Alternativa de Ortega

El tema merece ser comentado porque la pregunta, por atrabiliaria que luzca, revela el mensaje propagandístico que el régimen trata de trasmitir

Ortega, Silvio Baéz

En su acoso a los negociadores de la Alianza Cívica (ACJD), un periodista orteguista preguntó esta semana a Carlos Tünnermann, quien insistía en que el gobierno cumpliera los acuerdos alcanzados para poder avanzar en el diálogo nacional, lo siguiente: “¿Ustedes quieren una nueva Siria?”

El tema merece ser comentado porque la pregunta, por atrabiliaria que luzca, revela el mensaje propagandístico que el régimen trata de trasmitir. Esos periodistas son instruidos para preguntar lo que al gobierno le interesa, y ¡ay! del que se separe del guion.

Como se sabe, la guerra en Siria, que lleva casi una década, ha destruido a ese país, dejando varios centenares de miles de muertos y millones de refugiados. En la explicación de esa guerra han concurrido diversas causas, que van desde la entronización de una dictadura dinástica y todo lo que la misma significa de abusos y corrupción, hasta el hecho de las profundas diferencias religiosas y raciales, y el involucramiento de países vecinos y potencias extrarregionales apoyando a los diversos bandos, en función de intereses geopolíticos, religiosos y raciales.

¿De dónde, entonces, comparar el caso de Nicaragua y Siria, más allá del intento, en nuestro país, de entronizar otra dictadura dinástica? ¿Existen en nuestro país, acaso, las contradicciones religiosas, raciales y geográficas tan acentuadas, y un entorno geopolítico de potencias regionales e internacionales que arma y alimenta a los bandos en pugna? Definitivamente, no.

El mensaje que están tratando de trasmitir con la comparación entre Siria y Nicaragua es que la alternativa a la estabilidad autoritaria y en base al terror que ha impuesto Ortega, es una nueva Siria, cuando la verdadera alternativa frente a Ortega es la democracia.

La pregunta del periodista orteguista a Tünnermann es también consistente con la proyección y la obligación de profesores y estudiantes de asistir a “Documentales 180 grados” y toda la perorata gubernamental que ya conocemos, en que la dictadura intenta, inútilmente, vender la idea que la crisis desatada en abril de 2018 es producto de un intento de golpe de Estado, como si se pudiese tapar el sol con un dedo. Ese documental tiene el mensaje no tan sutil que antes vivíamos en paz y progreso, y que la única alternativa frente al proyecto de dictadura dinástica es el caos y la destrucción, como en Siria.

La gran pregunta es la siguiente: ¿Puede Ortega rehacer las alianzas nacionales e internacionales que permitieron el crecimiento económico autoritario, mientras construía una nueva dinastía opresora y corrupta? No, definitivamente no. Después de la matanza, presos, heridos y exiliados, y el horror provocado en Nicaragua y el mundo, ¡no, definitivamente, no!

La alternativa a Ortega es la democracia, no el caos.

El autor fue candidato a la Presidencia de Nicaragua.

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