¿Jóvenes contra viejos?

Es natural que muchos jóvenes se sientan decepcionados de los políticos mayores y, particularmente, de la vieja guardia revolucionaria devenida en serviles carentes de ideal

Presidentes

Muchos jóvenes están en rebelión no solo contra Ortega sino contra el “adultismo”, término con que designan el afán de los mayores en sojuzgar a los menores so pretexto de ser más sabios. Lo expresó el joven líder opositor Harley Morales Pon, en su artículo “¡La política es de los jóvenes!” (LA PRENSA, 25, 3, 2019). Se debe “acabar con el adultismo complaciente al que los mismos jóvenes le hacemos el juego, creyendo que solo los políticos “experimentados” pueden llegar hasta el final”. Para lograrlo recomienda un partido, o “vehículo político propio, joven y dirigido en gran mayoría por jóvenes”.

Algo similar expresó también Francisco Larios en Confidencial: “Ellos (los jóvenes) ven… a un buen número de adultos que una vez se llamaron a sí mismos revolucionarios sandinistas, plegarse cómodamente al poder de las viejas élites de la Alianza”, añadiendo: “La Alianza está dominada, y muy ampliamente, por intereses de quienes se sienten más adultos que el resto de los ciudadanos”.

Es natural que muchos jóvenes se sientan decepcionados de los políticos mayores y, particularmente, de la vieja guardia revolucionaria devenida en serviles carentes de ideal. Es natural, también, que sientan orgullo de haber sacudido a la dictadura cuando con gran valentía se tomaron las calles a partir de abril del 2018. Monseñor Báez los llamó entonces “reserva moral de nuestra nación”. Pero es importante que no caigan en el síndrome opuesto al adultismo: el juventismo; creer que son superiores y los únicos capaces de reconstruir la nación.

Los jóvenes suelen ser más idealistas y audaces que los adultos. Pero nada asegura que no sean corruptibles. Los viejos cuadros del FSLN, que ellos desprecian, fueron un día jóvenes fogosos como ellos, tanto que muchos sufrieron cárceles y muertes. Sin embargo, no solo no resistieron después las seducciones del poder, sino que desorientados por una multitud de mitos ideológicos aplastaron y empobrecieron al pueblo que buscaban liberar.

¿Qué garantiza que nuestros aguerridos jóvenes de hoy no repetirán la misma historia? Para evitarlo deben, en primer lugar, ser humildes; reconocer que todo ser humano tiene pies de barro; que hasta el más santo puede caer en tentación. Dios nos libre de líderes jóvenes soberbios. En segundo lugar, deben reconocer su ignorancia y limitaciones. Los jóvenes deben darse a la tarea de leer mucho e instruirse en nociones básicas de economía, ciencias políticas, historia, etc. Dios nos libre de líderes jóvenes ignorantes.

Pero, ojo: aún si llegaran al poder jóvenes virtuosos y sabios, siempre estaría latente el peligro de malearse. Por eso es importante un factor más: establecer sistemas políticos que eviten la concentración y el abuso del poder.

Esperemos que los jóvenes aporten a su diseño. Si no sus hijos deplorarán el adultismo.

El autor es sociólogo. Fue ministro de Educación.

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