Gran triunfo de la libertad

Ortega es un experimentado estratega político y comprendió que debía dejar en libertad a los presos políticos, como una ofrenda a la comunidad internacional para que no le apliquen las sanciones

Una mala consejera, Nicaragua

Miguel de Cervantes escribió en el comienzo del capítulo 58 de su magna obra, Don Quijote de la Mancha, que la libertad es el más precioso don de los cielos a las personas y, por el contrario, el cautiverio es el mayor de sus males.

La certeza de las palabras cervantinas se ha podido confirmar una vez más en Nicaragua, con la inmensa alegría que ha causado la liberación de los presos políticos, incluyendo a los líderes más representativos, alegría que a nuestro juicio solo podrá ser superada con la que sentirá y demostrará la mayoría de los nicaragüenses cuando desaparezca la dictadura.

En sentido contrario, la frustración y amargura de los fanáticos orteguistas por la libertad de los presos políticos solo ha sido menor que la que sentirán cuando la dictadura llegue a su fin.
La liberación de los presos políticos es, sin dudas de ninguna clase, una clara derrota de la dictadura. A pesar de que se dice de la amnistía dictada por el régimen orteguista que su objetivo es autoamnistiarse, darse impunidad a él mismo, evadir el castigo de la justicia por los crímenes cometidos en la represión contra el pueblo sublevado sin armas, la verdad es que ha sido el instrumento propicio para lograr la libertad de todos los presos políticos y exhibir las debilidades de la dictadura .

Los presos políticos eran el trofeo que exhibía la dictadura por su pretendida victoria sobre la rebelión pacífica de los ciudadanos, calificados por el orteguismo como golpistas y terroristas. Para el gusto del orteguismo los presos políticos no debían salir jamás de la cárcel. Por eso condenó a algunos de los prisioneros más representativos a desmesurados castigos de hasta 216 años de prisión.

Por eso los carceleros verdugos sometían a los prisioneros a sádicas torturas y maltratos inhumanos. Y por eso, fanáticos orteguistas han dado rienda suelta a su frustración agrediendo cobardemente a la familia de la emblemática presa política liberada, Irlanda Jerez.

Ortega es un experimentado estratega político y comprendió que debía dejar en libertad a los presos políticos, como una ofrenda a la comunidad internacional para que no le apliquen las sanciones acordadas y las pendientes de aprobar. Esto no lo entienden los fanáticos orteguistas, a quienes les han inculcado odio a los adversarios y les han dicho que para seguir en el poder pueden hacer lo que quieran.

Pero en este caso tendrán que tragarse la amargura de la derrota. Además, la gran victoria de la oposición que representa la liberación de los presos políticos, ha demostrado la eficacia de la combinación de la lucha cívica interna con las presiones internacionales, a fin de avanzar sobre la vía cívica –lo que no quiere decir sin costos ni sacrificios— hacia el objetivo de restablecer la democracia y lograr la justicia.

La liberación de los presos políticos es un aliciente poderoso para demandar con más fuerza en las negociaciones políticas internas —con el apoyo de las presiones diplomáticas y políticas externas—, la celebración de elecciones adelantadas, auténticas, libres, transparentes, inclusivas y vigiladas internacionalmente.

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