Padre Edwin Román: “La partida de Silvio Báez me ha destrozado”

En entrevista con LA PRENSA, el padre Edwin habla del simbolismo de la procesión del Silencio, la partida de monseñor Silvio Báez a Roma y el legado que deja...

Silvio Báez

El padre Edwin Román, de 59 años de edad, antes de llegar a la Parroquia San Miguel Arcángel, pasó por cinco iglesias en diferentes partes del país. LAPRENSA/J. FLORES

En la Semana Santa, el padre Edwin Román invitó a familiares de personas asesinadas por paramilitares y policías en Masaya, para que lo acompañaran en la nocturna Procesión del Silencio. Ese día caminó junto a las familias dolientes y feligreses por las calles de la ciudad, él portando la bandera azul y blanco, sabiendo que podría ser agredido por personas allegadas al régimen de Daniel Ortega, pero se arriesgó porque, según cuenta, esa imagen de Jesús condenado talla a la medida con lo que ocurre en Nicaragua: al menos 325 muertos y más de setecientos presos políticos.

En entrevista con LA PRENSA, el padre Edwin habla del simbolismo de esa procesión, la partida de monseñor Silvio Báez a Roma y el legado que deja, pero también de las amenazas y asedio que es víctima por poner en práctica la palabra de Jesús, por condenar la represión hacia el pueblo de Masaya.

Padre Edwin, ¿cuál es el legado que monseñor Silvio Báez deja como pastor en Nicaragua?

El legado, más que legado, es su palabra profética, su palabra profética para el pueblo nicaragüense. A mí, en particular, yo muchas veces le dije: usted es mi escuela, para mí monseñor Báez ha sido un padre como un hombre intelectual. Sabemos de su doctorado en Sagradas Escrituras, cuántas veces yo, muchas cosas yo le aprendí como obispo. El legado para el pueblo nicaragüense es la fortaleza que nos deja. Repito la palabra profética que ha quedado grabada en muchos corazones nicaragüenses. Verdaderamente ha sido muy dolorosa su partida, como él mismo lo ha expresado, se va con mucho dolor, se va con el corazón destrozado por Nicaragua. Sin embargo, él es un hombre de fe, es un pastor y le debe obediencia también al papa, como todo sacerdote le debemos
obediencia a nuestros obispos.

¿Qué es lo que más le ha impactado de monseñor Silvio Báez?

Es un hombre muy humano, muy pastor, un hombre intelectual también. Es un hombre muy humilde, me enseñó mucho cuando se daban los tiempos de levantamiento aquí en Masaya. Más de dos veces, tres veces al día estábamos en comunicación, yo siempre le llamaba, él a mí, igualmente lo hacía el cardenal (Leopoldo) Brenes, pero lo hice un poco más con monseñor Báez porque tenía WhatsApp, entonces había más comunicación y siempre me animó, y muchas veces yo llorando contándole las cosas, y tal vez él mismo llorando al otro lado del teléfono. Recuerdo cuando trajeron a un niño de 15 años, Junior Gaitán, el primer jovencito que trajeron a la parroquia ya fallecido con un disparo de AK en su pecho, yo le llamé a él y me puse a llorar y él también se puso al otro lado del teléfono.

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Hay una foto icónica cuando vinieron a Masaya el 21 de junio de 2018, en que sale usted junto a Báez llorando.

Yo tenía más de mes y medio de no ver a monseñor, solamente de hacerle los comentarios por el teléfono, entonces cuando yo veo al cardenal lo saludo, es mi pastor, pero cuando miré a monseñor Báez en ese momento yo sentí que se me retrocedía el casete de todo lo que yo le venía contando, de todo lo que venía viviendo, igualmente él todo lo que yo le había comentado y el abrazo que nos damos es de dolor, de llanto y sentí que mi pecho y el de él se alteraban y nos dimos un abrazo muy fuerte. El obispo para mí es pastor, pero es como mi papá, yo sentí que aunque tenga él dos años mayor que yo, sentí que era mi papá, mi pastor, un masaya que estaba compartiendo su dolor conmigo. La partida de él me ha destrozado (se le quiebra la voz y llora). Viera cómo me duele.

Silvio Báez
Monseñor Silvio Báez y el padre Edwin Román lloran en Masaya por la represión de Daniel Ortega en esa ciudad y en todo el país. LA PRENSA/ CORTESÍA/ JAIME SANDINO

¿A usted le ha afectado que tratan de desprestigiarlo con el tema del alcohol?

A mí no me desvela que digan eso, a mí no me molesta. No me desmoraliza porque yo sé la labor que estoy haciendo y lo voy a seguir haciendo, seguiré hablando, seguiré luchando por este pueblo y sé que estoy expuesto a todo. No me desmoraliza, al contrario, me ha dado más valor para seguir, siento mi vocación de sacerdote que se va realizando más, no solamente un sacerdote de misa y los sacramentos y estar en la casa cural y andar en las procesiones, no, siento que debo estar inmerso en las cosas sociales y Dios me metió en esto. Él me tenía preparado esto, la misma gente de Masaya lo dice: padre, el Señor lo quería a usted aquí en Masaya.

¿Usted se siente amenazado?

Tengo medidas cautelares, pero eso no es un chaleco antibalas. A la iglesia viene gente a grabar las homilías. Yo aquí en Masaya no puedo visitar a nadie, ni a un feligrés. ¿Amenazado? Por teléfono he recibido anónimos, casualmente el Domingo de Ramos.

Silvio Báez
Edwin Román nació en Niquinohomo hace 59 años y desde hace cuatro años está a cargo de la Parroquia San Miguel Arcangel, en Masaya. LAPRENSA/J.FLORES

¿Masaya sigue llorando a sus muertos?

Claro. No podemos estar brincando sobre la sangre de nuestros muertos. Ellos (el régimen y sus seguidores) sí lo hacen, porque promueven fiestas y entradas gratis en algunos bares.

Quiero que me hable de la Procesión del Silencio, donde se llevó la bandera de Nicaragua y velas con nombres de los asesinados.

Yo mismo invité a familiares, no es que esté manipulando las cosas religiosas, no. La procesión es la manifestación de fe de un pueblo católico.

Usted y Rosario Murillo tienen descendencia del general Sandino, ¿qué le diría a ella?

Para aclarar, mi abuela era hermana de Sandino y ella (Murillo) será pariente por el papá de Sandino. No se mezcla mi sangre con la de ella, gracias a Dios. Le diría que devuelva todo lo que saqueó del museo de Sandino en Niquinohomo y que ella, que se hace llamar cristiana, que cumpla con el mandamiento de no matarás, porque está matando a su pueblo.

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