«Taparon (la tubería) para que nos llenáramos de heces fecales». El relato del exmilitar Rogelio Gámez, preso político liberado en Matagalpa

"Debo decir que, sin la ayuda de los reos comunes, nuestra permanencia en esa cárcel hubiera sido más que un infierno”, sostiene el preso político liberado.

Rogelio Gámez, preso político de Matagalpa. LAPRENSA/L. E. Martínez

“Nachito”, como le dicen a Rogelio José Gámez Martínez —por el seudónimo que usó en sus tiempos de militar en la década de los años 80— fue uno de los cinco presos políticos matagalpinos excarcelados el martes 11 de junio. Antes de las 7:00 a.m., un nutrido grupo de familiares, vecinos y amigos le dio la bienvenida, entre abrazos y llantos de alegría.

En pocos minutos, con un familiar que lo llevó en un vehículo, cruzó toda la ciudad de Matagalpa, desde el noreste hasta el suroeste, para ir a ver a su hijo de 15 años que había ido a clases sin saber que su padre sería excarcelado. “Se me salieron las lágrimas, casi se me para el corazón al abrazar al flaco”, cuenta Gámez y, fue tanta su emoción que no se percató que el adolescente también lloró de alegría.

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Fueron minutos de mucha emotividad en el centro escolar. Gámez regresó a su casa y más personas le esperaban para saludarlo y “no tengo palabras para expresar la alegría que sentí al ver a la gente que me estaba esperando en el barrio”, admite.

Rogelio Gámez Martínez —con una foto de Eddy Montes, el reo político asesinado en La Modelo— fue recibido por familiares y amigos en Matagalpa. LA PRENSA | LUIS EDUARDO MARTÍNEZ M.

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Sin embargo, este exmiembro del Ejército Popular Sandinista durante el primer régimen de Daniel Ortega en los 80, dice estar en desacuerdo con la Ley de Amnistía, por la que habría sido excarcelado, pues afirma que esa ley “lo que hace nada más y nada menos es cubrir y dejar en la impunidad todos los vejámenes y crímenes y asesinatos que cometieron contra el pueblo de Nicaragua”.

Ingresó a la guerrilla a los 13 años

“Nachito” se integró a la guerrilla del Frente Sandinista cuando apenas tenía 13 años, en 1978, para “luchar en contra de una de las dinastías más crueles en ese momento de América Latina, para darme cuenta que, 40 años después, encontramos una dictadura que supera prácticamente a (Alfredo) Stroessner, a (Jorge Rafael) Videla y a cualquier régimen que haya tenido América Latina, porque ninguno ha asesinado a tantas personas en tan poco tiempo como lo hizo este gobierno”.

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Todavía gobernaba Ortega, en 1988, cuando Gámez se retiró del Ejército para reinsertarse a la vida civil como un líder en el actual barrio Las Marías, en Matagalpa.

Gámez admite que el año pasado, junto a miles de personas en Matagalpa, se sumó a las distintas marchas protestando en contra del régimen de Ortega. Pero, lo detuvieron el 11 de agosto de 2018, vinculándolo con el asesinato de Lenín Díaz Mendiola, ocurrido ese día, cuando una marcha fue atacada por orteguistas cerca de la Alcaldía de Matagalpa.

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“Me capturan y me vinculan al hecho de haber disparado a alguien, cosa que no hice, porque yo renuncié a las armas en 1988. Y me asusta que, cuando estamos en los juzgados, los peritos dicen que nos hicieron pruebas de parafina y que encontraron residuos de pólvora industrial, después de 30 años que yo disparé un arma”, relata Gámez.

Abdul Montoya Vivas, Omar Avilés Rocha, John Amort y Noel Valdez Rodríguez, excarcelados también el 11 de junio, habían sido condenados junto a Gámez por supuestos delitos relacionados con el asesinato de Díaz Mendiola. “Fue un juicio inquisitivo, sin derecho a defensa”, dice “Nachito”.

Las cárceles

Bajo supuesta investigación, Gámez fue llevado primero a las celdas policiales de El Chipote. “Para mí fue duro allí, pero fue más duro en la cárcel de máxima seguridad en La Modelo… debo decir que, sin la ayuda de los reos comunes, nuestra permanencia en esa cárcel hubiera sido más que un infierno”, sostiene.

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El 31 de agosto, cuando fue trasladado de El Chipote a La Modelo, “un funcionario de alto rango, dirigiéndose a nosotros dijo: ‘Abdul Montoya, Rogelio Gámez, ya sabemos y conocemos la capacidad de ustedes, pórtense bien para que no tengan problemas’. De entrada, nos amenazaron. Estuvimos juntos (con Montoya) 9 días en la celda de castigo 004, pero después nos separaron en las celdas de máxima seguridad y todos los exmilitares tuvimos tratos distintos”, dice Gámez.

Gámez estuvo recluido en la llamada línea amarilla, donde “se supone que están los que van a ser ejecutados o torturados a medianoche y, como yo sabía lo que significa la línea amarilla, me sentí hombre muerto (…) Creo que fue como una forma de castigo quizá, por haber participado en las marchas”.

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“En la línea amarilla, pasamos 17 días en la celda 26 llena de mierda, ¡literal! Y nosotros decíamos: ‘se taquearon las tuberías, estamos llenos de mierda’ y así comíamos, y los funcionarios no nos hacían caso y de repente desapareció eso, entonces creo que taparon (la tubería) para que nos llenáramos de heces fecales. 17 días, fuimos los únicos y de Matagalpa fui el único que pasé por eso”, agrega el exmilitar.

Los negaban

“Nachito” cuenta además que “entramos allí el 31 de agosto y hasta el 15 de octubre permitieron que nuestras familias supieran, porque negaban que estuviéramos allí. Mis tratamientos para la presión y el glaucoma no lo dejaban entrar y en el caso de la presión hasta el 15 de enero me comenzaron a dar la medicina que me llevaban de aquí… Mi señora me llevó una inyección y casi a los meses me la pusieron”.

Aunque después le permitían recibir alimentos de parte de su familia, las revisiones a los paquetes eran extremas al punto que le pulverizaban las galletas, el pan y otros productos. El cepillo dental le era cortado de manera que solo pudiera usar la parte donde están los filamentos de limpieza y la pasta solo se la permitían en bolsa de plástico.

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“Nunca imaginé que existiera tanta crueldad en este sistema represivo”, expone Gámez, explicando que “los jóvenes fueron en quienes más se ensañaron”.

El 16 de mayo recién pasado, cuando fue asesinado el preso político Eddy Montes Praslín, de origen matagalpino, “Nachito” seguía en las celdas de la línea amarilla, a más de 120 metros. “No pude verlo, pero sí miré cuando pasaron más de 300 guardias con perros y le cayeron con todo a los jóvenes”.

“En ningún momento he sido traidor”

Gámez cree que los castigos a los que fue sometido obedecen a que participó en las marchas en Matagalpa, y no porque en el oficialismo lo consideren “traidor”.

“En ningún momento he sido traidor. Yo comulgo con las ideas sandinistas, no con ese híbrido de orteguismo murillismo que no tiene nada que ver con el sandinismo. Yo estuve en la escuela sandinista y difiere demasiado con lo que se ve ahora con ese partido que está en el gobierno. Me detienen por querer una Nicaragua mejor, por querer democracia y porque supuestamente soy uno de los líderes, pero no soy líder de nada… soy un marchista más”, apunta con firmeza, reiterando que perdió vínculos con el Frente Sandinista desde 1988.

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Gámez menciona también que las violaciones a los derechos humanos en la cárcel son también contra los reos comunes “sin importar que sean ecuatorianos, hondureños… Es una obligación de la sociedad civil, del pueblo, exigir que se revisen los casos de los reos que purgan condenas injustamente”.

Insiste además en que la Ley de amnistía “protege a los que asesinaron al pueblo… lo que hizo la Policía queda en la impunidad. Pero, repito, nosotros queremos la paz, pero con justicia”.

 

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