Monseñor Baéz sale por la puerta grande

Monseñor Báez es de esos personajes que aparecen solo de tanto en tanto en la historia y apareció en Nicaragua cuando más se le necesitaba. Su mano ha estado en muchos eventos y documentos que han molestado al régimen

En Letra Pequeña, Silvio Báez

Silvio Báez

Monseñor Silvio José Báez sale de Nicaragua por la puerta grande. Cargado en hombros por los muchos que lo respetamos y admiramos. Puede ser que lo lleven para sacarlo de juego. Un exilio forzado. Puede ser que lo hagan por su seguridad. Su vida corre peligro. El tiempo dirá qué mano y con qué intención movió esta pieza. De lo que no hay duda es que Báez es la cara más visible de un grupo de obispos, pastores, que revitalizaron la imagen de la iglesia católica en Nicaragua, cuando a pecho descubierto, enfrentaron a la bestia para proteger a su rebaño.

Claro y pelado

Las declaraciones de monseñor Báez no admiten “lectura entre líneas”. Fue claro. No se va por su gusto. No pidió irse. Hay intereses en la movida. Él es un soldado, y obedece. Hubo información de máxima credibilidad sobre planes para asesinarlo. Aún así, no estaba en sus planes dejar Nicaragua en estos momentos. No sabe a qué va a El Vaticano porque no le han dicho. Claro y pelado. Y no callará, esté donde esté. La voz se le quiebra. Llora. Grande monseñor Báez.

Ocupa INSS

A monseñor Báez lo vimos enfrentando las turbas sandinistas la mañana del 22 de junio de 2013. Por honor a la verdad hay que decirlo: fue él quien pasó buscado al cardenal Leopoldo Brenes y fue él quien regañó a las turbas encabezadas por el tristemente célebre Pedro Orozco. No es poca cosa encarar a un grupo de matones en plena faena criminal. Era San Francisco de Asís enfrentando al lobo de Gubbia de «la boca espumosa y el ojo fatal».  Un par de horas antes esta turba había ejecutado el despiadado asalto a los jóvenes de Ocupa INSS. Cayeron como hordas al campamento que se solidarizaba con los jubilados y los golpearon en masa. Destruyeron y robaron con la complicidad de la Alcaldía, el Estado y la Policía.

Diálogo

El diálogo que se produjo esa vez es un clásico que refleja el coraje de Báez. Quedó grabado en video. “Escuchen nuestra voz. Vayan a su casa a estudiar”, exige el obispo con voz fuerte. Pedro Orozco pone cara de beatitud y responde: “Nosotros estamos acá desde nuestros principios cristianos y solidarios respaldando la lucha…” Báez: “Ese no es modo, ese no es modo de hacerlo. Porque con esa música y esas camisetas del gobierno no están contribuyendo a la paz. ¡Seamos serios, porque aquí no somos tontos! ¡Aquí no nos van a engañar! Contribuyan a la paz. O se ponen en contra de la paz”. Los muchachos que acuerpan a Orozco comienzan con desgano un coro: “Queremos la paz, queremos la paz, que…” “No, no”, les sale al paso Báez, “gritando eso no la van a conseguir. ¡Cálmense! Así le gritaron a Juan Pablo Segundo”.

Vidas salvadas

También vimos a monseñor Báez protegiendo en la catedral a jóvenes perseguidos. Igualmente era Báez quien animaba al cardenal Brenes, al Nuncio Waldemar Stanislaw y a otros religiosos a llegar en caravana a Monimbó y Diriamba ante inminentes masacres. ¿Cuántas personas están vivas hoy gracias a esa providencial asistencia?

Nuncio

A ver, esto no fue que un día al papa Francisco se le ocurrió: “Hombré, voy a traer al obispo Silvio Báez para acá”. El papa actúa por recomendaciones y por movidas estratégicas. ¿Cuál es la estrategia para Nicaragua? ¿A quién molestaba la presencia de Báez en la Conferencia Episcopal? El nuncio Waldemar Stanislaw no puede estar ajeno a esta movida. Y es a quien le corresponde explicar esta jugada que va más allá de una decisión religiosa. Es política. Y tiene que ver, como mostramos, incluso con vidas y muertes.

Regreso

Báez es de esos personajes que aparecen solo de tanto en tanto y apareció en Nicaragua cuando más se le necesitaba. La mano de Báez ha estado en muchos eventos y documentos que han molestado al régimen. La jugada no es sacar a monseñor Báez de Nicaragua, es sacarlo de la Conferencia Episcopal, donde perderá la incidencia que en su momento tuvo. Estoy seguro que no se callará. Si, perdemos su presencia que ha sido tan necesaria y decisiva. También estoy seguro que regresará, y lo hará por una puerta más grande. Tal vez como cardenal. Lo merece.

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