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«El sueño de la razón produce monstruos»: el regreso del mundo subterráneo de Goya al Madrid del siglo XXI

"El sueño de la razón" es la cuarta entrega de una saga policíaca protagonizada por la comisaria María Ruiz, escrita por Berna González Harbour

Berna González Harbour (Santander, España) es escritora, periodista y analista política. Cortesía de Manuel Charlon

El sueño de la razón produce monstruos.

Esta frase, título de uno de los grabados del pintor español Francisco de Goya (1746-1828), fue la inspiración para el nombre de la última novela de la escritora Berna González Harbour.

«El sueño de la razón» es la cuarta entrega de una saga policíaca protagonizada por la comisaria María Ruiz que arrancó en 2010, cuando la autora española dio el salto desde el periodismo hacia la literatura, sin abandonar el mundo de la actualidad.

«Puedo decir que tengo lo mejor de los dos mundos», le dijo González Harbour a BBC Mundo en un café de Madrid (España), donde nos sentamos a reflexionar sobre su libro más reciente -que presentará en Costa Rica en la sexta edición del festival Centroamérica Cuenta- y otros temas contemporáneos.


Después de toda una vida dedicada al periodismo, en 2012 publicas tu primera novela, «Verano en rojo», que supuso el nacimiento de la comisaria María Ruiz, cuya última aventura relatas en «El sueño de la razón».

Esa primera novela fue publicada en 2012, pero la empecé en 2010. Llevo nueve años en esto. Toda la vida he querido escribir y toda la vida he escrito, pero en periodismo y otras cosas.

Posiblemente necesitaba esperar mi momento, y mi momento me surgió precisamente leyendo novela negra, un género tan masculino siempre, donde la mujer normalmente ha sido objeto de deseo o de usar y tirar, o malvada, o alguien a quien salvar.

Me reventaba esta imagen de la mujer y fue una especie de epifanía el ver que eso era lo que yo podía intentar, ese era el personaje que yo iba a crear, una mujer de hoy como nosotras y como todas nuestras lectoras.

Somos personas capaces, inteligentes, trabajadoras, con nuestros fallos y nuestras virtudes al igual que los hombres, que no necesitamos estar pintadas en torno a lo que un hombre ha visto de nosotras sino por nuestro propio ser.

Actor caracterizado como el detective Hercule Poirot

El personaje del detective Hercule Poirot es creación de la escritora británica Agatha Christie. Getty Images

Enseguida vi que la comisaria Ruiz nacía para quedarse y que la novela negra se convertía para mí en un instrumento para ir contando las historias de injusticia de nuestro momento.

Hablando de los temas de nuestro tiempo, las nuevas tecnologías y las redes sociales están muy presentes en la novela.

Esto ha sido una constante en mis novelas. Sherlock Holmes no podía: no tenía ni Facebook ni Twitter, pero nuestros comisarios de hoy, nuestros policías de hoy, nuestros delincuentes de hoy, nuestras víctimas de hoy, como nosotros, tienen su vida absolutamente en las redes sociales.

Hoy no puede ocurrir nada que no sepa el que quiera investigar. Es más, precisamente los verdaderos delincuentes, los que saben, los profesionales, bien se ocupan de ir cambiando de móvil, de no dejar huellas porque nuestra vida está ahí, y los demás lo dejamos todo en las redes.

En este caso, la comisaria que está en un momento en que está fuera de la policía porque está expedientada, esperando su juicio, preparándolo, se encuentra con un crimen y no puede dejar de actuar.

¿Cuáles van a ser sus herramientas?

Si a Sherlock Holmes le valían las huellas de un perro y un pelo en un abrigo de una señora y una barra de labios en una taza, nosotros tenemos algo mucho más poderoso que es la huella en redes, en el teléfono y demás.

De hecho hay una frase en la novela que dice: «La intimidad ya no existe en el siglo XXI».

Claro, la intimidad no existe, estamos en la era de la extimidad, que es de exponer toda tu intimidad al exterior.

Berna González Harbour

La escritora Berna González Harbour presentó su novela «El sueño de la razón·, en el museo del Prado ante el cuadro de Goya «La romería de San Isidro». Cortesía de Manuel Charlon

Me asombro y me alarmo de ver cómo los padres están poniendo en las redes fotos de sus hijos pequeños, menores, adolescentes, preadolescentes… constantemente la policía está advirtiendo de preadolescentes que cuelgan videos sexuales en las redes voluntariamente, en Instagram la gente está colocando qué come, es una locura.

Y yo participo, pero creo que en un momento dado uno necesita cerrarse, apagar el móvil y vivir de verdad. Uno necesita ver qué temperatura hay, qué sol, qué paseo puede dar, qué café se puede tomar, a qué sabe algo, a qué huelen las cosas, qué se siente… es otra era y no sabemos a dónde nos va a llevar.

Un personaje central en esta novela es el pintor español Francisco de Goya, ¿por qué elegiste esta figura?

Es difícil explicar por qué, porque a veces las novelas no las eliges. Tú eres un terreno abonado donde van cayendo imágenes que prenden o van cayendo semillas que prenden o no prenden.

Coincidió un momento en que yo estaba visitando mucho el museo del Prado, me fascinan las «Pinturas negras» [de Goya] que constantemente te dicen algo nuevo, las observaba mucho.

Autorretrato de Francisco de Goya

En opinión de Berna González Habour, en España la figura de Goya no está bien puesta en el podio que se merece. Getty Images

Sin relación con esto, caí por la Ermita de San Antonio en la ribera del Manzanares (Madrid), donde está enterrado Goya. Ahí me enteré que el pintor está enterrado sin cráneo y quise averiguar por qué.

Goya murió en el exilio en Burdeos (Francia) y varias décadas después cuando lo exhumaron para llevarlo a España descubrieron que no tenía cráneo.

En esos tiempos estaba en auge la frenología, una pseudociencia que cree que el cerebro puede tener marcas de la genialidad o de la maldad, de la personalidad de su dueño. Había muchos robos de cráneos en los cementerios, de algunos genios y también de malvados, y eso es lo que parece que pasó con Goya.

Fueron imágenes que cayeron en ese terreno abonado e hicieron prender un interés, una curiosidad, una búsqueda que posiblemente coincidía con mi estado de ánimo, con el estado de ánimo de una ciudad que al final se va superponiendo en capas, porque en mi Madrid hay una capa más visible, más hermosa, más de «show de Truman», pero hay otras capas de casas okupas, de túneles subterráneos, de gente fuera del sistema.

"Me enteré que Goya está enterrado sin cráneo y quise averiguar por qué".", Source: , Source description: , Image:

Creo que establecí la conexión entre un Goya que fue capaz de crear lo maravilloso; es decir, esos colores de sus dibujos para los tapices, el parasol, las mujeres y hombres afrancesados, un Madrid de sensualidad, hermosura, amor, deseo.

Era un Madrid que estaba mirando la Ilustración, que estaba mirando a Francia, el desarrollo, las Luces.

Y 35 años después, en los mismos escenarios, fue capaz de hacer lo contrario en el sentido de la oscuridad, los hombres desarrapados, solos, borrachos. Nadie piensa en ellos, se congregan para cantar y beber en esas «Pinturas negras».

"La pradera de San Isidro", cuadro de Francisco de Goya

«La pradera de San Isidro», de 1788, muestra un Madrid lleno de vida con la multitud disfrutando de un día de fiesta y, de fondo, una vista panorámica de la capital española. Getty Images

Era el mismo Madrid, mismas fiestas, misma pradera de San Isidro, ¿qué había pasado? Pues que había fracasado la Ilustración, habían fracasado las Luces, se había impuesto la oscuridad, el Absolutismo había vuelto, Fernando VII había vuelto.

Había ocurrido la Guerra de Independencia que conoció canibalismo y el olvido de las autoridades, fue el pueblo español el que realmente se levantó mientras los reyes se exiliaban o estaban fuera.

Pensé en la vigencia de un Goya que pintó nuestra gran capacidad de crear, pero también de destruir, de autodestruirnos.

Esos contrastes que supo hacer Goya creo que los seguimos padeciendo en España. Me pareció que conectaba muy bien con el momento actual.

Grabado "El sueño de la razón produce monstruos"

El grabado de Goya «El sueño de la razón produce monstruos» inspiró el título de la última novela de Berna González Harbour. Getty Images

La historia se repite, de ahí «El sueño de la razón», el título, que tiene un doble sentido: el sueño de la razón produce monstruos y de vez en cuando se nos duerme la razón y ponemos en marcha la máquina de producir y crear monstruos.

Por otro lado tiene el sentido onírico del sueño de la razón, de que seamos razonables.

Esa dicotomía es la que mueve el mundo para bien y para mal.

El mundo ha entrado en una espiral de razón dormida con Trump, con Bolsonaro, con Salvini, con grandes peligros que nos acechan, todo eso es el sueño de la razón.

Pero es llamativo, porque Goya aparece como un referente contemporáneo cuando han pasado dos siglos de su creación artística.

Él, aparte de sus cuadros conocidos, tiene un millar de dibujos que hacía en sus cuadernos y que fueron subastados 50 años después, de los que se han recuperado unos 500.

Están llenos de imágenes que son el preludio de los grabados que no hacía por encargo.

Son dibujos que él hacía porque quería, como las series que hizo de grabados: «Los Caprichos», «Los Desastres» y «Los Disparates».

Ahí refleja la España real, la España estrambótica que es capaz del canibalismo, que es capaz del Satanismo, de la brujería, que es capaz de la burla, de la Inquisición (de la que él mismo fue víctima).

"Saturno devorando a su hijo", cuadro de Francisco de Goya

«Saturno devorando a su hijo», de las Pinturas negras de Goya, formó parte de la decoración de los muros de la casa que el pintor adquirió en Madrid en 1819, llamada la Quinta del Sordo. Getty Images

Tú ahora vas por unos túneles de Madrid o bajo los puentes y los rostros que ves los pintó Goya. Aunque hayan pasado 200 años, no hay matices distintos a las caras que él pintó de toda esa gente desarrapada, abandonada, entumecida, superviviente.

Creo que lo pintó como nadie y desde luego la secuela que me ha quedado de este tiempo investigando sobre Goya es que ahora me resulta muy difícil ver el arte posterior, todo estaba en Goya.

Él inspiró a muchos contemporáneos y, de hecho, es el creador de la modernidad.

Debió ser un gran desafío poner todo eso en una novela, combinar el arte con la trama escrita.

Cada novela es un desafío, debe serlo, no puedes coger un esquema y repetir. La novela policíaca ya es un canon en sí mismo: hay un crimen y hay que resolverlo. A partir de ahí yo creo que cada novela debe ser un desafío que mejore lo anterior y yo me lo planteo así.

Esta novela era una locura, no sabía si iba a salir viva o no, pero quería hacer algo desde el presente. Tenemos una trama, un crimen que nos va a ir llevando a una escenificación de cuadros de Goya y por tanto la comisaria Ruiz va a ir buscando gente obsesionada con Goya.

"La gallina ciega", cuadro de Francisco de Goya

Goya fue pintor de reyes e hizo tapices y retratos para la familia real y la aristocracia. Getty Images

La novela presenta la confrontación de la perturbación frente a la creación, que es otra vez el contraste de Goya de creación-destrucción y nos va a plantear esa dicotomía que existe entre la perturbación que genera a veces el arte y que a veces lleva a su destrucción.

El arte genera impulsos destructores en personas perturbadas. Ha pasado con la «Ronda Nocturna» de Rembrandt o la «Mona Lisa», o la «Venus del Espejo» de Velázquez que ha habido gente que los ha querido destruir porque no pueden soportar esa belleza, o no la belleza sino el que alguien haya creado esa belleza, quieren trascender a su manera.

Decías antes que se presenta un Madrid de diferentes capas, un Madrid que se recorre mucho en bicicleta. Quería centrarme en la figura de la casa okupa La Dragona, el Madrid de la gente que vive fuera del sistema. ¿Cuál ha sido tu impresión o tu contacto con este mundo que suele pasar inadvertido?

Hay muchas casas okupas en Madrid, en Barcelona y en muchísimas ciudades, hay mucha gente que está optando por vivir fuera del sistema, creando comunidades con sus principios, sus valores, su forma de organización.

No son pobres, no son desempleados, pero creo que el sistema en muchas ocasiones ha expulsado a mucha gente.

Cuando tienes la gentrificación que tienes en Madrid y en otras ciudades, cuando los pisos pasan a ser de los turistas, de la gente rica, de los extranjeros que logran la nacionalidad por comprar pisos millonarios pues estamos expulsando a los habitantes de los centros y de las ciudades. Y ellos están buscando otra solución.

Casa okupa Eskalera Caracola en Madrid, España

El movimiento okupa está presente en Madrid y otras ciudades españolas. Getty Images

En Madrid hay varias. La Dragona que sale en la novela es un viejo edificio funerario pegado al cementerio de La Almudena, es un centro social donde en teoría no duerme nadie. En todas estas casas logran engancharse a agua, luz, en La Dragona yo creo que no, por eso creo que no vive nadie, pero me venía bien para la novela porque estaba cerca del cementerio.

Al fin y al cabo son lugares que forman parte de nuestro paisaje, pero los desconocemos. Dentro hay gente normal, gente que vive con sus propias reglas, y me parecía muy atractivo reflejar esa realidad que solemos desconocer.

Y los túneles ¿los has conocido?

Sí, supe que José I Bonaparte (rey de España de 1808 a 1813) se hizo construir un túnel del Palacio Real hacia la Casa de Campo, hacia la Casa Vargas que sale en la novela, que se le llama comúnmente túnel Bonaparte, porque temía el asalto del pueblo de Madrid. Muchas noches él se refugiaba en la Casa Vargas, allí en la Casa de Campo.

Siempre ha habido muchas leyendas de túneles secretos en Madrid por los que la monarquía supuestamente escapaba para ir de prostitutas, de cabaret. La verdad es que había unos cuantos túneles, pero hay más leyenda que realidad.

Cuando me puse a averiguar hay este de Bonaparte en el que he estado, y hay sobre todo los que se crearon con el proyecto Madrid Río (zona lúdica y cultural situada en los aledaños del río Manzanares).

Vista aérea del Palacio Real y alrededores (Madrid, España)

En «El sueño de la razón», los túneles que subyacen bajo el Palacio Real de Madrid cobran gran protagonismo. Getty Images

Ese es un mundo que está bajo la autoridad del Ayuntamiento de Madrid, pero que tiene recovecos, puentes, etc. donde hay vida. Ese Madrid de capas me atrajo mucho.

El río Manzanares en mi novela es una metáfora también de la ciudad abierta, porque ahora, con la apertura de las presas, fluye, antes estaba estancado.

Para crear el personaje del sospechoso te has tenido que meter en un análisis muy pormenorizado de los grabados de Goya.

He elegido una serie de cuadros donde alguien nos está mirando, es decir, está mirando a Goya cuando lo pinta. Elegí esos cuadros para trazar un hilo conductor, porque también era la forma que tenían los pintores de interpelarnos.

En la «Romería de San Isidro» son todos borrachos, hay un ciego cantando, pero destaca una figura que nos mira de forma oscura desde la multitud, de forma angulosa, sospechosa, recelosa, y de ahí parte mi novela.

Esa figura nos interpela, está interpelando a Goya de forma recelosa, culpabilizadora. Era un recurso de los pintores para desestabilizarnos.

"La familia de Carlos IV", cuadro de Francisco de Goya

En el cuadro «La familia de Carlos IV» Goya está detrás, interpelando al espectador y al propio pintor. Getty Images

Se presenta a la víctima, Sara Muñoz, como una activista del arte. Quiere que el arte esté al alcance de todos, que no sea una cosa de las élites.

Toda promoción es escasa. El arte nos habla de la profundidad del ser humano, de la profundidad de nuestras vidas y de nuestra historia. Uno podría estudiar historia estudiando arte.

Por ejemplo, en Holanda tienen la casa de Rembrandt, el museo Van Gogh, por hablar de figuras. En Londres hay casas hasta de Sherlock Holmes, que no existió, por no hablar de Dickens, y aquí es muy difícil encontrar la casa de Goya que ya no existe, solo queda una placa. No sabemos construir la figura de nuestros genios.

Está el museo del Prado, que es un gran museo del mundo que por desgracia está masificado, pero creo que se debería fomentar muchísimo más la historia de nuestros creadores. Supongo que eso se hace desde la escuela, acercando sus figuras, su significado, pero no con las típicas lecciones de aprenderse 25 fechas y 25 cuadros sino con talleres, hablando de las figuras.

La historia memorística del arte ha hecho mucho daño, pero hay otra forma de contar la historia del arte y entenderla, que es contar su significado.


Esta entrevista fue elaborada para la versión digital de Centroamérica Cuenta, un festival literario que se celebra en San José de Costa Rica entre el 13y el 17 de mayo.


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