Madre, ángel del amor y del dolor

Desde los días de la euforia revolucionaria del 79, que duraron muy poco tiempo, comenzaron los crímenes del partido orteguista

jóvenes, Nicaragua

CARTAS DE AMOR A NICARAGUA

Querida Nicaragua: ¿Cómo no recordar a la madre nicaragüense en estos días? El dolor y la angustia se han hecho presentes desde abril y mayo del año pasado cuando centenares de muchachos han sido asesinados por los policías y paramilitares, los enlutados pregoneros de la muerte, portando armas de guerra contra pobres gentes desarmadas que solo piden democracia y libertad para su pueblo. Son centenares de madres angustiadas preguntando por el destino de sus hijos desaparecidos, otras reclaman el derecho humano de poder ver a sus hijos detenidos y encerrados en celdas infrahumanas que son de por sí celdas de tortura.

Desde los días de la euforia revolucionaria del 79, que duraron muy poco tiempo, comenzaron los crímenes del partido orteguista. Como muestra de aquellos primeros asesinatos está el de Jorge Salazar, líder de la empresa privada y del sector campesino, sobre todo en Matagalpa. No resistieron los nueve la popularidad de Salazar y lo asesinaron en El Crucero, simulando un ataque contrarrevolucionario. El hecho fue tan notorio y repudiable que tuvieron que terminar explicándolo en una masiva concentración en la Plaza de la República con un buen discurso del comandante Jaime Wheelock. Luego se supo, por boca del mismísimo Tomás Borge, en conversación con Alfonso Robelo, que no hubo tal encuentro y que a Salazar le introdujeron armas en su vehículo.

Desde aquellos tiempos hasta hoy son incontables las muertes y daños del partido orteguista. A lo largo de los años han ido asesinando silenciosamente a muchos de sus adversarios que han considerado peligrosos, a otros más sosegados les han perdonado la vida. Pero con cada muerto hay familias enteras que han sufrido, madres adoloridas que bondadosamente han perdonado a sus verdugos, madres que han sido verdaderos ángeles del dolor y el amor y que serán premiadas por nuestro buen Dios. A mi madre no le mataron a ningún hijo, pero la atormentaron con las turbas que pasaban insultando a su hijo mayor, Heriberto, líder liberal de Nueva Segovia; confiscando la casa de su segundo hijo, José y obligándolo al exilio; persiguiendo a su tercer hijo, el suscrito, por pertenecer al MDN, el partido de Robelo. Me quitaron el pasaporte y cuando quise salir por puntos ciegos con mis compañeros Jaime Vega y Cesar Avilés nos apresaron. Pero no quiero pecar de petulante hablando de mí mismo. Fue mi madre la que sufrió en silencio.

Son ellas quienes merecen todo elogio, sobre todo las madres de ahora que tienen a sus hijos en la prisión o en el cementerio. Son ellas las heroínas de tanta tragedia y de tanta sangre derramada.

El autor fue candidato a la Presidencia de Nicaragua.

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