Así se ven los jóvenes tras la masacre de abril de 2018 en Nicaragua

La posición crítica de muchos de estos jóvenes contra el sistema dictatorial los obligó a exiliarse, debido a las amenazas y persecución de los simpatizantes del régimen orteguista, pero desde el extranjero muchos de ellos han seguido protestando.

Victor Cuadras y Lesther Alemán son estudiantes universitarios que forman parte de la Alianza Cívica presente en el Diálogo Nacional. LA PRENSA/ JADER FLORES

Victor Cuadras y Lesther Alemán son estudiantes universitarios que formaron parte de la Alianza Cívica presente en el Diálogo Nacional. LA PRENSA/ JADER FLORES

A la generación de jóvenes que se alzó contra el régimen de Daniel Ortega hace un año, no le gusta definirse como hijos de la Revolución sandinista, sino como opositores a todo eso que causó daño y dolor a sus padres.

La posición crítica de muchos de estos jóvenes contra el sistema dictatorial los obligó a exiliarse, debido a las amenazas y persecución de los simpatizantes del régimen orteguista, pero desde el extranjero muchos de ellos han seguido protestando.

Madelaine Caracas, de 21 años, es una de las jóvenes críticas que vive en el exilio. Su voz fue una de las que tronó en abril del año pasado contra el abuso de poder de Ortega.

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Primero fue por la negligencia del gobierno en la quema de la Reserva Biológica Indio Maíz, después contra las fallidas reformas a la seguridad social y luego en la demanda cívica, generalizada, que pide la salida del poder de Ortega. Algunos recordarán a Caracas por ser la estudiante universitaria que leyó a grito partido la lista de los primeros jóvenes muertos por la represión contra las protestas, el 16 de mayo de 2018, el primer día de la mesa de diálogo, frente a Ortega y esposa y cogobernante, Rosario Murillo.

Para Caracas, la Revolución sandinista —insurrección popular armada que derrocó la dictadura somocista a finales de los años setenta— “es el recuerdo de una sociedad violenta”, por eso no le gusta verse como hija de la revolución. Aun así, Caracas reconoce que su generación se vio obligada a protestar.

Particularmente a ella la movió el “cansancio, la falta de participación de los jóvenes en los espacios de decisión y la lejanía de un mandatario que, como tirano, gobierna desde las alturas, sin escuchar las necesidades, la población violentada”.

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“Nos ha tocado insurreccionarnos, nos ha tocado rebelarnos contra el sistema, por vivir en represión, por vivir en dictadura, por heredar traumas, por heredar dolores. Nuestra sociedad no ha vivido un verdadero proceso de reparación y a eso me refiero cuando digo que no somos los hijos de la revolución. Somos los hijos de los traumas de esa revolución, que nos marcan de una forma u otra”, expresó Caracas.

Revolución que fracasó

Yaser Morazán es otro de los jóvenes críticos que también vive en el exilio. Con frecuencia recuerda en sus redes sociales que su padre, Alfonso José Morazán Castillo, es un militante histórico del partido gobernante Frente Sandinista de Liberación Nacional (FSLN) y militar en retiro, pero aun así lleva más de seis meses preso, por mostrar su inconformidad con el orteguismo desde que comenzaron las protestas el 18 de abril del año pasado.

Para Morazán, la juventud que salió a protestar desde hace un año no es vinculante con la revolución de los setenta. Explicó que los jóvenes que protestan contra el sistema “es una generación que se desvinculó de las formas tradicionales de ejercer el poder” y la “Revolución (sandinista) es el mejor ejemplo del fracaso de las armas para transformar países y mejores ciudadanos”.

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Morazán también reconoce que esta nueva generación es “más educada que sus padres/madres” y tiene ayuda de la interconectividad que brindan las nuevas tecnologías de la comunicación y redes sociales. “Estos jóvenes fueron expuestos a una cultura democrática occidental que les hace replantear sus propios modelos políticos locales y cuestionarlos. Muchos de estos jóvenes asumieron el rol que sus padres y madres por miedo u omisión no quisieron hacer, enfrentar a la dictadura”, opinó Morazán.

Criados por los abuelos

La socióloga Luisa Molina, crítica del régimen orteguista y quien trabajó con Codeni, recordó que una gran mayoría de los jóvenes que ahora protestan son hijos de quienes participaron en la guerra, emigraron o murieron en medio del conflicto armado, y por eso fueron criados por sus abuelos.

Según Molina, los abuelos le transmitieron de forma oral las historias de la guerra, pero también los hicieron más independientes.

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“Eso que vos ves en los chavalos, que no tienen miedo, es una herencia directa de sus abuelos, porque (los abuelos) les han enseñado que la vida no ha sido fácil, porque a ellos no les tocó fácil. (Estos jóvenes) fueron criados más autosuficientes, más empoderados y además son unos niños que no se criaron ni con las madres ni con los padres. Por eso es que los chavalos reaccionaron ante lo que estaba pasando con los viejitos”, dijo Molina.

El villano de la historia reciente de Nicaragua es Ortega, quien ayudó a derrocar a la dictadura de Somoza en 1979 y ahora es dictador.

Definición de “juventud”

La Organización de Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (Unesco) describe la “juventud” como aquellas personas de 15 y 24 años de edad.

En Nicaragua, la jóvenes adquieren responsabilidades políticas y ciudadanas a los dieciséis años de edad, según el artículo 47 de la Constitución Política.

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A esta edad es que un joven puede obtener su cédula de identidad. Sin embargo, se requiere haber cumplido 25 años de edad para ser presidente o vicepresidente de la República, según el artículo 147 de la Constitución Política.

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