El despertar de Nicaragua

Todo comenzó el 18 de abril con una pequeña protesta estudiantil por una injusta reforma del Seguro Social. La protesta fue reprimida con su acostumbrada brutalidad por la Policía y fuerzas de choque

Una mala consejera, Nicaragua

LA PRENSA ofrece hoy a sus lectores una edición especial, “A un año del despertar de Nicaragua”, en ocasión de cumplirse el aniversario del estallido social de abril de 2018 y el comienzo de la sangrienta represión desatada por la dictadura de Daniel Ortega contra la población, rebelada pero desarmada.

Todo comenzó el 18 de abril con una pequeña protesta estudiantil por una injusta reforma del Seguro Social. La protesta fue reprimida con su acostumbrada brutalidad por la Policía y las fuerzas de choque del régimen y al día siguiente estalló la rebelión estudiantil y popular.

Decimos aniversario del despertar de Nicaragua, porque queremos indicar que la significación principal de los acontecimientos de abril del año pasado, radica en que fue el final del adormecimiento masivo de la conciencia ciudadana democrática y la explosión de la rebeldía popular contra la dictadura y su sistema de represión, demagogia, fraudes, engaños, prepotencia y corrupción desenfrenada.

Antes del 18 y el 19 de abril del año pasado solo algunos ciudadanos y grupos sociales y políticos salían a la calle a desafiar a la dictadura y denunciar sus atropellos. Eran muy pocas las personas que protestaban públicamente. Por eso había inclusive en medios de democráticos quienes se burlaban de los que protestaban, calificándolos como “cuatro gatos”. Las pequeñas manifestaciones democráticas eran fácilmente disueltas por la represión, que también en algunas ocasiones asesinaba a ciudadanos opositores, sobre todo algunos que de manera aislada se alzaban en las montañas empuñando viejas y rústicas armas.

Pero los agravios de la dictadura se venían acumulando en la conciencia de la mayoría de los ciudadanos, hasta que ocurrió la explosión social del 18 y el 19 abril del año pasado. La rebelión de abril no fue algo inesperado. Tampoco el resultado de alguna conspiración organizada por alguien dentro o fuera del país, y mucho menos un intento de golpe de Estado, como ha alegado torpemente la dictadura orteguista solo para justificar su sanguinaria represión contra el pueblo.

El Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos lo explicó con fidelidad histórica y total claridad en una declaración del 5 de julio de 2018: “La violencia y la represión observadas en Nicaragua desde que comenzaron las protestas en abril —dijo— son el producto de la erosión sistemática de los derechos humanos a lo largo de los años y ponen en evidencia la fragilidad general de las instituciones y del Estado de derecho”.

Ciertamente, lo ocurrido en abril de 2018, ahora hace un año, fue el resultado de la devastación de las instituciones democráticas y del pactismo antidemocrático de una clase política corrupta.

Pero sobre todo ha sido el despertar glorioso de una juventud y un pueblo que desde entonces siguen luchando contra la brutal dictadura, con la mirada puesta en la conquista de la libertad y la democracia.