El exilio del obispo Báez

La partida del obispo Báez ha entristecido a todo el pueblo moralmente sano de Nicaragua, a personas católicas y de las demás creencias religiosas e inclusive agnósticos y ateos

Una mala consejera, Nicaragua

Monseñor Silvio José Báez se fue ayer de Nicaragua y las emotivas escenas de su despedida en el aeropuerto fueron transmitidas en vivo por los canales 10 y 12 de televisión.

También Radio Corporación, periódicos impresos y medios de comunicación en las redes sociales transmitieron en tiempo real imágenes y audio de los últimos momentos de monseñor Báez en su patria querida.

La partida del obispo Báez ha entristecido a todo el pueblo moralmente sano de Nicaragua, a personas católicas y de las demás creencias religiosas e inclusive agnósticos y ateos. Todos sentimos que en la situación que sufre la nación mucha falta hará el obispo del pueblo, su incansable defensa de la gente oprimida y reprimida, el aliento de su compromiso profético con la verdad, la justicia y la libertad.

No fue mucha gente al aeropuerto, para despedir a monseñor Báez, porque él no reveló previamente el día y hora de su salida del país. Y a quienes querían organizar una gran caravana de despedida, les pidió que no lo hicieran para no poner en riesgo la integridad física y la vida de ninguna persona que podría ser víctima de la implacable represión de la dictadura.

Pero lo que causó extrañeza fue que no hubiera ninguna representación oficial de la Iglesia católica de Nicaragua despidiendo en el aeropuerto a monseñor Báez. Como también sorprendió y entristeció que no se oficiara una misa especial para despedir al eminente Obispo Auxiliar de Managua, que en diez años de episcopado y labor pastoral con olor a pueblo recuperó para la Iglesia el prestigio institucional, la confianza de los católicos auténticos y el respeto de toda la población sana moralmente —lo repetimos— de Nicaragua.

Muchos amigos y admiradores de monseñor Báez se consuelan porque creen que su salida del país es lo mejor para él al ser protegido de las acechanzas malévolas de la dictadura. Y porque tienen la esperanza de que estará en el Vaticano, al lado del papa Francisco, para abogar allí permanentemente en favor del pueblo nicaragüense. Un pueblo que como dijera el mismo obispo Báez, ha sido crucificado por la dictadura y de la misma manera que Cristo también resucitará.

Pero monseñor Báez nunca ha dicho que fue llamado al Vaticano ni que estará al lado del papa. Lo que informó es que lo mandan a Roma contra su deseo. En realidad, parecen tener razón quienes opinan que monseñor Báez de hecho va al exilio, uno más de los decenas de miles que han debido abandonar su patria por la represión de la dictadura.

El enciclopedista político ecuatoriano Rodrigo Borja define el exilio como la “expatriación forzada de una persona por motivos políticos o religiosos”. E informa que antiguamente “esta pena se imponía a los eclesiásticos (obispos o sacerdotes) desobedientes o perturbadores del sosiego público”.

Al parecer, el exilio se sigue imponiendo hasta ahora a ciertos eclesiásticos que son incómodos para alguna gente muy poderosa.

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