«Fui huelepega, consumí drogas y robé, ahora soy un hombre nuevo»: La vida del púgil Darwin Rodríguez

La juventud de Darwin Rodríguez se perdió en la neblina de sus errores. A los 14 entró al mundo de las adicciones destructivas: primero fue un “huelepega” por las calles de Ocotal durante casi cinco años...

Darwin Rodríguez (28 años). LAPRENSA/CORTESÍA

La juventud de Darwin Rodríguez se perdió en la neblina de sus errores. A los 14 entró al mundo de las adicciones destructivas: primero fue un “huelepega” por las calles de Ocotal durante casi cinco años, luego sus amigos de pandilla lo convencieron de seguir caminando en ese túnel oscuro. Siguió con la marihuana hasta terminar con la piedra de crack. Un Rodríguez destrozado y convertido en “una vergüenza para su familia”, como él mismo lo dice, despertó tras la muerte de su abuela y decidió girar su vida. Han pasado siete años y quién diría que ese joven sin futuro logró un boleto en boxeo para los Juegos Panamericanos en Lima 2019, tras ganar bronce en el país.

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“Yo pensaba que no tenía escapatoria. Mi abuela sufrió mucho por mi culpa y no quería que mi mamá siguiera mal por mis errores. Entré al Ejército y eso me cambió. También comencé desde ahí a competir en el boxeo. Tenía que ocupar mi mente para no pensar en los vicios”, comentó el muchacho de 28 años.
Cerca de la muerte

En el barrio Nuevo Amanecer en Ocotal lo ven diferente. Ya no como el Crema de Ojo, apodo que se ganó en el bajo mundo. “Una vez en la desesperación por conseguir dinero para drogas asaltamos a una camioneta que vendía cremas y por ese motivo me encajaron Crema de Ojo. En otra ocasión casi me matan porque el tipo que asaltaríamos sacó un arma y me iba a disparar. Me arrepiento de todo lo que era. Ahora ni siquiera soy capaz de tomar un córdoba que no sea mío. Me da miedo que la gente crea que volví a mi pasado”, comentó.

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Rodríguez ni siquiera era peso completo, pero ante la escasez de peleadores, Feniboxa lo seleccionó para cubrir ese hueco. No obstante él nunca dejó de creer. “Siempre me dije que iba a impactar. Lo conseguí ganando dos combates. Ahora quiero ir a Perú a traer medallas y clasificar a unos Juegos Olímpicos”, agregó.

Los cinco años en el Ejército de Nicaragua influyeron en su carácter y disciplina. Actualmente, cuando no está trabajando cargando equipos para eventos, reparte tortillas, las cuales prepara su mamá. Sin embargo, hay algo claro en su panorama: “No más vicios. Quiero seguir llenando de orgullo a mi familia y no terminar como mis viejos amigos, presos o muertos”, concluyó.