La historia de Carolina, la jefa trans del tranque en Diriamba

La mujer, cuyo nombre de pila es Augusto Antonio Gutiérrez Mercado, perdió tres dientes durante las torturas y golpizas realizadas en El Chipote y La Modelo

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Carolina expresa que no se arrepiente, que todos lo que apoyan esta causa política tendrán su recompensa de ver un país diferente y lo que hizo fue por amor a todos. LA PRENSA/Cortesía

Carolina es otra mujer trans que decidió unirse a la lucha cívica en abril de 2018 en Diriamba -Carazo, uno de los departamentos más golpeados de Nicaragua, durante la reciente insurrección donde el régimen orteguista levantó los tranques de protesta a fuego y bala en julio pasado.

Su nombre de pila es Augusto Antonio Gutiérrez Mercado, quien el próximo 13 de julio cumplirá 35 años y quien estuvo secuestrado desde el 9 de julio de 2018, cuando el gobierno envió a todas sus fuerzas paramilitares a “limpiar Diriamba”. El 20 de mayo fue excarcelado, después de casi 10 meses de injusta prisión y ahora está bajo la figura de convivencia familiar.

Es conocida como «sexy Carolina». Cuenta que la cárcel es lo más horrible que ha pasado en su vida. Desde la tremenda y cruel golpiza el día que lo secuestraron aún presenta secuelas dolorosas, como haber perdido dos dientes producto de esa primera golpiza, y un tercer diente que perdió durante estuvo encarcelado en La Modelo, donde uno de los custodias le “bajó” el diente con su bota.

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“Nos ponían a hacer sentadillas y nos acostaban en el piso, y solo por levantar la cabeza un poco, me dejaron ir la patada y ahí perdí mi tercer diente”, contó la presa política.

Carolina fue condenada a trece años y medio de prisión, fue acusada de terrorista, tranquera y de haber participado en la quema de las oficinas de la policía en Diriamba.

Ella no era activista, no era organizada, se dedicaba a lavar y planchar, y hasta a cocinar para sobrevivir. Le gustaba tomarse sus tragos cuando tenía algo de dinero, es una persona alegre y amistosa. Sus vecinos aseguran que no la imaginaron con tanta valentía para hacerse responsable de los tranques cercanos a su casa y barrio.

Casi pierde ojo

Esta mujer transgénero, actualmente recibe apoyo médico para recuperar sus dientes y también contemplar la posibilidad de recuperar la vista en uno de sus ojos, que producto de torturas y golpes le desprendieron la retina y casi no tiene visibilidad.

Aún con todo asegura que seguirá en pie de lucha para que se les respeten sus derechos como mujer transgénero y como ciudadana nicaragüense, vivir en un país libre de dictadura.

Noha Luz Parrales Mercado es la madre de Carolina, es de origen muy humilde y cuenta que parió ocho hijos.

“Augusto es el cuarto de mis hijos en nacer. Para mí siempre es Augusto y nunca le he llamado con otro nombre, toda la familia le llamamos por su nombre, aunque alguna gente le pone “malos nombres o apodos”, él tiene un montón. Ese de Carolina se lo puso él mismo, pero aquí para nosotros es Augusto”, explica Parrales Mercado.

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La familia de Carolina vive en una pobreza extrema. “El día que lo vinieron a llevar, le destruyeron su ranchito”, cuenta su hermana Escarleth, de 23 años. Al visualizar el “cuarto” donde habitaba Carolina, es un espacio pequeñito donde ahora está vacío, solo está el pedacito de tierra donde cuentan hubo un ranchito forrado con plástico negro que fue destruido por paramilitares el día que lo llegaron a secuestrar.

“Yo sufría mucho cuando lo miraba en los tranques, a veces lo dejaban solo cuidándolo. No tenían armas, y Carolina solo andaba un machete y un cuaderno donde anotaba a todo el que quería pasar por el tranque, y eso no le gustaba a muchos. A Carolina la llegaron a sacar a patadas, le dieron una tremenda golpiza, lo llevaron al parque y ahí lo siguieron masacrando”, expresó su mamá.

Después del secuestro, «sexy Carolina» pasó desaparecida por un mes y fue vista por su familia en el Chipote, celdas de tortura en Managua.“Hasta un mes después logramos verlo, y todavía estaba desfigurado por la golpiza”, expresa Escarleth. Ella fue torturada – según contó a su mamá – , «se burlaban de él por ser cómo es”. La misma policía llegó a decir a su casa que agradeciera que no lo habían matado. “Que ese cochón hijueputa les había quemado la policía junto a otros golpistas, que muerto debería estar”.

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Carolina expresa que no se arrepiente, que todos lo que apoyan esta causa política tendrán su recompensa de ver un país diferente y lo que hizo fue por amor a todos.