La paz de los cementerios

Nunca se había visto, ni en los peores tiempos de la dictadura somocista un comportamiento tan lleno de odio como el que vemos ahora

jóvenes, Nicaragua

CARTAS DE AMOR A NICARAGUA

Querida Nicaragua: Miles de cristianos todos los días en nuestras oraciones pedimos que el Señor nos conceda la paz que tanto necesitamos. Aparentemente Nuestro Señor no nos escucha, pero yo estoy seguro que nuestro clamor llega hasta Él y por algo permite que se sigan cometiendo tropelías de parte de quienes están obligados a vigilar, cuidar y proteger la vida de los ciudadanos.

Estos policías orteguistas tendrían que haberse graduado en las disciplinas propias de todas las policías de países democráticos, sin embargo parecen haber recibido cierto tipo de enseñanzas que no tienen nada que ver con el respeto que deben a sus semejantes, al pueblo que tendrían que proteger, a la forma en que debían tratar a quien comete algún delito.

Nunca se había visto, ni en los peores tiempos de la dictadura somocista un comportamiento tan lleno de odio como el que vemos ahora. Los policías en lugar de ser garantes de la paz infunden terror ante la población. No tienen la menor idea del respeto que deben a sus semejantes, no saben de cortesía ni de moral ni trato social, no les han enseñado urbanidad, el trato respetuoso que deben al ciudadano sobre todo si es una dama o un anciano. Ellos no respetan nada, andan armados con armas de guerra y son capaces de malmatar a cualquier ciudadano que proteste contra las barbaries del gobierno y de ellos mismos. Tampoco tienen sus superiores inmediatos la decencia de reportar la muerte de un prisionero político asesinado por ellos y relatar los hechos tal como ocurrieron. Ellos nunca son culpables, siempre es el reo el de la culpa, el que se sublevó, el que le arrebató el arma al policía.

Supongo que hay una escuela de Policía y que es ahí donde debieran enseñarles el tipo de comportamiento caballeroso que debe tener un militar frente a un ciudadano, pero parece ser todo lo contrario. Parecen inculcar a la Policía el odio en contra de la población, el garrote contra el que argumenta su inocencia, el rifle frente al que grita y reclama libertad para su pueblo. Solo así se explica que los policías maten a la gente todos los días. Y por su puesto en este ambiente es imposible que haya paz. Ni siquiera la hay en los templos, tampoco la hay en los cementerios.

En el funeral de Eddy Montes, la última víctima del régimen, la Iglesia estuvo rodeada de antimotines en todos sus costados, el pueblo acompañó al mártir lanzando sus gritos de libertad, pero los antimotines estaban alertas, amenazantes, atemorizando a la población inclusive en el cementerio. El pueblo quiere la paz, pero ya no puede ni siquiera enterrar a sus muerto en paz. No hay paz ni siquiera en los cementerios.

El autor fue candidato a la Presidencia de Nicaragua.

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