El Presidente que necesitamos

Establecer que aquí el pueblo elige al presidente es un falso positivo, lo que es cierto, es que desde las elecciones del 2006 el país viene dando traspiés políticos, porque la manipulación del pueblo desinformado incide en contra de la competitividad objetiva en la política

Establecer que aquí el pueblo elige al presidente es un falso positivo, lo que es cierto, es que desde las elecciones del 2006 el país viene dando traspiés políticos, porque la manipulación del pueblo desinformado incide en contra de la competitividad objetiva en la política.

Algunos partidos políticos basan sus victorias en su capacidad económica, descuidando la calidad de sus candidatos, vendiendo a través de costosas campañas al “ungido” como un producto de cualidades y calidades que a la postre no responden al precio que ha pagado el pueblo. Medios de comunicación la mayoría parcializados a un partido no contribuyen a un periodismo informativo neutro, y las redes sociales, lejos de contribuir a la objetividad y la expresión de las aspiraciones de la ciudadanía, son el campo perfecto para el bullying verbal, atacándose e injuriándose entre unos y otros, desinformando a la ciudadanía.

En ese laberinto de mentises, ataques y contradicciones el tiempo avanza, pero es necesario que el pueblo demandando elecciones, pueda abrir su mente, sabiendo que no todo lo que brilla es oro, y no todo lo que se dice es verdad o mentira. La desinformación y la manipulación propagandística exponen a los ciudadanos a creer en candidatos milagrosos o en la falsedad que denigra a otros, igual que en el mercado, se busca hundir al producto que busca surgir. En política, no hay campañas limpias, y estarán a la orden las zancadillas y las tácticas divisorias con el desparramo de rumores falsos en contra de unos y cruzadas a favor de otros. El punto aquí es proveer a los ciudadanos de un mecanismo que les permita asegurar un mínimo de estándares para cualquiera que sea su elección.

Por eso hay que exigir que la reforma de la Ley Electoral inserte las cualidades, calidades, habilidades y competencias que los candidatos a la Presidencia deben cumplir antes de ser seleccionados en sus partidos políticos, para responder a los desafíos para gobernar, respetando la dignidad de Nicaragua. Si para salvar nuestra vida o la de un hijo, queremos al cirujano que nos da más confianza por estar en el catálogo de los mejores, pues igual, cuando se trata de salvar la vida de la República, cada nicaragüense debe exigir al mejor, para después no llorar más lutos.

Recientemente un sacerdote explicaba en su homilía con palabras exactas: “…no se puede sacar del cajón de la basura a los candidatos…”, pues sí, busquemos entre lo mejor de lo mejor, al más honesto, al más probo, al que no miente, al más apto, al mejor formado… candidatos idóneos que respondan a los valores y principios que Nicaragua está demandando.
Por lo tanto, propongo que el próximo candidato a Presidente de Nicaragua debe como mínimo:

• Tener una trayectoria moral intachable e historial de transparencia. Eso le dará fuerza para detener los malos hábitos que inducen a la corrupción de los gobernantes (sobornos, discrecionalidad, populismo).

• Contar con la capacidad humanística, el intelecto, la madurez y experiencia profesional para trabajar con acierto y responsabilidad la articulación del desarrollo social, económico y ambiental del país. Eso le dará la sensatez y capacidad para debatir con sus asesores, y administrar su gabinete con firmeza y productividad.

• Haber aportado resultados como ciudadano en el entorno nacional, preocupándose por las afectaciones en los diferentes sectores, en especial a las etnias y los grupos más vulnerables. Eso le favorecerá para permanecer cerca del pueblo y atender sus demandas a tiempo para evitar conflictos innecesarios.

• Tener antecedentes de tolerancia con la diversidad de opiniones y pensamientos políticos, y de aceptación que las minorías cuentan. Esto le empujará a ser un “estadista”, por encima de los diferentes partidos y organizaciones políticas, para concentrarse en su principal responsabilidad como Presidente de la República, que debe ser el bien común.

La autora es diputada nacional liberal.

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