Una despedida apoteósica

No hay mejor palabra para describirlo, por eso he buscado tres sinónimos de la palabra apoteósica: deslumbrante, triunfal, victorioso

cansancio, Nicaragua

Tuve el privilegio de ser testigo el Jueves Santo de una de las despedidas que el pueblo católico tributó a monseñor Silvio José Báez en la parroquia Santo Cristo de Esquipulas, antes de su partida a Roma. Fue sencillamente apoteósica.

No hay mejor palabra para describirlo, por eso he buscado tres sinónimos de la palabra apoteósica: deslumbrante, triunfal, victorioso. Y es que el amor del pueblo hacia su pastor convirtió la aparente derrota de su partida, en precisamente eso: una despedida apoteósica, deslumbrante, triunfal y victoriosa.

Monseñor Báez sale por la puerta grande de este triste capítulo de nuestra historia y regresará por una puerta más grande, a ayudar a construir otro capítulo en que Dios mediante, un pueblo crucificado, resucitará, como profetizó en su homilía. El pueblo sabe que no es un adiós definitivo el que se le tributa a monseñor Báez, sino un hasta luego. El papa Francisco está pendiente de Nicaragua y lo demostró durante la solemne misa en la Plaza de San Pedro el Domingo de Resurrección en su mensaje “urbi et orbi” (para todo el mundo) al afirmar que espera que se “continúen los esfuerzos para encontrar lo antes posible una solución pacífica y negociada en beneficio de todos los nicaragüenses”.

Al finalizar la misa del Domingo de Resurrección en la parroquia Santo Cristo de Esquipulas, Báez afirmó que “aún en medio del dolor, tengo una gran paz, una gran alegría. Quisiera decirles que vamos a estar unidos. Y recuerden que hay algo que nos une más que el WhatsApp, que el correo electrónico y es la oración. Cuando recemos juntos vamos a estar más unidos que nunca. Yo voy a rezar por ustedes, voy a rezar por Nicaragua, ustedes también recen por mí”.

Monseñor Báez dedicó las últimas palabras al atribulado gremio de los periodistas: “quisiera al momento de agradecer a los periodistas recordar a dos de ellos, a quienes me honro de ser amigo, amigos con quienes he compartido. Me refiero a Miguel Mora y Lucía Pineda, quienes son hijos de Dios y unos profesionales de la comunicación y el periodismo. Me duele que estén presos y le pido al Señor que su dignidad sea respetada y que muy pronto estén libres”.

No tengo la menor duda de que el papa estará informado del fenómeno sociopolítico y religioso que ha acontecido en Nicaragua desde de que se anunció su partida y que tomará muy en cuenta ese sentimiento colectivo cargado de expresiones de cariño hacia el obispo auxiliar de Managua, tanto del pueblo católico como de los no católicos. Este próximo domingo a la 1:00 p.m. Báez oficiará una misa en la parroquia de Santa Agatha, Miami, para los miles de nicaragüenses exiliados, llevándoles la voz de la esperanza. Buen viaje y un pronto regreso, también apoteósico, son mis deseos para monseñor Báez.

El autor es periodista, exministro y exdiputado.

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