Comisión de la Verdad

Es obvio que a la llamada Comisión Porras, creada por el régimen para avalar su mentirosa versión de los sucesos de abril y los meses siguientes del año pasado, la comunidad internacional no le reconoce ninguna seriedad, confianza ni credibilidad

Una mala consejera, Nicaragua

El régimen de Daniel Ortega fue “reprobado” en el examen que hizo el Consejo de Derechos Humanos de la Organización de las Naciones Unidas (ONU), sobre la situación de los derechos fundamentales en Nicaragua.

En realidad la dictadura recibió una contundente derrota en ese organismo estratégico de la ONU. A nadie engañaron las mentiras del relato orteguista sobre los violentos acontecimientos de 2018, cuyas secuelas dolorosas siguen afectando a muchos nicaragüenses.

En el debate, y en respuesta al falaz informe que presentó el delegado del régimen orteguista, en la sesión examinadora del Consejo, abundaron las condenas a las violaciones de los derechos humanos en Nicaragua, así como respaldo a las negociaciones para resolver la crisis sociopolítica del país, mediante la celebración anticipada de elecciones libres, limpias y vigiladas internacionalmente.

Muchos representantes también señalaron la necesidad de una investigación independiente y confiable, para garantizar las necesarias medidas de verdad, justicia, reparación y no repetición de los mortales hechos ocurridos en este país desde abril de 2018.

En este sentido, lo que se propone concretamente es que se forme una verdadera Comisión de la Verdad, internacional o mixta, o sea con participación de personas nicaragüenses honorables. Es obvio que a la llamada Comisión Porras, creada por el régimen para avalar su mentirosa versión de los sucesos de abril y los meses siguientes del año pasado, la comunidad internacional no le reconoce ninguna seriedad, confianza ni credibilidad.

En realidad, si Ortega cree que es verdad que lo que ocurrió en Nicaragua fue un intento de golpe de Estado y una acción terrorista fraguada desde el extranjero, debería aceptar la conformación y funcionamiento de una verdadera Comisión de la Verdad. De esa manera tendría la oportunidad de demostrar que los mentirosos son los otros, o sea los estudiantes y demás ciudadanos asesinados , los encarcelados y torturados, los exiliados, los periodistas perseguidos por ejercer el derecho de informar de manera independiente, los organismos internacionales y los gobiernos de todos los países que han denunciado las atroces violaciones a los derechos humanos cometidas en Nicaragua a raíz del estallido social de abril, incluyendo crímenes de lesa humanidad.

Una auténtica Comisión de la Verdad también esclarecería cómo murieron y quiénes mataron a los más de veinte policías que según el régimen, y lo corrobora el Meseni, habrían muerto en el contexto de las protestas en los tranques y barricadas, así como otros miembros del partido oficialista que según el régimen fueron asesinados por los insurrectos.

Ningún conflicto nacional como el actual de Nicaragua se puede resolver de manera definitiva sin justicia, reparación, no repetición y reconciliación. Para lo cual son indispensables comisiones de la verdad formadas por organismos y personas responsables y decentes.

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