Nicaragua resucitará

Monseñor Báez exhortó a “no olvidar ni ser indiferentes ante las víctimas crucificadas de hoy; frente a los presos políticos, exiliados, a los que se ocultan temerosos; frente a las madres que lloran por los asesinados por la represión”

Una mala consejera, Nicaragua

Al comenzar la celebración de la Semana Santa, en la misa del Domingo de Ramos que ofició en la iglesia parroquial de Esquipulas, jurisdicción de Managua, monseñor Silvio Báez se refirió a la conmemoración en estos días del aniversario del estallido social de abril de 2018 y la matanza de seres humanos perpetrada por la dictadura para sofocarlo.

Monseñor Báez exhortó a “no olvidar ni ser indiferentes ante las víctimas crucificadas de hoy; frente a los presos políticos, exiliados, a los que se ocultan temerosos; frente a las madres que lloran por los asesinados por la represión”.

El obispo auxiliar de Managua también se refirió a su traslado a Roma. “Me han pedido que me fuera. He dicho que me duele porque mi pueblo queda crucificado. Pero un pueblo crucificado resucita siempre… Dios está de parte de la víctima, no del verdugo”, sentenció monseñor Silvio Báez.

La decisión del papa Francisco de sacar de Nicaragua al obispo más carismático ha consternado a la población democrática y motivado dos grandes percepciones. Una es que el papa se lleva al obispo Báez para proteger su vida y la otra que es resultado de una intriga para sacarlo del escenario sociopolítico del país.

En cuanto a la primera percepción, es innegable que monseñor Silvio Báez ha sido amenazado de muerte. Él mismo reveló que la Embajada de los Estados Unidos le había advertido el año pasado sobre un complot que se estaría fraguando para asesinarlo. En ese orden el obispo de Estelí y secretario de la Conferencia Episcopal de Nicaragua, monseñor Abelardo Mata, dijo a LA PRENSA que él no duda de “la recta intención del santo padre” de poner a Báez “a buen resguardo de las amenazas que hace rato viene recibiendo”.

Sin embargo el mismo obispo Mata dejó una duda sobre este caso al decir que “la salida física de monseñor Báez del escenario de la vida de la patria y de la provincia eclesiástica nicaragüense, deja un mal sabor, sobre todo cuando él afirma que no ha pedido ser trasladado”.

Ese “mal sabor” lo sienten quienes consideran que a monseñor Báez lo retiran del país por su gran liderazgo y su valerosa denuncia de los abusos que sufre el pueblo nicaragüense a manos de la dictadura. Inclusive aseguran que gente poderosa ha visto al obispo auxiliar de Managua como obstáculo a un supuesto plan para lograr en la mesa de negociación política con el régimen, una solución mediatizada de la crisis de Nicaragua que garantice la permanencia del dictador Daniel Ortega en el poder.

Pero la verdad es que no hay ninguna certeza de lo que se comenta sobre la decisión del papa Francisco de llevarse al obispo Báez a Roma. Y en lo que respecta a la negociación política para resolver la crisis nacional, tampoco hay indicios creíbles de que la Alianza Cívica podría claudicar y renunciar a la demanda de una reforma electoral democrática y elecciones libres adelantadas.

Las que serían para sacar a Ortega del poder por medio de los votos y poner fin a la dictadura de manera cívica y pacífica.