Nayib Bukele

Bukele tiene la oportunidad de no perder el tiempo luchando contra su propio partido político que lo llevó al poder porque no tienen pasado, y puede ser el momento que El Salvador comience a salir de la pobreza

Cuando el nuevo presidente de El Salvador, Nayib Bukele, asumió la Presidencia, lo primero que hizo fue ordenar a las Fuerzas Armadas retirar de un cuartel el nombre de Domingo Monterrosa, por ser el responsable de una masacre espantosa en Mozonte, un caserío al este de El Salvador,

El Frente Farabundo Martí para la Liberación Nacional (FMLN), durante los diez años que permaneció en el poder no tuvo el coraje para ordenar al Ejército lo que hizo Bukele. A lo único que se limitó fue pedir al Ejército revisar a sus héroes a través del expresidente Mauricio Funes, actualmente asilado en Managua. El argumento para ello fue que el Ejército podía dar golpe de Estado y la desestabilización del país.

Algo parecido sucedió en Nicaragua en 1990, cuando el entonces jefe del Ejército se negó a dejar el cargo bajo el argumento que si lo quitaban el pueblo se iba a levantar en una guerra civil y que él no se hacía responsable por lo que ocurriese, lo demás es historia.

Bukele tiene la oportunidad de no perder el tiempo luchando contra su propio partido político que lo llevó al poder porque no tienen pasado, y puede ser el momento que El Salvador comience a salir de la pobreza, país que sus mandatarios cuando entregan el poder tienen que huir de la justicia por actos de corrupción.

Bukele brindó una buena noticia en sus declaraciones de que no apoyaría a las dictaduras de Nicaragua y Venezuela. Por el momento eso nos brinda esperanza de que contaremos con ese voto en contra del dictador en los foros internacionales. No queremos sorpresa como la de López Obrador. Si Bukele sale diciendo que se ofrece como mediador y facilitador del diálogo, sería catastrófico.

Si Bukele condenó el genocidio en su país debe saber muy bien que en Nicaragua el Grupo Interdisciplinario de Expertos Independientes (GIEI) de la Organización de Estados Americanos (OEA) determinó que en las protestas del pueblo nicaragüense estas fueron reprimidas de manera salvaje, utilizando armas de guerra de distintos calibres y el GIEI comprobó que se cometieron crímenes de lesa humanidad y que el pueblo está luchando cívicamente para que los culpables sean castigados conforme al derecho internacional. También Nicaragua cuenta con el voto de Venezuela, o sea que la dictadura perdió dos aliados y el pueblo los ganó.

En una democracia como la de El Salvador (porque aun perdiendo las elecciones y siendo un partido revolucionario el FMLN respetó el proceso democrático), los guerrilleros estando diez años en el poder no solicitaron mercenarios a Cuba para intimidar al pueblo. Eso no se podía porque el Ejército no lo iba a aceptar.

El autor es analista político.

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