Almagro y la reelección de Evo

El artículo 168 de la Constitución de Bolivia establece que el presidente y vicepresidente de la República pueden ser reelectos “por una sola vez de manera continua”.

Una mala consejera, Nicaragua

El secretario general de la OEA, Luis Almagro, ha sorprendido al avalar el supuesto derecho del gobernante autoritario de Bolivia, Evo Morales, a reelegirse por tercera vez en la Presidencia que ocupa desde enero de 2006.

Bolivia, igual que Nicaragua, es parte de la Alianza Bolivariana de las Américas (Alba), que fue creada por Hugo Chávez y Fidel Castro para impulsar el establecimiento de regímenes del Socialismo del Siglo XXI, que en el fondo es el mismo socialismo autoritario del siglo XX.

El artículo 168 de la Constitución de Bolivia establece que el presidente y vicepresidente de la República pueden ser reelectos “por una sola vez de manera continua”. Pero haciendo trampas legales, Morales ya se ha reelegido dos veces y pretende hacerlo por tercera vez consecutiva.

Esta pretensión de Evo Morales fue rechazada por el pueblo en un referendo realizado el 21 de febrero de 2016, pero el autoritario gobernante boliviano desconoció la votación popular y acto seguido el poder judicial —controlado por el mismo presidente Morales—, resolvió que la reelección presidencial es un derecho humano que no se le puede negar al Presidente. Ese fue el mismo recurso usado por Oscar Arias, en Costa Rica; Daniel Ortega, en Nicaragua, y Juan Orlando Hernández, en Honduras, para reelegirse a pesar de la prohibición constitucional.

Almagro declaró el 22 de septiembre de 2017, en un mensaje de Twitter, que Evo Morales debía respetar el resultado del referendo y que ningún juez puede anular el dictamen del pueblo. El secretario general de la OEA inclusive consultó a la Comisión de Venecia —órgano consultivo de la Unión Europea para temas de derecho constitucional y derechos humanos— la cual dictaminó que “la reelección no es un derecho humano”. Ante lo cual Almagro aseguró que ese dictamen no era una opinión política, sino “un documento con plena validez jurídica”.

Sin embargo, ahora Almagro cambia radicalmente de opinión y dice que impedir al presidente boliviano Evo Morales participar en la elección presidencial del 20 de octubre próximo, sería discriminatorio, porque “otros presidentes han participado en procesos electorales sobre la base de un fallo judicial reconociendo la garantía de sus derechos humanos”.

Almagro asegura que mantiene su criterio de que la reelección presidencial no es un derecho humano, pero sostiene que él y la OEA no pueden oponerse a la sentencia de un tribunal constitucional que es legítimo.

Con esta complacencia ante la pretensión de Evo Morales de atornillarse en el poder mediante la reelección presidencial, Almagro contradice su enérgica posición ante las dictaduras de Cuba, Venezuela y Nicaragua. Tal vez esto se deba a que no quiere avivar otra crisis política en la región y confía en que la observación de la OEA garantizará la transparencia de las elecciones en Bolivia. Y que de esa manera, si los bolivianos quieren sacar del poder a Evo Morales podrán hacerlo con su voto depositado libremente en las urnas electorales.

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