Régimen suelta a presos políticos, pero bajo asedio y amenazas

En medio del bullicio y la emoción, los reos hablaron con los medios de comunicación: nada de arrepentimientos y culpabilidades, todos orgullosos de sus meses de encierro y torturas, y otra vez, dispuestos a mantener sus principios y demandas sociales

Amaya Coopens, presos políticos, Nicaragua

La dirigente estudiantil Eva Amaya Coppens, siempre sonriendo y aun con su traje azul de presa, muestra su bandera azul y blanco en señal de protesta. LA PRENSA/W. ARAGON

Fue un amanecer histórico este 11 de junio de 2019. La emoción se apoderó sorpresivamente de Nicaragua cuando apenas amanecía: la noticia de la liberación de 56 reos políticos se propagó más rápido que la luz del sol, despejando las tinieblas de la dictadura. Y así comenzó un largo y emotivo día de abrazos, llanto, baile, risas y cantos por un lado, mientras que rabia, frustración y odio emanaban por otros lados.

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Noticias desde las 4:30 a.m.

Desde que empezaron a propagarse las primeras noticias en redes sociales, aproximadamente a las 4:30 de la madrugada, un torbellino de imágenes, videos y mensajes saturó las redes sociales y los medios digitales de Nicaragua durante el día.

En uno de los primeros videos, viralizado en Twitter y Facebook, se ven los rostros de decenas de líderes sociales que se volvieron símbolos de las protestas sociales, gritando “¡Nicaragua!” y consignas a bordo de un microbús blanco con emblema de la Cruz Roja.

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Pronto las noticias daban detalles de los liberados: los periodistas Miguel Mora y Lucía Pineda Ubau; los estudiantes Edwin Carcache, Amaya Coppens, Byron Estrada y Nahiroby Olivas; los líderes campesinos Medardo Mairena y Pedro Mena; las jóvenes costeños Brandon y Glenn, acusados de la muerte del periodista Ángel Gahona; la dirigente de los comerciantes Irlanda Jerez y hasta el rostro de Christian Mendoza, alias Viper… 56 nombres y rostros cuyas historias son públicas, dolorosas y conocidas desde abril de 2018.

Pronto las noticias salieron del país y llegaron a voces que, desde hace un año, vienen demandando las libertades confiscadas en Nicaragua: Organización de Estados Americanos, Comisión Interamericana de Derechos Humanos, Oficina del Alto Comisionado de Naciones Unidas para los Derechos Humanos, embajadores, presidentes de otros países, activistas internacionales de derechos humanos, congresistas, políticos, celebrando la libertad de los reos políticos y llamando al régimen orteguista a cumplir con las otras libertades, coartadas a fuego y sangre.

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La liberación activó la chispa del reclamo social contra la dictadura y se realizaron pitazos en las calles, plantones afuera de empresas privadas y universidades, pintas y consignas en las ciudades.

También hubo conferencia de prensa de la Alianza Cívica demandando la liberación de 89 presos políticos y de la Comisión Permanente de Derechos Humanos, donde los reos recién liberados daban testimonios de los oscuros y tenebrosos días encerrados en las cárceles orteguistas.

Recibidos con plantones

Cada recibimiento de un reo liberado, en sus distintas comunidades, tuvo un sabor a protesta social: las banderas azul y blanco, criminalizadas por la Policía Orteguista, salieron a ondear sin miedo, junto a consignas, bailes, discursos, abrazos, risas y llantos.

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Especialmente emotivo fue el recibimiento del dirigente de Masaya Yubrank Suazo, a quien sus vecinos, familias y amigos recibieron con marimbas y chicheros, bailando en la calle y hasta zangoloteando una imagen diminuta de San Jerónimo, patrono de Masaya.

En medio del bullicio y la emoción, los reos se daban un tiempito para hablar con los medios de comunicación: nada de arrepentimientos y culpabilidades, todos orgullosos de sus meses de encierro y torturas, y otra vez, dispuestos a mantener sus principios y demandas sociales.

Miguel Mora, por ejemplo, y Lucía Pineda, los símbolos de la represión orteguista contra los medios de comunicación y el periodismo independiente, volvieron a hablar y anunciar que seguirán informando y haciendo periodismo.

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Olesia Muñoz, la soprano católica de quien conocíamos referencias sobre sus bellos cantos religiosos en prisión, apenas llegó al atrio de la Catedral Metropolitana en su primer día de libertad entonó con pasión un Ave María melancólico, como aquel que muchos reos escuchaban en las oscuras celdas del centro de torturas el Chipote.

Y quieren seguir gobernando

La liberación de los 56 reos políticos no solo despertó la alegría y la emoción en la mayoría de nicaragüenses, sino también la rabia, la frustración y el asedio de los fanáticos de la dictadura, quienes después de horas sin pronunciarse en redes, desconcertados por la sorpresiva noticia, comenzaron una campaña de amenazas de muerte en redes sociales, como las de Carlos Fonseca Terán, hijo de un “héroe sandinista”, quien amenaza a los reos con recapturarlos para podrirse en las cárceles o descuartizarlos con “cortes de chaleco”. En la mañana, en Managua, paramilitares enmascarados llegaron a la vivienda de la activista Irlanda Jerez a destruir los enseres, a golpear a su pareja y saquear la vivienda. De igual manera los llamados “sapos” (seguidores del régimen en las comunidades) salían a tomar fotos y videos de los recibimientos, mientras policías armados y motorizados se apostaban frente a las casas de los recién liberados.

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