El amor se conoce por los hechos

Las palabras de los políticos cada vez se creen menos y el pueblo se ha dado cuenta que una cosa es lo que dicen y otra la que hacen.

Jesús nos invita a amar: “El que me ama, guardará mi palabra… El que no me ama, no guarda mis palabras” (Jn. 14, 23-24). Y nos lo dice para que no caigamos en la tentación de convertir el amor en una palabra vacía y sin sentido, por muy bella que sea. Las palabras, por sí solas, no tienen valor alguno y el amor es una joya demasiado valiosa para reducirlo solo a palabras.

Lastimosamente, en la actualidad, cada vez se cree menos en la palabra. Hay demasiadas palabras y pocas realidades. Las palabras de los políticos cada vez se creen menos y el pueblo se ha dado cuenta que una cosa es lo que dicen y otra la que hacen.

Igualmente, los padres y los hijos cada vez se creen menos y hasta se hablan menos. Están cansados de palabras inútiles y vacías ya que la mentira necesita de mucha palabrería para hacerse creer. Y es por eso que las palabras están en un constante proceso de devaluación.

Los hechos son los que cada vez más se evalúan ya que el ser superior es modesto en el hablar y abundante en el obrar, y poco a poco, hoy, las personas miran más a los hechos, a las realidades, que a las palabras.

El amor —nos dice Jesús— no es cuestión de palabras ni de discursos. El amor es una actitud permanente ante la vida; por eso nos dice: “El que me ama, guardará mi palabra… El que no me ama, no guarda mis palabras” (Jn. 14, 23-24).

Él, al decirnos esto, nos lo dice con toda su fuerza moral. Su amor hacia todos y cada uno de nosotros no fue palabra vacía. Por eso pudo decir: “Si no creen en mí, crean en mis obras” (Jn. 10, 38). “Mi comida es hacer la voluntad de mi Padre” (Jn. 4, 34). “Ámense los unos a los otros, como yo los amo” (Jn. 13, 34).

El amor que no se hace vida es un falso amor. El amor se conoce por los hechos: Quien ama, lucha para sacar a flote su familia. Quien ama respeta. No manipula, ni ultraja, ni ofende. Es fiel, consecuente con el amor. Se esfuerza por comprender. Ama, siembra justicia.

Quien ama, se alegra en servir al otro. Ama, perdona, se solidariza (Rom. 12, 15). Confía y se fía. Quien ama siembra alegría, no llantos, corrige y a la vez, acaricia. Hace libres a los demás. Busca la felicidad del otro y comparte su pan para que el otro también coma.

No hay otro modo de demostrar el amor que con los hechos y con las obras. Y si en momentos de mi vida he fallado, he aquí la invitación a amar.

El autor es sacerdote católico.

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