Odio y muerte en la prisión

Al fin y al cabo, esta lamentable muerte en la prisión de Tipitapa es consecuencia directa del inhumano régimen carcelario al que son sometidos los presos políticos. Muchos de ellos se han rebelado contra esos maltratos

Una mala consejera, Nicaragua

El preso político Eddy Antonio Montes Praslin murió a consecuencia de un balazo y al menos otros 17 resultaron heridos, en un confuso incidente ocurrido el jueves de esta semana en el interior de la cárcel Modelo de Tipitapa. El Ministerio de Gobernación justificó la muerte de Montes Praslin, mediante un comunicado en el que alegó que un guardia penitenciario le tuvo que disparar en defensa propia durante un amotinamiento de presos políticos.

Sin embargo, para el experto nicaragüense en derechos humanos, Gonzalo Carrión, la muerte violenta de Montes Praslin, quien era ciudadano nicaragüense originario de Matagalpa pero tenía también ciudadanía de los Estados Unidos (EE. UU.), fue cuando menos un homicidio. “En el supuesto que fuera cierto lo que dice el Ministerio de Gobernación, cuando habla de disturbios —explicó Carrión a la revista Confidencial—, para estos casos está el uso de la fuerza preventiva con la técnica adecuada para disturbios. Ni la alteración del orden público ni de bienes justifica el uso de armas de fuego o privación de la vida. El resultado solo demuestra el uso brutal de la fuerza y privación arbitraria de la vida”.

En el ámbito exterior, organismos internacionales y gobiernos democráticos condenaron el hecho y exigieron que sea esclarecido. Y Erika Guevara Rosas, directora para las Américas de Amnistía Internacional (AI), calificó directamente el hecho como “una ejecución en manos del régimen de Ortega que no puede quedar en la impunidad”.

En realidad, como dijo el miembro de la Alianza Cívica en la mesa de negociación política, José Pallais Arana, la muerte de Montes Praslin se pudo haber evitado si el régimen orteguista hubiera cumplido el acuerdo de liberar a todos los presos políticos. O si por lo menos se les hubieran mejorado las condiciones carcelarias. Al fin y al cabo, esta lamentable muerte en la prisión de Tipitapa es consecuencia directa del inhumano régimen carcelario al que son sometidos los presos políticos. Muchos de ellos se han rebelado contra esos maltratos, hasta en nueve ocasiones según lo confirma el comunicado del Ministerio de Gobernación que trata de justificar la muerte del señor Montes Praslin.

Además, esto es consecuencia de la prédica de odio del régimen por boca de sus más altos exponentes, que envenena la conciencia de sus seguidores partidistas y de muchos policías y carceleros, para quienes los ciudadanos opositores y presos políticos no son seres humanos, sino golpistas, terroristas y asesinos a los que hay que maltratar y si es posible hasta asesinar.

En todos los sistemas dictatoriales de corte totalitario los guardianes del orden público y la seguridad de las personas son convertidos en malvados instrumentos de represión. Durante los gobiernos democráticos de 1990 a 2006, a esos funcionarios se les educaba en los principios de servicio profesional y respeto a los derechos humanos. Pero ahora se les deforma inculcándoles un odio irracional hacia todos los que no se someten al poder dictatorial.

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