Galería | La vida de los nicaragüenses en el exilio

El 53% de los exiliados nicaragüenses son profesionales, según una encuesta de la Fundación Arias realizada a 382 personas entre febrero y marzo de 2019

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Refugio La Cruz en Guanacaste, a 20 kilómetros de la frontera con Peñas Blancas. FOTO: Jader Flores/ LA PRENSA

Fotos: Jader Flores

Desde abril de 2018 miles de nicaragüenses han cruzado la frontera rumbo a Costa Rica, muchos sin más ropa que la que vestían. Huyen de las amenazas y persecución del régimen Ortega Murillo. Muchos de ellos viven hacinados en casas refugios, albergues municipales, duermen en el suelo, en la calle y comen cuando pueden.

Aunque no se tienen números precisos, un estudio del investigador Alfredo Ruíz García para el Servicio Jesuita para Migrantes (SJM), revela que al menos 80 mil personas, hasta diciembre del año pasado, habían salido del país desde abril de 2018, cuando estalló la crisis, según publicó el Diario Metro. Ruiz García asegura que la Organización Internacional de las Migraciones (OIM) registra 52,000 nicas en Costa Rica.

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El 53% de los exiliados nicaragüenses son profesionales, según una encuesta de la Fundación Arias realizada a 382 personas entre febrero y marzo de 2019, titulada: Exiliados nicaragüenses, características sociodemográficas, organizaciones y agenda de necesidades, y publicada por el diario La Nación, de Costa Rica. El diario señala que los exiliados son principalmente estudiantes universitarios y ciudadanos titulados o con algún grado de estudios superiores, que han viajado huyendo de la represión, el hostigamiento y las amenazas del régimen de Daniel Ortega. Estos mismos aseguran que retornarían a Nicaragua si Ortega deja el poder.

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Refugio La Cruz en Guanacaste, a 20 kilómetros de la frontera con Peñas Blancas. FOTO: Jader Flores/ LA PRENSA

A unos 23 kilómetros de la frontera de Peñas Blancas, el Gobierno de Costa Rica dispuso de un albergue para atender a las personas que huyen de la crisis en Nicaragua. El refugio de la zona se llama La Cruz de Guanacaste y estaba habilitado desde antes del oleaje de nicaragüenses exiliados. En este albergue temporal los nicaragüenses recibían agua, comida y estadía mientras tramitaban su documentación de asilo político el país que demora entre 6 y nueve meses. Cuando se hizo esta fotografía, el refugio estaba vacío. Los nicaragüenses que permanecían ahí habían decido avanzar al interior del país. La cercanía de la frontera los hacía sentirse en peligro.

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En el Centro Dormitorio Municipal garantizan un plato de comida antes de ir a la cama. FOTO: JADER FLORES/ LA PRENSA

En San José, capital de Costa Rica, está el Centro Dormitorio Municipal, otra alternativa para los nicaragüenses que deambulan por las calles. Tener cama para una noche y un plato de comida en este lugar es cuestión de suerte. Las personas se apuntan en una lista y las beneficiadas son elegidas por sorteos. A partir de las 4:00 de la tarde, las personas beneficiadas pueden ingresar. Tienen los recursos necesarios para aseo personal y les dan una pijama para dormir y cambiar su ropa sucia. Al salir el sol deben abandonar el lugar para dar paso a los próximos.

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Cerca del edificio del Centro Dormitorio Municipal los exiliados esperan mientras llega su turno. FOTO: JADER FLORES/ LA PRENSA

Los que no logran entrar al Centro Dormitorio Municipal duermen afuera del edificio esperando su turno. Pero tienen la certeza que la noche siguiente tendrán su cupo. Quedan registrados en una lista y son prioridad en el próximo sorteo.

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En las calles pasan la noche los exiliados que no tienen donde ir. FOTO: JADER FLORES/ LA PRENSA

En las aceras y avenidas principales de de San José son muchos los nicaragüenses que pasan la noche. Se mezclan con ciudadanos de otros países que igual que ellos no tienen dónde ir. Incluso comparten la noche con indigentes.

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FOTO: JADER FLORES/ LA PRENSA

Algunas de las casas refugios son conseguidas por organizaciones que financian el pago. Las personas que llegan a estas casas son conocidas entre sí o recomendadas. Pero el tiempo de estadía es limitado. Los exiliados tienen que rotar después de días o semanas. Cambian de lugar por seguridad de las personas y también para darle oportunidad a otros que no tienen donde dormir. Hay casos en que los nicas se organizan y consiguen entre todos el dinero para pagar un casa donde quedarse.

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FOTO: JADER FLORES/ LA PRENSA

Tener donde dormir no garantiza la alimentación. Los nicaragüenses exiliados se las ingenian para obtener algo de dinero y comprar comida. Algunos muestran habilidades artísticas, bailando o cantando en las vías públicas y apelan a la contribución de los espectadores. Otros con cártel en mano se atreven a pedir de forma directa. En esta foto, se lee uno de los mensajes que utilizan para pedir a las calles.

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FOTO: JADER FLORES/ LA PRENSA

En las casa refugios se organizan para cumplir con el aseo. A través de roles van asumiendo las tareas. Esta es una casa ubicada en el mero centro de San José y tiene dos plantas. Aquí se quedan casi cincuenta personas. Es conocida como la “casa embrujada” porque según los que se han quedado en ella se escuchan ruidos extraños por la noche, como puertas que se abren o ventanas que se cierran.

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FOTO: JADER FLORES/ LA PRENSA

Los nicaragüenses desde su exilio en Costa Rica siguen en las calles protestando. Exigiendo que se vaya el dictador y la libertad de presos políticos. A diferencia de Nicaragua, en este país pueden ondear la bandera azul y blanco. Gritan consignas y se expresan libremente sin temor a ser asediados o encarcelados.

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FOTO: JADER FLORES/ LA PRENSA

“Colita” es el alias de este joven originario de Masaya. Huyó de Nicaragua en julio del año pasado, luego del plan limpieza que ejecutaron las fuerzas dirigidas por el dictador Ortega en la Ciudad de las Flores. Paramilitares llegaron a su casa a buscarlo y él se vio obligado a salir por el patio de su vecino, sin imaginar que no regresaría. Cuenta que atravesó puntos ciegos de la frontera para llegar a Costa Rica. Al igual que muchos no tiene paradero, un día duerme en un refugio y otro donde le agarra la noche, pero siempre está dispuesto a ayudar a otros nicas. Cuando logra un espacio para quedarse en el Centro Dormitorio Municipal de San José se ofrece para ser voluntario y apoyar con los quehaceres. En Nicaragua todavía lo esperan su esposa y una niña.

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