rebelión ciudadana. Quizás por eso se tomarán, si acaso cumplen los acuerdos con la OEA y la Alianza Cívica, los 90 días.

La negociación ha sido asimétrica: del poder contra la razón, de la fuerza bruta contra la fuerza cívica y también en los fines: uno de los bandos tiene como objetivo permanecer en el poder a cualquier costo y el otro bando, la democratización de Nicaragua por medio de un proceso electoral libre y anticipado que dé legitimidad de quien resultare electo, pero significaría seguramente la pérdida del poder de quienes ya la han perdido entre los fraudes electorales, los cientos de muertos y los presos políticos.

Así las cosas, me decía un viejo amigo el pasado domingo, que era previsible que no se llegaría a un acuerdo y aquellos que se han firmado, podrían no ser cumplidos. Si fuera una negociación simétrica en que ambos bandos ganan con toda claridad en alcanzar sus objetivos, otro gallo cantaría.

Empeora la situación y envalentona a la dictadura Ortega-Murillo, como lo han señalado algunos analistas, la consolidación de Maduro en Venezuela y la aparente permisibilidad de los Estados Unidos y su presidente Trump, quien no parece estar dispuesto a cumplir con sus promesas de sus bravucones tuits, mientras rusos y cubanos sí se pasean libremente en Caracas, y Guaidó está cada vez más cerca de la cárcel. Así las cosas, Ortega y Murillo podrían arriesgar demasiado si sueltan las libertades ciudadanas y aceptan un proceso electoral anticipado, tomando en cuenta que no les interesa, como ha quedado demostrado, ni la economía del país, ni las libertades ciudadanas, ni la verdadera paz de Nicaragua, y su único objetivo es la impunidad y la permanencia indefinida en el poder.

El autor es periodista, exministro y exdiputado.