La vida de monseñor Silvio Báez, el obispo del pueblo

Es políglota, le gusta la música clásica y siente pasión por el beisbol. Le contamos un poco sobre la vida del sacerdote que alzó su voz contra el régimen de Daniel Ortega.

Monseñor Silvio José Báez, obispo auxiliar de Managua. Foto/ Oscar Navarrete

En la parroquia Santísimo Redentor había lleno total el miércoles. Cientos de feligreses llegaron desde muy temprano y cuando ya no hubo lugar en las bancas, se quedaron de pie, abarrotando los pasillos del templo, atentos a cada palabra del hombre que hablaba desde el altar. Bajo un gigantesco Cristo crucificado, Silvio Báez daba una charla sobre la celebración de la Pascua. Y nadie decía nada, pero todos habían escuchado la noticia esa misma mañana: “Monseñor Báez se va para Roma, por tiempo indefinido”.

Tronaron los aplausos cuando el obispo terminó de hablar y, pasado medio minuto, todos los feligreses se pusieron en pie. Alguien levantó una pancarta. Otros ondearon banderas, banderas azul y blanco, de esas que ahora son de alto riesgo en Nicaragua. “¡Báez, amigo, el pueblo está contigo!”, se elevó una voz, por encima del estruendo de las palmas. Y los demás la siguieron. De pronto el público silencioso se había transformado en un multitudinario coro. Lloraban unos, gritaban otros: “¡Viva Silvio Báez!”

En el altar, emocionado, el sacerdote sonreía. Eran las 7:00 de la noche del miércoles 10 de abril y esa fue la primera manifestación pública de sus seguidores, tras conocerse, horas antes y de boca del propio Silvio Báez, que será trasladado al Vaticano por órdenes del papa Francisco.

La orientación del papa fue anunciada diez años y un día después del nombramiento de monseñor Báez como obispo auxiliar de la Arquidiócesis de Managua, ocurrido el 9 de abril de 2009. Antes de recibir ese cargo y convertirse en una de las voces más críticas del régimen de los Ortega Murillo, Báez vivió veinte años entregado a sus estudios en Roma, la ciudad a la que ahora vuelve. Pero su historia comienza en Masaya, el pueblo que lo vio nacer.

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El obispo Silvio Báez visita una parroquia de la capital, semanas antes de que se anunciara su traslado a Roma. FOTO/ OSCAR NAVARRETE

La Ciudad de las Flores

Silvio José Báez Ortega nació en Masaya el 29 de abril de 1958. Pronto cumplirá 61 años. Su padre fue Silvio Báez Tablada y su madre, la profesora Vilma Ortega. Creció en la Ciudad de las Flores, a la que muchos años más tarde, el 21 de junio de 2018, habría de regresar como obispo de la Conferencia Episcopal para evitar que antimotines y paramilitares masacraran a la población.

Ese jueves de junio los masayas amanecieron bajo una terrible alerta. A las 5:30 de la mañana sonaron las campanas de la iglesia católica anunciando la posible incursión de las violentas fuerzas del orteguismo, que en esos días buscaban cómo quitar a toda costa las barricadas de Monimbó. Nacido y criado en esa ciudad, a monseñor Báez le afectaban especialmente las malas noticias que llegaban de Masaya.

El pasado 10 de abril Silvio Báez anunció que por órdenes del papa Francisco será trasladado a Roma por tiempo indefinido. Foto/ Oscar Navarrete

“Si el gobierno ataca al amado pueblo de Monimbó, provocará una matanza inimaginable. ¡Monimbó no se toca! Esta población indígena de Masaya es el corazón de Nicaragua. A estos amados hermanos les ofrezco mis oraciones para que Dios los proteja. ¡Alto a la represión!”, escribió esa mañana en su cuenta de Twitter, antes de trasladarse a Masaya con el cardenal Leopoldo Brenes y el nuncio apostólico Waldemar Stanislaw.

En la memoria colectiva quedaron grabadas las imágenes de la gente que se arrodilló en las calles para recibir a los obispos y los tranques que fueron abiertos para dejarlos pasar hasta la placita de Monimbó. “La Iglesia está ahí donde se manifiesta el rostro de su gente… ahí donde se mata injustamente, por eso estamos aquí”, dijo Silvio Báez, entre los gritos de júbilo y los aplausos de los masayas. Gritos parecidos a los que se escucharon el miércoles pasado en la parroquia Santísimo Redentor. Alegría mezclada con dolor.

 El obispo Silvio José Báez cuando era un niño de 11 años de edad y compitió para mejor alumno de primaria de todo el país. En la imagen, su madre Vilma Ortega le acomoda el cuello de la camisa.

La tarde que la Iglesia llegó a Masaya, Báez fue recibido como sacerdote y obispo, pero también como un masaya más. Ahí en la capital del folclor estudió primaria y secundaria, en el Colegio Salesiano, y en 1969 estuvo a punto de ganar el galardón de mejor alumno de primaria del país.

Cuando tenía 15 años su padre abandonó el hogar. Un día simplemente desapareció de la casa y su madre se hizo cargo de la educación de los cuatro hijos de la pareja, entre ellos una mujer. Sin embargo, doña Vilma jamás les inculcó el rencor, relató el sacerdote en 2017, en entrevista con Eduardo Cruz, de Revista Domingo. Mucho tiempo después, don Silvio Báez Tablada regresó para pedir perdón, un año antes de morir. Sus hijos le dijeron que “estuviera tranquilo”.

De la profesora Vilma, Silvio Báez aprendió el gusto por el estudio. Había empezado una prometedora carrera de Ingeniería Eléctrica en la Universidad Centroamericana cuando, a los 19 años, decidió que quería ser sacerdote y lo abandonó todo. Incluida la novia que en ese tiempo tenía. Para ella “fue una ruptura muy dolorosa”, recordó el sacerdote en 2012, entrevistado por Fabián Medina. “No olvido la frase que ella me dijo: ‘Tú te vas por una motivación religiosa, y yo con qué me quedó’”, recordó el obispo. Pero la novia era “una muchacha de fe” y comprendió que no podía ir contra el llamado de la vocación. La que no tomó bien la noticia fue la madre de Silvio.

“Mi mamá se opuso casi violentamente. Casi toda mi familia, a excepción de mis hermanos. Y con la oposición de todos fui adelante”, relató el sacerdote en esa entrevista. “En el camino de la fe y en el camino de la vocación sacerdotal no faltan dificultades, problemas, desánimos, desilusiones. Pero puedo decir con certeza que desde que tomé la decisión, hasta hoy, nunca he dudado de mi vocación”.

En 1979 viajó a San José, Costa Rica, para ingresar al Seminario de los Carmelitas Descalzos. Fue ordenado sacerdote en 1985 y nueve meses después, ese mismo año, los Carmelitas lo mandaron a Roma para que estudiara las Sagradas Escrituras. Todos los años venía a Nicaragua, aunque fuera por una semana, pero fueron más de veinte años los que pasó fuera, algo que según él no impidió que siguiera amando a su país.

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En la foto, una fotografía de monseñor Silvio Báez junto a su madre, la profesora Vilma Ortega. Foto/ Oscar Navarrete

Nombramiento como obispo

El 18 de marzo del 2009, Silvio Báez estaba en su oficina de profesor y vicedecano de la Pontificia Facultad Teológica Teresianum, en Roma, cuando recibió una llamada del cardenal prefecto de la Congregación para los Obispos. Le pedía que se presentara a la Santa Sede porque le urgía hablar con él.

“Me hicieron obispo —pensó Báez—, ¿para qué otra razón va a querer hablar conmigo el prefecto de la Congregación para los Obispos?” Para entonces llevaba 20 años residiendo en Roma, pasaba encerrado en bibliotecas centenarias (por eso ni se afeitaba la barba) y vivía un gran momento. Dirigía la revista científica de la facultad. Impartía cátedra sobre las Sagradas Escrituras. Tenía contratos con editoriales para realizar publicaciones. Y estaba a punto de cumplir un sueño: publicar un manual de Antropología Bíblica, señaló en 2017 en el reportaje publicado por LA PRENSA.

Una orientación del papa Benedicto XVI le cambió la vida. Decidió enviarlo a Managua, como obispo auxiliar. Además de todo lo que estaba viviendo en Roma, a Báez le dolía también tener que dejar a su “familia”, a los demás hermanos carmelitas. Con ellos había encontrado mucha fraternidad, oración intensa y una misión evangelizadora. Justo lo que andaba buscando en 1979. Pero no tenía una justificación para oponerse a su traslado. En Roma casi había olvidado que se había convertido en sacerdote con la intención de “servir al pueblo de Nicaragua” y la orden del papa lo devolvió a sus orígenes.

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Silvio Báez en su cocina. Él mismo se ha hecho cargo de los quehaceres en su modesta casa. Foto/ Oscar Navarrete

Sabía que en Nicaragua las cosas no estaban fáciles. Acababa de concretarse el fraude de las elecciones municipales de 2008 y ya el régimen de Daniel Ortega había dado las primeras muestras de violencia, al sacar a sus grupos de choque para reprimir la protesta de la oposición. Báez, quien se define como “un partidario apasionado de la verdad”, sabía que a algunos no les agradaría que él llamara “las cosas por su nombre”.

El jueves 9 de abril de 2009 fue nombrado obispo auxiliar de Managua y ese nombramiento, que se concretó el 30 de mayo de ese año en la Catedral, lo inundó de sentimientos encontrados de dolor y alegría. Dolor, porque significaba dejar a su familia religiosa, los Carmelitas Descalzos, y alegría porque significaba regresar a su patria, Nicaragua, la que había dejado durante más 20 años.

Con su hermano Javier Báez (ahora en el exilio) y su cuñada Yolanda.

Naturalmente, cuando regresó a Nicaragua casi no conocía a nadie. “Solo a unos pocos obispos”. Al cardenal Leopoldo Brenes, porque era sacerdote cuando Báez era seminarista. A monseñor Bosco Vivas, porque son parientes. A monseñor David Zwicht, porque lo conoció en Costa Rica con los capuchinos. Y al cardenal Miguel Obando, porque lo veía en las noticias. El sacerdote se propuso conocer a su nueva familia religiosa; dedicó su agenda a conocer a otros curas, visitar las parroquias de Managua, Carazo y Masaya, y no se volvió un hombre de grandes círculos de amistades, pero dejó de sentirse extranjero en su propio país.

En 2017 señaló que podía contar con los dedos a sus amigos cercanos, algo que le permitía dedicar la mayor parte de su tiempo a servir a los demás. Para entonces, una vez a la semana lo visitaban su hermano Javier y su cuñada Yolanda, a fin de ayudarle con la limpieza de la casa. Pero normalmente, Silvio Báez invertía su tiempo libre en ver alguna película, escuchar música clásica o leer algún libro.

“Me encanta leer clásicos de la literatura, soy enamorado de las obras de Sergio Ramírez Mercado, de Gioconda Belli, como nicaragüenses, y de otros autores clásicos no nicaragüenses como Gabriel García Márquez, casi he leído todas sus obras”, expresó en agosto de 2018, en entrevista con Niú.

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Despedida

Este miércoles 10 de abril todos en el Santísimo Redentor querían un abrazo, un beso, una foto con el sacerdote. Se amontonaron en el altar de la iglesia para saludarlo por turnos, mientras en el templo sonaba un canto de despedida. “Tú eres mi hermano del alma realmente el amigo, que en todo camino y jornada está siempre conmigo…”

Báez se va otra vez de Nicaragua, por tiempo indefinido. Pero ahora ya no es desconocido.

Silvio Báez nació el 29 de abril de 1958. Pronto cumplirá 61 años.

Cuatro momentos

El mejor alumno: A los 11 años de edad Silvio Báez fue el segundo mejor alumno de primaria de todo el país. Sus familiares y profesores notaron que su examen tenía unos borrones, donde se podía apreciar que inicialmente Báez había obtenido más puntaje, y por lo tanto, hubiera quedado en primer lugar. El reclamo fue tan fuerte que La Prensa le dedicó la nota principal de su portada en la edición del 11 de septiembre de 1969.

«Aquí no somos tontos”: El 22 de junio de 2013, monseñor Báez llegó a la rotonda Hugo Chávez, durante un movimiento llamado OcupaINSS, que daba apoyo a las protestas de los ancianos, y regañó públicamente a Pedro Orozco y otros miembros de la Juventud Sandinista, quienes gritaban consignas para callarlo. “Seamos serios porque aquí no somos tontos tampoco aquí no nos van a engañar, eso se opone a la paz, están creando tensión (…) la primera que quiere la paz es la Iglesia”, dijo.

Conversión: Su conversión al Evangelio tuvo lugar en 1977. Se fue a Costa Rica en contra de la voluntad de su madre y de la mayoría de su familia. Dejó a su novia, con la que tenía “un amor muy bonito y sano”, pero pudo más su amor por el Evangelio. Estuvo fuera del país desde enero de 1979 hasta abril del 2009. Fue ordenado sacerdote en 1985. Lo enviaron de nuevo a Roma para ser docente. Y cuando estaba en lo mejor de su carrera académica e intelectual, lo nombraron obispo en Managua.

Políglota: Graduado en Teología y Filosofía, estudió una licenciatura en Escrituras Sagradas y luego un doctorado en dicha disciplina. Domina tanto el italiano como el español, habla inglés y francés y lee alemán. Además, tuvo que aprender otros cuatro idiomas, antiguos y de los que tres ya no se hablan: arameo, hebreo antiguo, griego antiguo y una lengua oriental de la cual solo queda la forma escrita, pero se perdió la pronunciación: el ugarítico. Es exégeta y coordinó la traducción de una edición de la Biblia para América Latina, encargada por ediciones Paulinas. El trabajo de un exégeta de la Biblia es descubrir el sentido original que tuvo el texto para sus lectores primeros y presentarlo con el lenguaje y los problemas de hoy.

Monseñor imparte la comunión en una misa. 

Libro

Monseñor Silvio Báez emite opiniones o comparte frases todos los días en su cuenta de Twitter. De hecho, escribió un libro sobre sus tuits que se llama #EvangelioDeHoy: Tuits de la Buena Nueva de Jesús de Nazaret.

“El libro es fruto de varios años de estar presente en las redes sociales, de modo particular en Twitter. Estoy convencido de que internet y las redes sociales son una experiencia real, constituyen un verdadero espacio de vida que se está convirtiendo cada vez más en parte integrante de la vida cotidiana”, aseguró monseñor Báez en 2017.

Su libro va dirigido a todo público, pero sobre todo “a los jóvenes, que son la población mayoritaria en las redes sociales”.


Ayudando a repartir el almuerzo en un asilo de ancianos de las Misioneras de la Caridad. FOTO/ ARCHIVO

10 datos sobre Silvio Báez

  1. A los 19 años dejó a su novia y la carrera de Ingeniería Eléctrica que estudiaba para meterse al Seminario con vistas a ser padre carmelita.
  2. Su padre abandonó el hogar cuando él tenía 15 años. Justo en el terremoto.
  3. Cuando entró al Seminario su aspiración era “ser un curita de pueblo”.
  4. Perteneció antes al Movimiento de Renovación Carismática que se caracteriza por los aplausos y gritos en sus celebraciones. “Yo no me avergüenzo de decir que ahí conocí a Cristo”, dice.
  5. Cuando rompió con su novia, ella le dijo: “Tú te vas por una motivación religiosa, y yo con qué me quedo”.
  6. Toda su familia se opuso a su ingreso al Seminario. “Mi mamá se opuso casi violentamente. Casi toda mi familia, a excepción de mis hermanos. Y con la oposición de todos fui adelante”.
  7. Su comida favorita es el indio viejo, con tortilla. Le gusta la música de Carlos Mejía Godoy y los libros de Sergio Ramírez Mercado y Gioconda Belli.
  8. Dice que no tiene propiedades, no tiene cuentas en el banco, no tiene salario y vive de las ayudas que le dan los fieles y de las conferencias que de vez en cuando da en el exterior.
  9. La pasión de Báez siempre fue el beisbol. Iba a ver jugar al San Fernando. También aprendió el ajedrez, porque se lo enseñó su mamá, quien falleció en marzo del 2016.
  10. Afirma que “no, absolutamente no”, “ni pensarlo”, cuando se le pregunta si alguna vez se le verá como candidato a un cargo político.

 

 

 

 

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